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domingo, 21 de agosto de 2016

Técnicas de respiración.

La respiración es un proceso esencial en la regulación de la actividad metabólica del organismo. 








La frecuencia de los movimientos respiratorios de inspiración y espiración constituye el ritmo respiratorio. El ritmo en la actividad respiratoria y el volumen de la misma dependen de la actividad del organismo y hay numerosos factores que pueden modificarlo pues se trata de un mecanismo auto-regulatorio que, por tanto, varía en función de las necesidades fisiológicas del individuo y del propio estado emocional.


Las técnicas de control de la respiración

Las técnicas de control de la respiración constituyen el procedimiento más antiguo conocido para reducir los niveles de activación. Sus orígenes se sitúan en oriente y en la India donde las prácticas de la meditación incluyen como elemento esencial pautas respiratorias reguladas conocidas como pranayamasSe trata de que la persona aprenda el control voluntario de su respiración, de forma que lo pueda aplicar en las situaciones donde la respiración se encuentra alterada. Al conseguir una respiración diafragmática y un ritmo respiratorio lento se reduce la actividad fisiológica y psicológica, suscitándose una sensación generalizada de tranquilidad y bienestar (Speads, 1988).



Mecanismos auto-regulatorios

Existen una serie de mecanismos auto-regulatorios de la respiración, es decir, medidas de emergencia de carácter reflejo que permiten suministrar al organismo el aporte de oxígeno necesario cuando hay un incremento de la demanda, y el patrón respiratorio anterior se hace deficiente para esas necesidades. A partir de estos signos se puede intencionalmente favorecer la recuperación de un patrón adecuado mediante las técnicas concretas diseñadas para este fin (Speads,1988)Los mecanismos auto-regulatorios más comunes son los siguientes (Chóliz, 1998; Lodes,1990):

Bostezos: se producen por una contracción profunda del diafragma que da lugar a un intercambio masivo de aire. Suelen aparecer después de un periodo de respiración superficial o bien en los casos en los que se aporta menos oxígeno del que se necesita, por ejemplo, cuando se está cansado. Con la inhalación masiva de aire, el bostezo equilibra, la eficacia respiratoria.

Elevación involuntaria de hombros y omóplato. Permite el ensanchamiento de la caja torácica, facilitando cualquier ejercicio de inspiración.

Suspiros. Se trata de una inhalación lenta y silenciosa seguida de una exhalación repentina y ruidosa. También va precedido de un patrón deficiente de respiración.

Estiramientos. Facilitan los movimientos de ensanchamiento necesarios para una profunda ventilación y evitan la disminución del tono muscular que induce una respiración cada vez más superficial.




Tipos de respiración

Teniendo en cuenta la musculatura implicada y las zonas donde se concentra el aire inspirado se suele distinguir entre tres tipos de respiración: 

Respiración costal. La respiración costal superior o clavicular es el patrón respiratorio más superficial, si bien es el más frecuente, a la vez que el menos saludable. La mayor parte del aire se concentra en la zona superior de la caja torácica, por lo que no llega a producirse una ventilación completa y gran parte de los músculos de la respiración (especialmente el diafragma) permanecen con baja actividad.

Respiración diafragmática. Se produce gran movilidad de las costillas inferiores y la parte superior del abdomen. El diafragma participa activamente. Se trata del tipo de respiración fisiológicamente más adecuado.

Respiración abdominal. El tórax permanece inmóvil y es el abdomen el que demuestra una extraordinaria movilidad.



Algunos ejercicios de respiración

Respiración profunda. Se trata de un ejercicio útil para la reducción del nivel de activación general. Las indicaciones son las siguientes:

  • Sentarse cómodamente, colocar la mano izquierda sobre el abdomen y la derecha sobre la izquierda.
  • Imaginar una bolsa vacía dentro del abdomen, debajo de donde apoyan las manos.
  • Comenzar a respirar y notar cómo se va llenando de aire la bolsa y cómo la onda asciende hasta los hombros. Inspirar durante 3-5 segundos.
  • Mantener la respiración. Repetirse interiormente “mi cuerpo está relajado”
  • Exhalar el aire despacio, al mismo tiempo que uno mismo se da indicaciones o sugestiones de relajación.

El entrenamiento mediante este ejercicio consiste, en general, en realizar 4 o 5 ejercicios de respiración seguidos y repetir los ejercicios entre diez y quince veces al día, por la mañana, tarde, noche, y especialmente en situaciones estresantes.

Respiración contada. Consiste en entrenar una respiración diafragmática, dirigiendo el aire a la parte inferior de las costillas y, a medida que se inspira, se da la indicación de pensar en una palabra (e.g. calma) y en otra al espirar (e.g. relax). Se recomienda hacerlo diez veces seguidas y repetir el ejercicio unas veinte veces.

Respiración abdominal. Se trata de entrenar la respiración moviendo únicamente el abdomen intentando que permanezca inmóvil la musculatura torácica y clavicular.

Respiración intercostal o media. En este caso el objetivo es dirigir el aire hacia la zona media del tórax, hacia los costados, para favorecer la movilidad de la musculatura intercostal y del tórax.

Respiración alternada. La práctica concreta de este ejercicio respiratorio implica:
  • Utilizar una posición cómoda y relajada.
  • Colocar el dedo pulgar en la ventana nasal derecha y los dedos anular y medio en la izquierda.
  • Ocluir la ventana derecha con el pulgar e inspirar con la izquierda lenta y tranquilamente.
  • Separar el pulgar y ocluir con los otros dedos la ventana izquierda.
  • Espirar por la ventana derecha.
  • Mantener el aliento un instante e inspirar por la derecha, manteniendo cerrada la izquierda. Cuando se desee espirar debe hacerse por la izquierda.


Ejercicios cotidianos

Además de los ejercicios anteriores que se practican en las sesiones de entrenamiento, se pueden realizar otros ejercicios respiratorios durante la jornada sin necesidad de incluirlos en sesiones estructuradas (Chóliz, 1998), pues además de producir una respuesta automática auto-regulatoria permiten aumentar la conciencia respiratoria y cambiar pautas perjudiciales. Algunos de los más característicos son los siguientes:
  • En posición sentada, dejar que la respiración fluya y notar qué cavidades llena.
  • Tirarse de la nariz, abrirse las fosas nasales a la vez que se inspira.
  • Oler, inspirar olisqueando.
  • Realizar ejercicios para bostezar (e.g. estirarse, abrir la boca, castañetear, mover la mandíbula inferior, etc.).
  • Realizar ejercicios para suspirar, como por ejemplo suspirar a la vez que inclinamos el cuerpo hacia adelante soltando el aire.


El entrenamiento en Relajación Progresiva se ha empleado en el tratamiento de problemas psicofisiológicos y, en el caso de los niños, ha demostrado su utilidad sobre todo en el tratamiento de la hiperactividad y en la mejora del aprendizaje y rendimiento académico.


Fuentes de Información: 

Mª ÁNGELES RUIZ FERNÁNDEZ, MARTA ISABEL DÍAZ GARCÍA y ARABELLA VILLALOBOS CRESPO. Manual de Técnicas de Intervención Cognitivo Conductuales, Ed. Desclée De Brouwer, UNED. Tercera Edición 2013.
ISBN: 978-84-330-2535-7


Se citan en el manual: 

- Speads, C.H. (1988): ABC de la respiración. Madrid: EDAF.
- Chóliz, M. (1998). Técnicas para el control de la activación. Relajación y Respiración. Facultad de Psicología Universidad de Valencia (www.uv.es/= choliz).
- Lodes, H. (1990): Aprende a respirar. Barcelona: Integral.





martes, 12 de junio de 2012

El circuito de control cognitivo-emocional del adolescente.

Los correlatos neuronales del control cognitivo se desarrollan fundamentalmente de forma lineal de la infancia a la edad adulta, mientras que los correlatos de la motivación y la emoción tienen un patrón de desarrollo cambiable según las experiencias. Depende de las hormonas y éstas modifican el cerebro de forma distinta según la edad en que se realiza la exposición. Los datos sugieren una función importante de las hormonas en el procesamiento de las emociones y las relaciones sociales (Blaquemore, 2010), en la maduración del cerebro social.






Adolescente

En el cerebro adolescente la región emocional se activa mas.  

 
                                                                                    
Adulto
En contraste, en adultos la razón y el juicio se activan mayormente.





- Deborah Yerglund-Todd


Todo ser humano tiene dos formas de pensar y razonar: un componente analítico, deliberativo y un componente emotivo, intuitivo. Son dos diferentes modos del razonamiento que no sólo no son mutuamente exclusivos, sino que han de cooperar al mismo tiempo en la misma persona, integrados en el circuito de control afectivo-cognitivo. Sólo así se alcanza la madurez personal. Cada uno de ellos es predominante en diferentes etapas del desarrollo humano normal, que parte de la infancia, pasa por la adolescencia y continúa a lo largo de la vida adulta.

Durante tiempo se ha considerado que para que los adolescentes lleguen a ser "razonables" hay que enseñarles a razonar analítica y fríamente. Los estudios del equipo de Valerie Reyna (Reyna, 2008; Brainerd, 2008) les han permitido afirmar que en la infancia hay menos intuición, de la que se creía. Por el contrario predomina durante la infancia y adolescencia el razonamiento de repetición literal; es el enfoque analítico, que se basa en conocimientos de detalles recopilados mediante ejercicios rutinarios, y la memorización de hechos. El segundo estilo de razonamiento aparece más tarde con la madurez personal, se produce de forma inconsciente y depende sobre todo de la intuición que permite el entrar rápidamente al meollo de las cuestiones por despreciar los detalles que apartan del núcleo. Filtra lo esencial para poder tomar decisiones, a través de la propia experiencia, las emociones, y la concepción del mundo y la educación.

Esto explica la frecuencia de las conductas de riesgo de algunos adolescentes. Cuando una situación entraña riesgos para la salud o la vida las personas maduras no se ponen a deliberar sobre el grado de riesgo y la magnitud de los beneficios. Deciden con rapidez. En cambio, los adolescentes ante casos similares tardan más tiempo en llegar a la conclusión, y se enrolan en apuestas a la ruleta rusa, o conducir en dirección contraria, etc. Y esto no porque se consideren invulnerables, sino porque no tienen ajustados los sistemas de recompensa y por ello al tomar decisiones tienden a conceder más peso a los beneficios que a los riesgos.

Es lo que han puesto de manifiesto los estudios neurobiológicos:

a) durante la pubertad hay una gran respuesta emocional (Silk, 2009);

b) la capacidad de dilatar la gratificación a favor de una recompensa a largo plazo es la clave del desarrollo del comportamiento (Steinberg, 2009) y en la adolescencia existe una mayor susceptibilidad a la tentación de buscar recompensa inmediata;

c) una gran influencia de la motivación en el conocimiento (Somerville, 2010).

Estas características del comportamiento tienen como correlato neural circuitos del área del estriado ventral, del complejo amigdalino (Ernst, 2005 y 2006) del sistema límbico; y están regulados por la corteza prefrontal (Hare, 2005 y 2008). Múltiples estudios ponen en evidencia que ambas áreas del sistema límbico, además del hipotálamo e hipocampo, son moduladas por las hormonas gonadales (Cooke, 2005; Mueller, 2009).

Este pobre control cognitivo en la adolescencia coincide precisamente con el momento en que se producen las elecciones menos acertadas como sexualidad precoz y dependencia de drogas (Case, 2008; Eaton, 2008; Spear, 2000; Windle, 2008). Y tales experiencias tempranas atípicas inciden en el normal desarrollo funcional de los circuitos funcionales, conduciendo a un trastorno del equilibrio de maduración del cerebro. Justamente en esta etapa de la vida a medida que se va desarrollando la corteza cerebral, las experiencias de vida fortalecen las conexiones funcionales con la corteza y suponen un mecanismo de regulación hacia el sistema límbico (Hare, 2008).

En conclusión, el comportamiento del adolescente puede ser visto como una inestabilidad, una falta de equilibrio entre la maduración de las áreas subcorticales límbicas, sensibles a las hormonas, y la maduración de la corteza frontal que regula y controla las respuestas emocionales, de forma dependiente de la edad.

El desarrollo del circuito de control cognitivo-emocional cambia, o se refuerza, con el impacto de las experiencias relativas a diferentes personas y situaciones y que indudablemente contribuyen a cómo cada uno estabiliza su cerebro social.


 Por: Aránzazu Ibáñez


 Fuente de información:
Natalia López Moratalla
Neurobiología de la Adolescencia. El control del Circuito Afectivo-Cognitivo.
CLÍNICA Y ANÁLISIS GRUPAL Nº1 ENERO/ JULIO

jueves, 26 de abril de 2012

Estados emocionales cotidianos manifestados por adolescentes


La adolescencia ha sido considerada desde antiguo como una etapa de crecimiento emocional. Aristóteles describió a los jóvenes como seres "apasionados, irascibles, y propensos a dejarse llevar por sus impulsos" (citado por Fox, 1977). G. Stanley Hall escribió que "es un impulso natural propio de los adolescentes el experimentar estados vehementes y ardientes" (1904, Vol. 2, pág. 74-75). Descripciones similares de la veleidad o emotividad adolescente han sido formuladas por psicólogos sociales (Becker, 1964; Lewin, 1938), antropólogos (Benedict, 1938; Mead, 1928), psicoanalistas (Blos, 1961; Freud, 1937), novelistas (Spacks, 1981), y profesionales de la educación en las etapas elemental y de bachillerato (Eichhom, 1980). Laypersons (en una entrevista que le hicieron), Hess and Coldblatt (1957) y Musgrove (1963) también emplearon términos tales como "repulsivo", "inestable," y "violento" para describir al "arquetipo adolescente".

La hipótesis subyacente es que los adolescentes, probablemente a causa de los cambios fisiológicos, psicológicos y sociales que sufren en este periodo de edad, experimentan situaciones emocionales más extremas, sujetas a cambios más rápidos y que resultan menos predecibles que las experimentadas en las fases anteriores o posteriores de su desarrollo.

Para evaluar la hipótesis de si los adolescentes son emocionalmente menos estables que los preadolescentes, en un estudio se examinó los informes de un muestreo temporal realizado sobre menores cuyas edades estaban comprendidas entre los 9 y 15 años, en donde estos describían los estados emocionales experimentados en su vida diaria.

El grado de oportunidad para esta investigación era de tipo fenomenológico; estaban interesados en conocer la gama de estados emocionales que, en cada momento, niños y adolescentes, se atribuyen a sí mismos desde su "propia esfera consciente" (Harris & Olthos 1982).

Debe diferenciarse la hipótesis de la emotividad adolescente de la más amplia que afirma que la adolescencia es un periodo de inquietud o de "turbulencia y estrés," un punto de vista que hace ya tiempo que no goza de general aceptación (Adelsen, 1979; Petersen, 1988; Strober, 1986).

La teoría de la confusión afirma que la emotividad forma parte integrante del normal y hasta deseable desorden y cambio en la personalidad, característicos de la condición adolescente (Blos, 1961; Freud, 1937).

Los descubrimientos fruto de la investigación, no obstante, dejan claro que esta clase de perturbación no es normativa ni deseable. La gran mayoría de adolescentes manifiestan hacia su vida, sentimientos globalmente felices (Offer, Ostrov, & Howard, 1981). Los tipos de desórdenes psíquicos experimentados durante la adolescencia no son mayores que los sufridos en posteriores etapas de la vida (Rutter, Graham, Chadwick, & Yule, 1976), y el adolescente arquetipo no experimenta una ruptura en sus relaciones familiares (Hill & Holmbeek, 1986; Montemayor, 1986). Además, en los supuestos de confusión, la misma está asociada al hecho de haber empleado los peores ajustes en lugar de los que resultarían más adecuados a largo plazo (Dusek & Flaherty, 1981; Kohlberg, LaCrosse, & Ricks, 1974; Offer & Offer, 1975).

La general inexistencia de un estado de confusión entre la mayoría de quinceañeros, sin embargo, no refuta la teoría más específica según la cual los adolescentes son criaturas emocionales. Sigue vigente la posibilidad de considerar como elemento normativo propio de la experiencia adolescente la presencia de impulsos emocionales variados - incluyendo estados emocionales extremos tanto positivos como negativos (Sharp, 1980).

La investigación proporciona algunos indicios de que los adolescentes experimentan emociones más intensas en su vida cotidiana que los adultos. Larson, Csikszentrnihalyi y Graef (1980) recogieron datos de campo sobre las experiencias emocionales diarias. Emplearon localizadores electrónicos para indicar a los adolescentes y adultos elegidos que diesen cuenta de las experiencias subjetivas que sentían en diferentes momentos del día elegidos al azar. Encontraron que los estados de humor presentados por la muestra de estudiantes de bachillerato tenía un nivel de desviación superior al de la muestra de adultos. Los estados de humor medios de ambos grupos eran similares, lo que indica que la base de sus estados emocionales era parecida; no obstante, los adolescentes manifestaron extremos en un mayor número de ocasiones, tanto positivos como negativos.

Unos cuestionarios aportaban una evidencia adicional. Mostraban cómo los adolescentes y los adultos más jóvenes manifestaban emociones más extremas que los adultos de mayor edad. Los jóvenes estudiados por Diener, Sandvik, and Larsen (1985), con edades comprendidas entre los 16 y los 19 años, obtuvieron puntuaciones superiores en "intensidad afectiva" que los sujetos de mayor edad de las mismas familias.

La teoría de la emotividad predice un incremento en la varianza estadística de los estados de humor presentados en cada momento durante este periodo de edad.

En conclusión, fueron varios los hallazgos descubiertos que sugieren que el comienzo de la adolescencia no implica diferencias apreciables en la variación de los estados emocionales experimentados en la vida diaria.

En momentos elegidos al azar por espacio de una semana, los participantes en el estudio informaron sobre sus estados de humor cuando así les fue solicitado. En relación con los informes sobre la variación individual de los estados de humor de los chicos, no hubo tendencias significativas dentro del grupo de edades comprendidas entre los 9 y los 15 años.

Entre las chicas hubo una ligera y marginal diferencia por edades en relación con estas desviaciones estándar, previsible a la vista de las tendencias lineales por edad de tipo positivo que fueron encontradas respecto de dos elementos (que relacionaban el estado de humor con el afecto). Ni chicos ni chicas mostraron un incremento en la frecuencia de los estados extremos, positivos o negativos.

Semejantes hallazgos desafían la hipótesis de que la adolescencia es una etapa de enorme aumento de la emotividad.

Al mismo tiempo los datos no sugieren que tenga lugar una disminución de la emotividad proporcional a la edad; no muestran que entre la adolescencia y la edad adulta/madurez se produzca un declive de la volubilidad emocional, que algunos estudios habían encontrado.

La adolescencia, entonces, puede ser un periodo estacionario durante el cual la responsabilidad emocional de la niñez es sostenida y manifestada sin pasar por el prisma de la experiencia quinceañera, más sofisticado y similar al de los adultos.

Por último, es importante tomar en consideración cómo estos cambios guardan relación y pueden ser modificados por los diferentes niveles de desarrollo en el conocimiento de las emociones y la adquisición individual de estrategias para controlarlas y regularlas.

Por: Aránzazu Ibáñez


 Fuente de información:

Estados Emocionales Cotidianos manifestados por niños y adolescentes. Por Reed Larso , University of Illinois at Urbana-Champaign and Hospital Michael Reese y Claudia Lampman-Petraitis, Universidad de Loyola de Chicago. Traducido al español por Emilia Clara Argullós
http://www.inteligencia-emocional.org/aplicaciones_practicas/estados_emocionales_cotidianos_investigacion.htm

domingo, 4 de marzo de 2012

¿Los padres castigan a sus hijos o son los padres los castigados?


El castigo es una forma de cortar un comportamiento que no se puede pasar por alto. Su objetivo es pretende dar respuesta a una situación grave que pone en riesgo al adolescente. Los castigos pueden ser eficaces si se utilizan correctamente pero no deben usarse como medio habitual para corregir la conducta. No es la forma principal o única para hacer frente a las malas conductas.



Estatua de padre e hijo, Gustav Vigeland,
Parque Vigeland Noruega.


En primer lugar, hay que tratar de utilizar la comunicación con los adolescentes. Hay que escucharlos y llegar a un acuerdo, ver las consecuencias de su mala actitud y tomar como una lección la situación generada por la mala conducta para que no se vuelva a realizar. Suponiendo que no exista riesgo de que se repita la situación, entonces la comunicación será suficiente y no habrá necesidad de la disuasión adicional que el castigo puede proporcionar. 

El psicólogo norteamericano Carl Pickhardt indica su libro “Stop the screaming", cómo los adolescentes han dejado en el pasado las discusiones sin sentido con sus padres y han comenzado a elaborar estrategias de acuerdo a la personalidad de éstos para chantajearlos y conseguir lo que quieren.

El castigo no sólo proporciona negatividad a una relación tensa temporalmente, sino que puede provocar que sea el propio adolescente el que castigue a los padres.

Pickhardt entrevistó a más de 1.000 padres y adolescentes estadounidenses y concluyó que hay un cambio en la táctica que emplean los jóvenes para conseguir lo que quieren. Antes no llevaban consigo más que el argumento del “derecho a salir” en cambio ahora estudian minuciosamente a sus padres. Estos preparan la forma de actuar y hablar según la personalidad de cada progenitor: lo ignoran, lo critican o lo adulan. Y consiguen así el deseo de turno. “Los padres llegan a agobiarse con este desgaste emocional y se sienten vulnerables”, explica Pickhardt. Los adolescentes ponen a prueba a los padres y evalúan su capacidad de consecuencia, tolerancia de la frustración y contención.

En la adolescencia, la independencia de los padres es vital. Eso les da “un liderazgo especial entre los amigos, porque alcanzan el mayor anhelo adolescente: hacer lo que quieren o probar todas las experiencias”, dice Pickhardt.

La manipulación no es la estrategia base para alcanzar cosas, según Pickhartd y explica que todo es parte de un proceso de descubrimiento de cómo se mueve el mundo y los chicos en él durante la adolescencia. El problema es cuando creen que la extorsión emocional es la única manera de llegar a un fin. “Eso en su vida adulta les hace daño e incluso podrían llegar a ser violentos psicológicamente con sus parejas”, afirma este psicólogo.

Por otro lado, los padres deben impedir que su vulnerabilidad emocional influya en las decisiones respecto de su hijo. Un camino para ello es que se adelanten al “escáner” que los adolescentes hacen y compartan, por ejemplo, sus miedos con la familia. Miedo al fracaso, a que no los quieran o que no los respeten. “Así se le quitan argumentos al hijo para que pueda chantajear emocionalmente”, dice Pickhardt.

Tampoco es aconsejable que sean los padres quienes chantajeen al hijo. La clave es predicar con el ejemplo, pues usar el chantaje para resolver un conflicto puede ser resultado de incomunicación familiar. Pickhardt advierte que si los hijos se acercan a los padres sólo para chantajearlos en la búsqueda de un permiso es un signo de algún mal funcionamiento familiar. Por eso, los padres deben ser flexibles: sentarse con ellos y decirles: “Tu pataleta no va a cambiar mi actitud, pero estoy abierto a escuchar lo que te pasa”.

Finalmente, dejo reflejadas algunas de las personalidades de los padres que los hijos más comúnmente identifican como manipulables:
  1. Padre/madre adulado/a. Cuando al adulto le importa en exceso la aprobación, el hijo sabe que adulando a su padre conseguirá lo que quiere. Si no lo consigue bastará una pataleta que prive al adulto de la admiración. Comúnmente la estrategia se inaugura con frases como “¡guapo/a!” o “¿cómo te ha ido el trabajo?”, que preceden a la petición.
  2. Sensible al rechazo. Con un adulto sensible al rechazo, el adolescente actuará ofendido o agraviado. El chantaje emocional funciona cuando el adulto no soporta que el hijo actúe como si no lo quisiera. Aquí los “nunca” (nunca me escuchas) y los siempre (siempre te enojas) que se usan en la infancia se perfeccionan.
  3. Con tendencia a la culpabilidad. Ante un adulto con tendencia a la culpabilidad, el adolescente expresa sufrimiento actuando de manera triste y usando frases que no concuerdan con la expresión emocional que la acompaña: “No importa” con cara de “es lo peor que me ha pasado”. El adulto complace al hijo porque se siente responsable de su infelicidad.
  4. Intimidado/a. Si un adulto es tímido, el adolescente puede expresar explosividad al hablar en voz alta usando insultos y gritos o actuar amenazante como si fuera a perder el control. El chantaje emocional funciona cuando el padre cede al sentir temor de que su hijo se altere y él se vea sobrepasado al no poder controlarlo.

Aránzazu Ibáñez

Fuentes:

Carl Pickhardt, Ph.D., is a psychologist in Austin, Texas.
His most recent books are: The Connected Father, The Future of Your Only Child, and Stop Screaming.
http://carlpickhardt.com/welcome.html
http://www.psychologytoday.com/blog/surviving-your-childs-adolescence/200901/adolescent-is-not-child


Libro revela cómo enfrentar el chantaje emocional de los hijos, Lissette Fuentes. Diario digital La Tercera.

http://diario.latercera.com/2010/03/07/01/contenido/16_25862_9.html






jueves, 1 de marzo de 2012

“La adolescencia es como una casa en día de mudanza: un desorden temporal” (Julius Warren)


El autor de esta frase, Julius Warren, se refería así a todos los cambios que sufren los adolescentes en la transición a adultos que calificamos como pubertad. La adolescencia es una etapa especialmente difícil y complicada debido a los cambios físicos, mentales, afectivos y emocionales por los que atraviesan los adolescentes.






Los cambios físicos están íntimamente unidos a los cambios en la maduración sexual, las hormonas sexuales son las que despiertan en los adolescentes una fuerza interna que no saben controlar y que ellos mismos descubren como tendencia sexual

Por otro lado, la capacidad cognitiva aumenta considerablemente en el adolescente. Cuando se da un proceso de mayor nivel cognitivo se pueden reconocer las diferencias entre el yo real y el ideal, aunque al existir una excesiva discrepancia, se produce un desajuste y la depresión puede ser la causa principal ya que se producen sensaciones de fracaso y excesiva autocrítica. El adolescente se encuentra constantemente siendo juzgado por su peor juez, que es él mismo. Esta autocrítica puede ir desde aspectos físicos sin importancia para el resto de las personas, hasta inconformidad con su propia personalidad. Los adolescentes muestran su falso yo para impresionar y para ejercer nuevos roles y su verdadero yo lo muestran con sus amistades íntimas cuando tienen una cita con el sexo opuesto.

La autoestima atraviesa diversas características dependiendo del periodo de desarrollo, así, en algunos estudios se ha observado que existe una tendencia que marca una disminución de la autoestima en la adolescencia temprana, con cierto aumento en la adolescencia tardía y la adultez emergente. Esta variación se genera a partir de situaciones en las que el adolescente se siente en un escenario donde es el centro de atención de todo el público, el cual puede emitir juicios favorables, pero también desfavorables. Estos juicios son de gran importancia cuando surgen de sus amigos, los cuales, al igual que él, puede tener un dominio del sarcasmo y el ridículo.

Según el Ph. D. Jeffrey Jensen esta parte de la autoestima, es más difícil para las chicas que para los chicos,“en la adolescencia, las muchachas tienen una imagen corporal más negativa que los varones y son más críticas de su aspecto” eso se debe  a que al desarrollar su nuevo cuerpo de mujer, se tiende a ganar peso en ciertos lugares, pero esto les crea un conflicto, debido al constante bombardeo de imágenes de delgadez que se manejan en las revistas y programas de televisión. Además, resulta difícil porque en esta etapa comienzan las relaciones con los chicos, la cual crea “evaluaciones” por parte de ellos, especialmente en lo físico, las citas, junto con los cambios físicos, y emocionales, son algunas de la razones que contribuye a la inestabilidad emocional de los adolescentes.Por otra parte, los adolescentes tienden a utilizar la comparación social para evaluarse a sí mismo. Los adolescentes tienen una sensación de inseguridad y preocupación cuando tratan de comprenderse a sí mismos.

La elaboración de la identidad pone a prueba las fortalezas y debilidades propias y del entorno. Es conocer quién es, hacia dónde se dirige en la vida y en qué forma uno encaja en la sociedad. Se trata de un núcleo fijo y coherente que junto a la razón le permiten al ser humano interactuar con otros individuos presentes en el medio. Según la teoría de Erikson, el mayor obstáculo que debe enfrentar el desarrollo de los adolescentes es el establecimiento de una identidad. Al final de la adolescencia, la identidad comienza a actuar como una fuerza moldeadora que orienta los planes y proyectos de vida. El contenido de la identidad tiene que ver con los compromisos, las elecciones, la ocupación laboral, los valores, las ideologías, la conciencia crítica, los roles, y la sexualidad. Erikson (1974) menciona la importancia de la socialización en la integración mutua con los valores y los intereses y dice que desarrollar un sentido de identidad es una tarea fundamental para el adolescente. Para este autor, el problema central de la adolescencia es la identidad frente a la confusión de la identidad. El sentido claro de una identidad personal constituye un aspecto de funcionamiento psicológico óptimo.

El desarrollo de la personalidad del adolescente culmina con la concepción del mundoLa concepción del mundo se va conformando a lo largo de la vida, pero alcanza su primera formulación significativa en la adolescencia y viene siendo el núcleo rector de la personalidad que orienta la conducta del sujeto en los diversos sectores de la vida. En el desarrollo afectivo, es una etapa en la que el adolescente se convierte en un ser mucho más independiente. Los adolescentes deben sentirse aceptados y apoyados por sus padres, aun y cuando esta etapa es de distanciamiento. Las relaciones entre adolescentes y padres son cruciales, los progenitores deben brindarles amor y aliento para que su autoestima aumente. Los padres son la cuna de la identidad y deben abrazar y responsabilizarse de sus hijos. Estos pueden ayudar a los adolescentes a alcanzar niveles más altos de desarrollo moral si les dan la oportunidad de hablar, presentar e interpretar conflictos morales y exponerlos. Cuando se hace esto, los jóvenes y adolescentes que exteriorizan sus opiniones más son aquellos cuyos padres emplean el humor y ponderan las intervenciones de sus hijos, los escuchan, les preguntan sus opiniones y les animan a participar de otras formas.

Por su parte, mencionan Moreno, A. y del Barrio, C. (2000) la adolescencia de los hijos es también una etapa de crisis para los padres ya que éstos tendrán que vivir junto con el adolescente estos cambios: el hijo que tienen frente a sí no es un niño pero tampoco es un adulto y no será de extrañar sus cambios en el comportamiento mostrándose oposicionista y desafiante.
El adolescente siente la necesidad de estar menos tiempo con sus padres, lo que le va a permitir desprenderse de ellos y estar en posibilidad de establecer nuevas relaciones principalmente con otros adolescentes; el adolescente desarrolla modas en el vestir, en el saludo, en el lenguaje, en el arreglo o desarreglo personal, se obsesiona con ideas radicales manifestándose, situaciones que van a repercutir de una u otra forma, en mayor o menor medida en la actitud y en el comportamiento de esos padres hacia sus hijos adolescentes, y es así como también con aportación de los padres el adolescente va conformando su identidad.

Se identifican una serie de rasgos en el estilo educativo de los padres asociados a una alta autoestima y son, entre otros: expresar los sentimientos positivos hacia el adolescente, estar el pendiente de su vida, de su estado de ánimo y de sus preocupaciones, dialogando y llegando a acuerdos, organizar salidas en familia a comer, asumir el rol de padre o madre y no de amigo, ser objetivos y claros al tratar de proporcionar ayuda, establecer reglas claras y justas junto con los hijos, dar libertad conforme a los límites establecidos debe quedar claro que la libertad se gana o se pierde conforme el adolescente demuestre ser responsable y maduro al tomar decisiones.

Los adolescentes pueden entrar en una etapa de crisis de identidad. Durante esta etapa analizan sus opciones y buscan llegar a comprometerse con algo en lo que puedan tener fe.
J. Jensen, señala la dificultad que se genera si el adolescente no logra manejar la discrepancia entre su yo real y su yo ideal, llegando a estados depresivos; pero también comenta sobre lo positivo cuando el adolescente se siente motivado a alcanzar su yo ideal.
El nivel de confianza que los adolescentes tengan en sus compromisos influye en su capacidad para resolver sus crisis de identidad. La confusión de la identidad típica de la adolescencia, los lleva a agruparse entre ellos y a no tolerar bien las diferencias, como mecanismos de defensa ante dicha confusión. A veces también muestran su confusión actuando de maneras más infantiles e irresponsables para evitar resolver conflictos o actuando de manera impulsiva y sin sentido.

El saber que desean hacer en su futuro y el fijarse metas para realizar lo que quieren es muy importante en un adolescente ya que le brinda una estabilidad emocional. Uno de los aspectos más importantes de esta búsqueda de identidad consiste en decidir que profesión o carrera desean tener. El adolescente se encuentra con una serie de dificultades porque le es difícil ser objetivo debido a la crisis propia de su edad. Los adolescentes suelen poner por delante sus intereses para elegir una carrera sin tomar en cuenta las aptitudes y habilidades, sin buscar la ayuda del orientador para el desarrollo de estas habilidades que son importantes en el desempeño dentro de la carrera.

Aránzazu Ibáñez.


Fuentes de la información

1-  “La adolescencia es como una casa en día de mudanza: un desorden temporal”, Julius Warren.
2- Jeffrey Jensen Arnett received his Ph.D.  from the University of Virginia, and did three years of postdoctoral   work at the University of Chicago, http://www.jeffreyarnett.com/articles.htm
3- Erikson, Erik(1974). Identidad juventud y crisis. Paidos.
4- Moreno, A. & del Barrio, C. (2000). La experiencia adolescente: A la búsqueda de un lugar en el mundo. Buenos Aires: Aiqué.