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viernes, 25 de marzo de 2016

La crisis de identidad del adolescente del siglo XXI





“El carácter fundamental de la adolescencia es la inserción del individuo en la sociedad de los adultos”

(Jean Piaget, 
psicólogo suizo 1896-1980)






El adolescente del siglo XXI está inmerso en una crisis de identidad consigo mismo y con el entorno. Por un lado, tiene problemas para encontrarse a sí mismo, demostrarse independiente y con un papel en la sociedad y, por otro, para explorar el mundo exterior y adoptar nuevas formas de pensar y de sentir. En nuestra cultura occidental el joven requiere grandes períodos de preparación hasta incorporarse al mundo laboral y se mantienen en un período de moratoria en el que no se es un niño pero tampoco se es un adulto y no encaja bien en ninguno de los dos mundo. Nuestros adolescentes viven en esta etapa de una forma indefinida, angustiados, intentando resolver multitud de problemas y buscando su lugar, es decir, buscando su identidad.

Salir del nido, acabar los estudios, encontrar trabajo, independizarse,... dar los pasos que hacen que una persona traspase la línea entre juventud y madurez nunca ha sido fácil pero en estos momentos de crisis aún es más difícil porque también los jóvenes entre 18 y 30 años, la sufren. Nuestro jóvenes están en crisis y la adolescencia es ahora, tal y como afirma Castells (2009), "una edad dilatada e indefinida con una incorporación laboral, una escolarización y una especialización demasiado tardías"

En la era de la globalización, "la etapa de adolescencia ha perdido su característica definitoria de transitoriedad y ha tomado el rumbo de una juventud social prolongada, postergándose su progreso hacia la condición de adulto" (Gidenns, 2000)

  • Se encuentran inmersos en una sociedad abocada al consumismo, a la búsqueda del bienestar y a la evitación de lo incómodo dónde el acceso a la plena inserción laboral se ralentiza muchísimo, surgen nuevas ocupaciones del tiempo libre vinculadas a formas colectivas programadas de evasión y  hay una inmersión en un mundo digitalizado dónde el adolescente fomenta la comunicación interpersonal a través de "cyberintermediarios", tecnificándose así sus vínculos relacionales. 
  • Los ritos de paso propios de la cultura juvenil, que marcan el tránsito a la vida adulta, han ido multiplicándose y disolviéndose, siendo cada vez más inespecíficos, siempre marcados por el grupo de iguales y de una profunda resistencia a la tradición.
  • Proliferan los obstáculos u omisiones de las condiciones facilitadoras que podrían satisfacer las necesidades de emancipación social. Los jóvenes demandan una plena inserción a través del trabajo en un mundo en el que la inestabilidad y la movilidad laboral, el rediseño de los puestos de trabajo o la demanda de profesionales pueden conducir a una persistente sensación de incertidumbre psicosociológica. 
  • En estas circunstancias la adolescencia podría definirse como "un período de vitalidad, efervescencia, ilusión, tristeza y hasta desesperación donde la ropa que se lleva, las modas y los efímeros mitos cobran un valor inusitados" (Urra, 2002).

Para el adolescente tardío los tiempos han dejado de ser cronológicos, ya que durante la pubertad social el reloj biológico cede el paso al cronómetro social. Si bien la juventud no es una cuestión de tiempo, sino de condición social, lo cierto es que los vínculos interpersonales y apoyos sociales son un asidero en tiempos de inseguridades. Cambia también la ocupación de los tiempos virtuales de la Generación@ descrita por Feixa (2003). En los tiempos actuales los adolescentes contemporáneos experimentan sentimientos de decepción, aunque se enmascaren bajo una apariencia de conformidad y disfrute superficial en forma de consumo o de ocio juvenil de fin de semana, como si de un intento de adaptación no traumática a una realidad que se intenta simular se tratara.

Los adolescentes en su período de definición personal necesitan referencias y referentes, acciones simbólicas e iconos, valores y significados atribuidos, etc, que en condiciones de inestabilidad, actúen como elementos que contribuyan a dar sentido a sus búsquedas pero vivimos en unas condiciones en la que se asiste al debilitamiento de los sistemas referenciales y donde se ponen en cuestión ciertas verdades asumidas como tales, en donde se diluye y reconstituye cada vez en más instancias legitimadas (familia, escuela, grupos de pertenencia y referencia, medios de comunicación, etc.) el poder socializador/normalizador y en las que se siguen necesitando certidumbres y apoyos en un sistema y entorno referencial en aparente agudización de sus crisis. 

¿Tiene sentido seguir hablando de la juventud como una etapa de transición? Este invento de hace un siglo de la etapa de la adolescencia como "un periodo juvenil dedicado a la formación y al ocio" empieza a no tener sentido cuando los ritos de paso son remplazados por ritos de “impasse” (sin salida) y las etapas de transición se convierten en etapas intransitivas, cuando los jóvenes siguen en casa de sus padres pasados los 30, se incorporan al trabajo a ritmos discontinuos, están obligados a reciclarse toda la vida e inventan nuevas culturas juveniles que empiezan a ser transgeneracionales.


El joven contemporáneo no emigra hacia la condición de adulto en el tiempo en que la naturaleza social parecía dictar como conveniente, sino que permanece en un tiempo de conflictos y en una tierra de nadie. O bien se angustia ante esta necesidad de ubicación que se va dilatando, o bien se adapta haciendo uso de mecanismos distractores, son dos ejemplos:

  • El mal del desánimo de Alícia: con esta etiqueta se podría designar a aquellos jóvenes que quieren madurar y que viven su tiempo de espera como púberes sociales. Se alude a la sensación de desesperanza ante uno mismo en un mundo cambiante, con reglas absurdas y rígidas, que mutan vertiginosamente (como en el País de las Maravillas). Se vive en perpetuo estado de adolescente del que al joven le interesa salir, aunque se pierde en un laberinto donde los caminos no parecen conducir a ninguna parte (como en el diálogo de Alicia y el Gato). Y por el acceso incompleto a posiciones sociales entre la madurez biológica y la social el post-adolescente se siente en un cuerpo social de púber mientras tiene un cuerpo físico de adulto.
  • El mal de Peter Pan, esto es, el diagnóstico de jóvenes que no quieren madurar y vivir como adultos. Se les acusa de su propia situación de ambivalencia y se apela a su disposición acomodaticia. Los etiquetados así suelen (re)crean su mundo de ilusiones, como en el cuento, en el que la diversión y los destellos fulgurantes parecen no tener fin. Se inventan sus propias necesidades y se afanan en satisfacerlas para lo que cuentan con suficientes formas de distracción. No desean un regreso al futuro, sino que el tiempo parezca detenerse, de modo que se desea permanecer en un estado de eterna adolescencia (auto)impuesta.

En fin, la sabiduría popular señala que "cada cosa tiene su tiempo", de modo que cuando algo se prolonga por encima de su "tiempo natural" puede convertirse en cautivo del mismo

 Y ¿cual es el papel de los educadores y de los padres? ¿cómo educar a una generación que se prevé sin futuro?  

"No está dentro de las posibilidades de los docentes dotar a la juventud de un futuro mejor, pero sí que lo está el luchar cada día para que estos no caigan en el desánimo, en la desesperación, en el pasotismo absoluto y dotarles de las herramientas necesarias para que tengan espíritu crítico ante una sociedad que no funciona" (Salvador Rodríguez Ojaos)
En El blog de Salvaroj (pincha aquí si quieres) encontrarás muy buenas reflexiones sobre la Educación en estos tiempos de crisis.


Fuentes de información:
El blog de Salvaroj,
Giddens’ globalization: Exploring dynamic implications
http://www.systemdynamics.org/conferences/2009/proceed/papers/P1072.pdf

Juan Manuel Iranzo. Anthony Giddens. Un mundo desbocado. Los efectos de la globalización en nuestras vidas

Madrid, Taurus, 2000. (e.o. 1999) 


Subculturas juveniles: identidad, idolatrías y nuevas tendencias

Carles Feixa (Lleida, 1962), doctor en Antropología Social por la Universidad de Barcelona y honoris causa por la de Manizales (Colombia)
María de la Villa Moral Jiménez y Anastasio Ovejero Bernal
Jóvenes, globalización y postmodernidad:crisis de la adolescencia social en una sociedad en crisis.





sábado, 14 de septiembre de 2013

Familia y optimismo, en momentos de crisis.


Este es un artículo que escribí para un periódico digital sobre empleo y que quiero compartir con vosotros, los jóvenes, porque sois la generación que daréis un giro total a esta "crisis" actual. 

Estas pocas palabras que recojo en el texto son un poco el sentir de dificultad que están pasando algunas familias y espero que en un futuro den un giro total gracias a vuestro tesón e iniciativa social, de la que no dudo.




Quien tenga una familia que le apoye día a día y optimismo,
siéntase afortunado!







            El desempleo es una telaraña que te enreda poco a poco y cuando quieres darte cuenta, estás del todo apresado. Hay que tener una autoestima muy alta y un apoyo familiar muy fuerte para no caer preso de ella. La palabra “optimismo” es un concepto muy actual y en boca de todos pero es cierto que es el aspecto psicológico más importante en situaciones de desempleo que viven gran parte de los españoles en la actualidad. Es muy triste escuchar a personas que ya no tienen ninguna esperanza y se encierran en una profunda soledad dañando gravemente su autoestima. Me cuesta decir cómo se puede ayudar a personas que ya no tienen ninguna esperanza y que lo único que piensan es en culparse porque no pueden dar “no unas vacaciones”, sino unos estudios o las necesidades diarias de alimentación y cuidado a sus hijos.

Lo único que puedo decirles es que “no hay que perder la esperanza”. Las personas que ya vamos cumpliendo años debemos creernos que toda nuestra experiencia es necesaria para la sociedad y lo tenemos que demostrar, aunque las arañas estructurales que han surgido nos lo impidan. Para salir delante de esta situación, el apoyo familiar es fundamental y otro gran apoyo es la unión entre personas en similares circunstancias a las nuestras. Hay que salir del refugio en el que nos recogemos cuando vemos o creemos que ya no hay salida y “mirar hacia delante”. Es necesario porque de lo contrario nuestra baja autoestima y culpabilidad adquirida acabarán con nuestra persona, es decir, con “nuestra dignidad”.

Somos personas dignas y personas que vivimos en un país que cuando hay realmente grandes problemas “sabemos ser solidarios” porque nos sale del carácter cultivado. Tenemos que unirnos y cooperar” y esta unión y cooperación puede expresarse en forma de trabajo. Si nos unimos personas sin empleo, podemos “crear un nuevo proyecto juntos” que seguro será una gran creación para la sociedad, y muchas veces, necesaria aunque todavía no lo sepamos. Y si ya tenemos nuestro proyecto emprendido, unámonos también y que “tu iniciativa junto con la mía, muevan el entorno”.

Como ya he indicado en el título, “familia y optimismo”, aunque solo sea por nuestra salud que es lo más importante.


Aránzazu Ibáñez.

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jueves, 1 de marzo de 2012

“La adolescencia es como una casa en día de mudanza: un desorden temporal” (Julius Warren)


El autor de esta frase, Julius Warren, se refería así a todos los cambios que sufren los adolescentes en la transición a adultos que calificamos como pubertad. La adolescencia es una etapa especialmente difícil y complicada debido a los cambios físicos, mentales, afectivos y emocionales por los que atraviesan los adolescentes.






Los cambios físicos están íntimamente unidos a los cambios en la maduración sexual, las hormonas sexuales son las que despiertan en los adolescentes una fuerza interna que no saben controlar y que ellos mismos descubren como tendencia sexual

Por otro lado, la capacidad cognitiva aumenta considerablemente en el adolescente. Cuando se da un proceso de mayor nivel cognitivo se pueden reconocer las diferencias entre el yo real y el ideal, aunque al existir una excesiva discrepancia, se produce un desajuste y la depresión puede ser la causa principal ya que se producen sensaciones de fracaso y excesiva autocrítica. El adolescente se encuentra constantemente siendo juzgado por su peor juez, que es él mismo. Esta autocrítica puede ir desde aspectos físicos sin importancia para el resto de las personas, hasta inconformidad con su propia personalidad. Los adolescentes muestran su falso yo para impresionar y para ejercer nuevos roles y su verdadero yo lo muestran con sus amistades íntimas cuando tienen una cita con el sexo opuesto.

La autoestima atraviesa diversas características dependiendo del periodo de desarrollo, así, en algunos estudios se ha observado que existe una tendencia que marca una disminución de la autoestima en la adolescencia temprana, con cierto aumento en la adolescencia tardía y la adultez emergente. Esta variación se genera a partir de situaciones en las que el adolescente se siente en un escenario donde es el centro de atención de todo el público, el cual puede emitir juicios favorables, pero también desfavorables. Estos juicios son de gran importancia cuando surgen de sus amigos, los cuales, al igual que él, puede tener un dominio del sarcasmo y el ridículo.

Según el Ph. D. Jeffrey Jensen esta parte de la autoestima, es más difícil para las chicas que para los chicos,“en la adolescencia, las muchachas tienen una imagen corporal más negativa que los varones y son más críticas de su aspecto” eso se debe  a que al desarrollar su nuevo cuerpo de mujer, se tiende a ganar peso en ciertos lugares, pero esto les crea un conflicto, debido al constante bombardeo de imágenes de delgadez que se manejan en las revistas y programas de televisión. Además, resulta difícil porque en esta etapa comienzan las relaciones con los chicos, la cual crea “evaluaciones” por parte de ellos, especialmente en lo físico, las citas, junto con los cambios físicos, y emocionales, son algunas de la razones que contribuye a la inestabilidad emocional de los adolescentes.Por otra parte, los adolescentes tienden a utilizar la comparación social para evaluarse a sí mismo. Los adolescentes tienen una sensación de inseguridad y preocupación cuando tratan de comprenderse a sí mismos.

La elaboración de la identidad pone a prueba las fortalezas y debilidades propias y del entorno. Es conocer quién es, hacia dónde se dirige en la vida y en qué forma uno encaja en la sociedad. Se trata de un núcleo fijo y coherente que junto a la razón le permiten al ser humano interactuar con otros individuos presentes en el medio. Según la teoría de Erikson, el mayor obstáculo que debe enfrentar el desarrollo de los adolescentes es el establecimiento de una identidad. Al final de la adolescencia, la identidad comienza a actuar como una fuerza moldeadora que orienta los planes y proyectos de vida. El contenido de la identidad tiene que ver con los compromisos, las elecciones, la ocupación laboral, los valores, las ideologías, la conciencia crítica, los roles, y la sexualidad. Erikson (1974) menciona la importancia de la socialización en la integración mutua con los valores y los intereses y dice que desarrollar un sentido de identidad es una tarea fundamental para el adolescente. Para este autor, el problema central de la adolescencia es la identidad frente a la confusión de la identidad. El sentido claro de una identidad personal constituye un aspecto de funcionamiento psicológico óptimo.

El desarrollo de la personalidad del adolescente culmina con la concepción del mundoLa concepción del mundo se va conformando a lo largo de la vida, pero alcanza su primera formulación significativa en la adolescencia y viene siendo el núcleo rector de la personalidad que orienta la conducta del sujeto en los diversos sectores de la vida. En el desarrollo afectivo, es una etapa en la que el adolescente se convierte en un ser mucho más independiente. Los adolescentes deben sentirse aceptados y apoyados por sus padres, aun y cuando esta etapa es de distanciamiento. Las relaciones entre adolescentes y padres son cruciales, los progenitores deben brindarles amor y aliento para que su autoestima aumente. Los padres son la cuna de la identidad y deben abrazar y responsabilizarse de sus hijos. Estos pueden ayudar a los adolescentes a alcanzar niveles más altos de desarrollo moral si les dan la oportunidad de hablar, presentar e interpretar conflictos morales y exponerlos. Cuando se hace esto, los jóvenes y adolescentes que exteriorizan sus opiniones más son aquellos cuyos padres emplean el humor y ponderan las intervenciones de sus hijos, los escuchan, les preguntan sus opiniones y les animan a participar de otras formas.

Por su parte, mencionan Moreno, A. y del Barrio, C. (2000) la adolescencia de los hijos es también una etapa de crisis para los padres ya que éstos tendrán que vivir junto con el adolescente estos cambios: el hijo que tienen frente a sí no es un niño pero tampoco es un adulto y no será de extrañar sus cambios en el comportamiento mostrándose oposicionista y desafiante.
El adolescente siente la necesidad de estar menos tiempo con sus padres, lo que le va a permitir desprenderse de ellos y estar en posibilidad de establecer nuevas relaciones principalmente con otros adolescentes; el adolescente desarrolla modas en el vestir, en el saludo, en el lenguaje, en el arreglo o desarreglo personal, se obsesiona con ideas radicales manifestándose, situaciones que van a repercutir de una u otra forma, en mayor o menor medida en la actitud y en el comportamiento de esos padres hacia sus hijos adolescentes, y es así como también con aportación de los padres el adolescente va conformando su identidad.

Se identifican una serie de rasgos en el estilo educativo de los padres asociados a una alta autoestima y son, entre otros: expresar los sentimientos positivos hacia el adolescente, estar el pendiente de su vida, de su estado de ánimo y de sus preocupaciones, dialogando y llegando a acuerdos, organizar salidas en familia a comer, asumir el rol de padre o madre y no de amigo, ser objetivos y claros al tratar de proporcionar ayuda, establecer reglas claras y justas junto con los hijos, dar libertad conforme a los límites establecidos debe quedar claro que la libertad se gana o se pierde conforme el adolescente demuestre ser responsable y maduro al tomar decisiones.

Los adolescentes pueden entrar en una etapa de crisis de identidad. Durante esta etapa analizan sus opciones y buscan llegar a comprometerse con algo en lo que puedan tener fe.
J. Jensen, señala la dificultad que se genera si el adolescente no logra manejar la discrepancia entre su yo real y su yo ideal, llegando a estados depresivos; pero también comenta sobre lo positivo cuando el adolescente se siente motivado a alcanzar su yo ideal.
El nivel de confianza que los adolescentes tengan en sus compromisos influye en su capacidad para resolver sus crisis de identidad. La confusión de la identidad típica de la adolescencia, los lleva a agruparse entre ellos y a no tolerar bien las diferencias, como mecanismos de defensa ante dicha confusión. A veces también muestran su confusión actuando de maneras más infantiles e irresponsables para evitar resolver conflictos o actuando de manera impulsiva y sin sentido.

El saber que desean hacer en su futuro y el fijarse metas para realizar lo que quieren es muy importante en un adolescente ya que le brinda una estabilidad emocional. Uno de los aspectos más importantes de esta búsqueda de identidad consiste en decidir que profesión o carrera desean tener. El adolescente se encuentra con una serie de dificultades porque le es difícil ser objetivo debido a la crisis propia de su edad. Los adolescentes suelen poner por delante sus intereses para elegir una carrera sin tomar en cuenta las aptitudes y habilidades, sin buscar la ayuda del orientador para el desarrollo de estas habilidades que son importantes en el desempeño dentro de la carrera.

Aránzazu Ibáñez.


Fuentes de la información

1-  “La adolescencia es como una casa en día de mudanza: un desorden temporal”, Julius Warren.
2- Jeffrey Jensen Arnett received his Ph.D.  from the University of Virginia, and did three years of postdoctoral   work at the University of Chicago, http://www.jeffreyarnett.com/articles.htm
3- Erikson, Erik(1974). Identidad juventud y crisis. Paidos.
4- Moreno, A. & del Barrio, C. (2000). La experiencia adolescente: A la búsqueda de un lugar en el mundo. Buenos Aires: Aiqué.