Mostrando entradas con la etiqueta neurociencia. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta neurociencia. Mostrar todas las entradas

miércoles, 5 de enero de 2022

Hacia dónde vamos ¿Qué ha sido de la Neurociencia?

 




Hoy he encontrado entre mis "recuerdos" el libro de Javier Tirapu: ¿Para qué sirve el cerebro? Manual para principiante. Espero que la Neurociencia vuelva a retomar el camino y se avance en el conocimiento de lo que nos mueve y nos hace lo que somos:

"La neurociencia es el camino para conocer las causas últimas por las que las conductas y el comportamiento humano se mueven y se rigen. Conocer el funcionamiento de nuestro cerebro nos hace más libres. La neurociencia le ayudará a comprender y comprenderse (que no es lo mismo que justificarse). La neurociencia está creando un edificio donde se busca la verdad de cada proceso mental por sublime que este sea y ese edificio tiene forma de cerebro. Que algunos no se preocupen por este panorama ya que entre ladrillo y ladrillo de esta magnífica construcción todavía quedan rendijas que pueden rellenar convenientemente con pasta de ideología. Nuestra mente tiene una particularidad única que la diferencia de otras partes de la naturaleza que nos circunda, es la parte del mundo que nosotros mismos ocupamos. Mi mente es yo. La desventaja de esto es que intentamos acercarnos al conocimiento de la mente con un instrumento de su misma complejidad, como es la propia mente. La ventaja es que podemos conocerla desde dentro y saber cómo se siente uno siendo un instrumento mental. No sabemos cómo se siente ser cualquier otra cosa que intentemos conocer."




jueves, 8 de marzo de 2018

Los tres vértices de la Neurociencia Cognitiva




El concepto de Neurociencia Cognitiva como una nueva subdisciplina surgió en los años 80 de la confluencia de tres tradiciones científicas claramente diferenciadas:
·         La neurociencia
·         La psicología cognitiva
·         Las ciencias de la computación (la inteligencia artificial)

Michael Gazzaniaga y George A. Miller acuñaron el nombre de Neurociencia Cognitiva y se creó el primer Instituto de Neurociencia Cognitiva en la Universidad de Harvard, dirigido por Stephen Kosslyn. La convergencia de estas tres tradiciones científicas hasta entonces aisladas ha resultado tan fructífera que la Neurociencia Cognitiva ha despertado el entusiasmo de las nuevas generaciones de neurocientíficos, psicólogos cognitivos y expertos en inteligencia artificial. Conocer el modo en que se implementan en el cerebro las funciones ejecutivas y emocionales es el objetivo de estudio en las últimas décadas.

La Neurociencia Cognitiva como campo interdisciplinar se abastece de una interacción dinámica entre neurociencia, psicología experimental e inteligencia artificial, lo que implica un diálogo continuo entre tres tipos distintos de análisis y conceptos científicos.


Aportaciones de la Neurociencia

Desde esta perspectiva es importante destacar el hecho de que aunque una determinada lesión en el cerebro altere una función concreta no implica que la región implicada sea la sede de dicha función, ya que la lesión puede afectar a otras regiones y habrá alterado las conexiones de distintas estructuras, por lo que el déficit funcional puede deberse a estos factores secundarios que conlleva toda lesión cerebral más que a su localización estricta.

El avance tecnológico desarrollado a lo largo del siglo XX ha permitido la incorporación  de nuevas estrategias de investigación del cerebro, produciendo grandes avances en el conocimiento de su organización anatomofisiológica. Paralelamente, estos avances han impulsado la búsqueda de las relaciones cerebro-conducta y cerebro-cognición. En lo que se refiere propiamente a la investigación cerebral, el desarrollo de las modernas técnicas de registro neurofisiológico ha permitido con el avance de los mapas sensoriales y motores de la corteza cerebral, la organización funcional de las distintas cortezas sensoriales, así como de su estructura organizativa a nivel celular a partir de los pioneros trabajos de Mountcastle en la corteza somestésica, y de Hubel y Wiesel en la visual. Paralelamente los neurocientíficos se han ido interesando cada vez más por la incorporación de las tareas experimentales de los psicólogos con objeto de conocer los mecanismos neurofisiológicos implicados en distintas funciones psicológicas. Una gran aportación en esta línea es la del científico español Joaquín Fuster sobre la actividad de neuronas individuales de la corteza prefrontal en la memoria a corto plazo llevada a cabo en la UCLA (Universidad de California-Los Ángeles).
Entre los avances técnicos destacan las técnicas de neuroimagen funcional para el desarrollo de la neurociencia cognitiva, ya que ha permitido registrar en vivo los patrones de actividad cerebral que se producen durante la realización de tareas experimentales concretas.


Aportaciones de la psicología

Herbert Simon, perteneciente al campo de la computación artificial, es considerado por muchos como el fundador de la ciencia cognitiva. La psicología cognitiva se inspira en la metáfora del ordenador, centrando su objeto de estudio en la especificación del modo en que los seres humanos procesan información. Miller desarrolló tres presupuestos para poder establecer relaciones entre cerebro humano y la conducta: 1) Que las funciones complejas se pueden descomponer en procesos más simples; 2) Que esos componentes se pueden localizar anatómicamente y se pueden estudiar de un modo relativamente aislado; y 3) Que los procesos cerebrales más simples se pueden correlacionar de un modo directo con los procesos conductuales más simples. Por otro lado, Saul Sternberg manifestó que algunas tareas psicológicas se realizan mediante una serie de estadios discretos de procesamiento que se pueden analizar individualmente y, desarrolló el método de los factores aditivos para caracterizarlos. En la misma línea, Posner diseñó tareas para evaluar aspectos elementales del procesamiento de la información y poder así estudiar una función compleja como la atención analizando sus componentes individuales, haciendo una aportación fundamental a la confluencia entre psicología y neurociencia al proponer métodos para estudiar los componentes individuales del procesamiento de la información.
Un último factor determinante de la confluencia entre psicología cognitiva y neurociencia la proporcionó el desarrollo de modelos conexionistas de procesamiento de la información a partir de la publicación en 1986 del libro de Rumelhart y McClelland. Estos investigadores proponen desarrollar modelos inspirados en el funcionamiento real del cerebro. Una de las características fundamentales del cerebro es que está compuesto de millones de neuronas masivamente interconectadas que trabajan simultáneamente en paralelo.


Aportaciones de la inteligencia artificial

Turing estableció las bases de la inteligencia artificial. Este investigador diferenció netamente la estructura física del ordenador (hardware) de los programas (software). La inteligencia artificial ha aportado un nuevo modo de entender el funcionamiento cerebral a partir del lenguaje computacional. Con este avance el cerebro empezó a concebirse como un órgano especializado en el procesamiento de la información y el término de computación comenzó a aplicarse en las operaciones realizadas por el cerebro y sus elementos funcionales, las neuronas. De hecho el cerebro es considerado como un complejo sistema de procesamiento de la información y cada neurona como elemento funcional diferenciado.

Entre los principales impulsores de la convergencia entre neurociencia, psicología cognitiva y computación artificial se encuentra David Marr. La confluencia entre psicología cognitiva y neurociencia y las aportaciones de la Neurociencia Cognitiva sobre el conocimiento de los mecanismos cerebrales implicados en las funciones psicológicas complejas que caracterizan a los humanos son los retos de investigación en torno al estudio sobre el cerebro, dónde todavía nos queda largo camino por recorrer.


Bibliografía: Enríquez de Valenzuela, Paloma Neurociencia Cognitiva, Ed. Sanz y Torres, UNED 2014.















lunes, 6 de marzo de 2017

La era del cerebro


Redes-Estimula tu cerebro para vivir más y mejor.


La conducta humana está directamente relacionada con el cerebro que es el órgano que facilita el aprendizaje, la memorización, el razonamiento (en suma, la conducta denominada inteligente) y las emociones. Los humanos nos caracterizamos diferencialmente al resto de especies no en rasgos físicos más o menos adaptados a las características del entorno, sino en la sucesiva especialización del cerebro.

El cerebro es un órgano que ha evolucionado y se ha ido modificando para dar respuesta y soporte estructural a las competencias que han permitido la humanización y desarrollo de la cultura y la civilización humanas. Es el responsable de esa progresiva humanización y del funcionamiento y logros cognitivos del hombre actual. 

Para llegar a donde ha llegado, el cerebro ha sufrido cambios importantes conforme a las competencias y funciones que debía sostener para el progreso de la especie y estos cambios se reflejan, especialmente, en las zonas más novedosas de su estructura actual: la corteza cerebral y, en ella, especialmente, el lóbulo frontal, sede de lo que denominamos "funciones cognitivas superiores".

En los últimos años el avance de la comprensión sobre cómo se desarrolla el cerebro ha sido asombroso gracias a los avances en las técnicas de neuroimagen y estudios genéticos que, desde la neurociencia del desarrollo, permiten comprender los mecanismos que subyacen a la diferenciación y formación celular, migración celular, crecimiento dendrítico, conexiones sinápticas, etc. La neurociencia está aportando a la psicología del desarrollo (rama de la psicología que estudia los cambios conductuales y psicológicos de las personas, durante el periodo que se extiende desde su concepción hasta su muerte) conocimientos sobre la conectividad neuronal de los estímulos y la representación conceptual del mundo a través de una arquitectura cognitiva.

Las arquitecturas cognitivas se definen como el conjunto de componentes esenciales de un sistema que permite el análisis de sus cogniciones y sus conductas. Estas proporcionan el soporte físico (hardware) y las herramientas simbólicas (software) necesarios para describir y predecir la conducta de un sistema neurocognitivo en una situación determinada. Aplicadas a la cognición humana, las arquitecturas cognitivas ofrecen un excelente marco experimental que permite modelar y poner a prueba una determinada hipótesis sobre su funcionamiento.

Con todos estos avances científicos es preciso un enfoque en el estudio integrado de las bases neurales de las representaciones mentales involucradas en distintos procesos cognitivos, emocionales, motivacionales y psicológicos que pueda contribuir al bienestar humano por medio de mejoras en la calidad de vida y que potencie de la manera más óptima la educación de las personas.

Estamos inmersos en una época denominada “La era del cerebro” que avanza en las explicaciones sobre las características humanas basadas en la estructura y funcionamiento neurológicos que nos permite conocer mejor la conducta humana mediante la observación de correlatos estructurales relacionando estudios sobre la filogénesis (evolución de la especie) y la ontogénesis (desarrollo del organismo) de la persona a lo largo de su ciclo vital. Por esta razón, tiene que haber un trabajo conjunto entre las distintas ciencias que permita conocer mejor ese órgano que nos hizo ser lo que somos, humanos.

La neurociencia y la psicología han de colaborar de manera conjunta para aportar conocimientos sobre diferentes niveles de análisis que nos permita comprender el papel del código genético en la configuración del cerebro y de la mente humana. Conocer la arquitectura funcional del cerebro, su conectividad y patrones de actividad neuronal fundamentales de la mente humana nos permitirá conocer mejor cómo trabaja el cerebro humano en su labor diaria de tareas de la vida cotidiana y permitirá avanzar en estudios sobre patologías generadas en el cerebro.

En la actualidad hay bastantes estudios acerca de la estructura y funcionamiento de los procesos cognitivos de forma individual pero queda avanzar en el conocimiento sobre qué mecanismo produce la integración de todos ellos dentro del cerebro. Los procesos cognitivos están íntimamente interrelacionados y parece razonable pensar que comparten determinadas redes neuronales, pero hasta el momento no se ha prestado excesiva atención a explicar cómo se produce esa interacción. Las arquitecturas cognitivas ofrecen la posibilidad de modelar cómo se relacionan los diferentes procesos cognitivos y esto permite pasar de un planteamiento meramente teórico a una implementación virtual de un determinado modelo cognitivo. Por otro lado, las arquitecturas cognitivas pueden desempeñar un importante papel como predictores de la conducta humana, tanto normal como patológica. 

Además, desde la psicología del desarrollo puede conocerse la temprana emergencia de las capacidades representativas ya que, por ejemplo, se ha observado aspectos como la preferencia del neonato hacia la cara humana respecto a otros estímulos visuales, o la imitación del neonato de movimientos de la cara o manos de otra persona. En suma, todo ello aporta un conocimiento de la mente que permite conocer el cerebro subyacente a ella. Esta vía de conocimiento reclama la investigación desde la neurociencia cognitiva y del desarrollo que queda representada en el neuroconstructivismo. Esta aproximación científica interdisciplinar estudia y explica el inicio de las representaciones mentales, especificando cómo se enriquecen y hacen complejas a lo largo del tiempo, y los mecanismos de aprendizaje y madurativos implicados en ello.

Consecuentemente, si la inteligencia como producto de la actividad mental del cerebro puede estar determinada en parte por la función cortical y la interconexión de todas las áreas cerebrales, para conocerla e intervenir en ella es imprescindible acercarse al cerebro como órgano que permite su expresión y funcionamiento diferencial, porque es conocido que todos los cerebros son similares, pero no todos funcionan y aprenden de la misma manera.

El nuevo paradigma multidisciplinar en el estudio del cerebro aportará en el futuro el conocimiento necesario para hacer una educación de calidad basada en la personalización, necesaria para potenciar el aprendizaje en y para la sociedad. Conocer las potencialidades individuales, diversidad funcional, para desarrollar un proceso de adaptación hacia la empatía social.


Fuentes bibliográficas:

(1) Johnson MH, Morton J. Biology and cognitive development: The case of face recognition. Oxford, UK: Blackwell, 1991.

(2) Ruiz Sánchez de León, J.M., Fernandez Blázquez, M.A., (2011). Arquitecturascognitivas y cerebro: hacia una teoría unificada de la cognición. International Journal of Psychological Research, 4 (2), 38-47. [http://www.academia.edu/1453199/Arquitecturas_cognitivas_y_cerebro_hacia_una_teor%C3%ADa_unificada_de_la_cognici%C3%B3n]








jueves, 11 de agosto de 2016

¿Cómo afecta la práctica de mindfulness al cerebro?


Al hablar de Mindfulness es necesario hacer referencia a las técnicas de meditación orientales, Vipassana y meditación Zen, que son prácticas habituales dentro del budismo. 


Jon Kabat-Zinn (1990), el autor probablemente más reputado internacionalmente en mindfulness, lo define como “prestar atención de manera intencional al momento presente, sin juzgar”. El término inglés midfulness se traduciría al español como atención plena o conciencia plena. A su vez mindfulness es la traducción de una antigua palabra india, Sati, que significa conciencia, atención y recuerdo. La experiencia de mindfulness guarda relación con el hecho de estar en contacto, de examinar quién somos, de cuestionar nuestra visión del mundo y de cultivar la capacidad de apreciar plenamente cada momento de la vida (Kabat-Zinn, 1994).

La inclusión de la práctica de mindfulness en la psicoterapia occidental obedece a la necesidad de ampliar y optimizar los enfoques terapéuticos existentes para reducir la vulnerabilidad cognitiva al estrés y las respuestas emocionales negativas. Según diversos estudios, mindfulness da cuenta de enormes beneficios, tanto para vivir una vida satisfactoria, como para ayudar a afrontar problemas físicos y psicológicos. La mayoría de los autores señalan que para comprender el significado de mindfulness la clave es la práctica; no hay otra forma de conocer cómo puede transformar la vida y la relación con el miedo, la ansiedad, la depresión o el pánico (Brantley, 2010). Supone asumir un compromiso, disponer de la energía y disciplina suficiente para practicar, prestando una cuidadosa atención con actitud cordial y sin juicio previo. Durante la práctica se aprende a centrar la atención evitando sentimientos, sensaciones y pensamientos que nos aparten del presente.



¿Cuáles son los componentes fundamentales de midfulness?

·    1- La atención plena, no es un fenómeno exclusivamente cognitivo, sí se caracteriza por dos componentes de ese carácter, el cultivo de la atención y de la concentración (Simón, 2007). Entre las propuestas realizadas, Bishop et al. (2002) proponen un modelo muy exhaustivo que incluye los siguientes componentes: autorregulación de la atención y orientación hacia las propias experiencias en el momento presente, caracterizada por curiosidad, apertura y aceptación. Para ello es necesario cultivar las siguientes habilidades:

o  Atención sostenida: se refiere a la capacidad de mantener un estado de vigilancia durante periodos prolongados de tiempo.
o Cambio atencional: consiste en llevar la atención a la respiración cuando se reconocen los pensamientos, sentimientos o sensaciones. 
o  No elaborar pensamientos, sentimientos y sensaciones a medida que surjan. No se trata de suprimirlos sino de que al considerarlos objetos de observación no capten totalmente la atención y, una vez que son reconocidos, se dirija la atención nuevamente a la respiración y se evite la elaboración de esos pensamientos, sentimientos y sensaciones.

2- La orientación hacia la experiencia, se inicia con el compromiso de mantener una actitud de curiosidad, abriendo la mente a la detección de cada uno de los pensamientos, sentimientos y sensaciones que surjan, permitiéndolos de forma que se reduzcan las estrategias que se usan para evitar tales aspectos.

Estos componentes se pueden resumir en cuatro ideas:

  • Atención orientada al presente.
  • Aceptación radical de cualquier experiencia, sin evaluación ni juicio previo.
  • Apertura a la experiencia sin elaborar los contenidos de pensamientos que se observan.
  • Intencional, que supone elegir de forma activa en que implicarse. 



¿Cómo afecta la práctica de mindfulness al cerebro?



Desde la neurociencia se proponen vías de mediación neurobiológicas como cambios neurofuncionales (Fletcher et al., 2010). 
La investigación en neurociencia en el campo de la meditación está poniendo de manifiesto cómo los procesos de prestar atención intencionalmente, cultivar actitudes internas de aceptación y no emisión de juicios y el establecimiento de actitudes de benevolencia hacia uno mismo y los demás pueden modificar la actividad cerebral, incluyendo procesos perceptivos, procesos cognitivos superiores y procesos de regulación emocional (Cahn y Polich, 2006; Siegel, 2007). De hecho, ha sido posible mostrar cómo el entrenamiento sistemático en mindfulness en una situación real produjo cambios observables en la fisiología cerebral, principalmente a través de la activación prefrontal, asociada con emocionalidad positiva. 

La regulación de emociones ocurre gracias a la acción de un circuito que, desde las regiones medial y ventrolateral del córtex prefrontal, ejerce su control sobre las áreas donde se procesan y activan nuestras emociones, como la amígdala..
Un estudio realizado por Herwig y colaboradores (2010) refleja que la actividad de la amígdala se atenua - atenuación del arousal y la intensidad emocional- cuando los sujetos experimentales llevaban a cabo una tarea en la que debían tomar conciencia de sus estados emocionales, situación que puede correlacionarse con sujetos que practican midfulness. 

En las investigaciones sobre la influencia de la meditación en la regulación de la ansiedad destacan Ives-Deliperi y colaboradores (2013), encontraron que el entrenamiento en mindfulness produce disminuciones en la ansiedad experimentada por personas con trastorno bipolar, correspondiendose con una mayor activación de algunas áreas del córtex prefrontal medial. Otros investigadores han hallado que el alivio de la ansiedad resultante de la práctica de la meditación estaría conectado con activaciones en el córtex cingulado anterior, el córtex prefrontal ventromedial y la ínsula anterior.

Por otro lado, la investigación sobre los efectos reguladores del sistema nervioso autónomo muestra resultados prometedores. Parece que el efecto de la práctica de mindfulness produce una activación parasimpática mayor que la producida por un entrenamiento en relajación progresiva (Ditto et al., 2006). Además, la práctica específica de la meditación por exploración corporal mediante mindfulness antes del abordaje de una situación de estrés, parece tener un efecto regulatorio sobre la respuesta del eje hipotálamo-hipofisario-adrenal ante el estrés, produciendo en él una respuesta de rango normal (Greeson et al., 2001). Así mismo, algunos datos indican que la meditación y el mindfulness tiene un efecto inductor un estado de relajación psicofisiológico, caracterizado por un estado aminorado de alerta, baja reactividad a estímulos internos y externos, y un patrón reducido de arousal psicofisiológico (Berson y Klipper, 1975).

Una de las formas en las que el mindfulness promueve la toma de conciencia y el distanciamiento frente a los estados emocionales aversivos es mediante su "etiquetamiento". Un estudio ha analizado cómo se comporta el cerebro de personas con altos y bajos niveles de mindfulness cuando se enfrentan a la tarea de etiquetar imágenes que representan estados emocionales negativos. Creswell y su equipo  (2007) encontraron que en los participantes con altos niveles de mindfulness se observaba una fuerte asociación inversa entre la activación de algunas áreas del córtex prefrontal y la amígdala durante la tarea de etiquetado emocional, que no fue observada en aquellos que presentaban bajos niveles de mindfulness. Este resultado apuntaría a que el mindfulness se asocia a una mayor eficacia en control de la actividad de la amígdala por parte del córtex prefrontal cuando el sujeto desarrolla una tarea de identificación de emociones.



¿Qué aporta la psicología cognitiva sobre la práctica de mindfulness?

Desde la ciencia cognitiva se proponen mecanismos cognitivos mediadores como la conciencia metacognitiva (Teasdale et al., 2002), procesos de repercepción (Shapiro et al., 2006) o mediadores atencionales como la modulación del foco atencional (Carmody, 2009). Las prácticas entrenadas en midfulness (intención, atención y actitud) conducen a un incremento de la disposición hacia el estado de midfulness, es decir, hacia una mayor claridad y objetividad a la hora de acercarnos a las experiencias internas y externas momento a momento. La práctica de mindfulness incrementa la habilidad para mantener de forma estable un foco de atención intencional, en contraposición con el automatismo desencadenado por la reactividad emocional.
En el estudio realizado por Jha A.P. y colaboradores (2010) sobre la memoria de trabajo - un tipo de memoria de corto plazo en la que interviene la corteza prefrontal, sede de las funciones ejecutivas- se analizó el impacto de un programa de entrenamiento en mindfulness sobre la capacidad de la memoria de trabajo y la experiencia afectiva. El funcionamiento de la memoria de trabajo es clave en el afrontamiento de situaciones de alta demanda cognitiva –como ocurre en el estrés- y en la regulación de emociones. La memoria de trabajo tiene una capacidad limitada y el esfuerzo de regulación emocional puede agotarla, produciendo respuestas inadecuadas. En esta investigación se encontró que la práctica de mindfulness mejoraba la capacidad de la memoria de trabajo, lo que a su vez explicaba el menor nivel de afectividad negativa presente en los participantes que habían sido entrenados en ella. 

Para finalizar, la evidencia sugiere que la práctica de mindfulness puede impactar positivamente conductas de salud a través de sus efectos cognitivos, afectivos y psicofisiológicos; además, se asocia con una mayor flexibilidad conductual en condiciones que con anterioridad  producían una rigidez conductual desadaptativa, por ejemplo, en conductas de evitación fóbicas y otro dato a destacar es el análisis de mecanismos neurobiológicos como la neurotransmisión y la actividad hormonal, algunos estudios apuntan a cambios en los niveles de dopamina, serotonina, melatonina, cortisol y norepinefrina que estarían asociados a la meditación.




Lo que sí podemos afirmar es que la práctica de mindfulness puede ser altamente beneficiosa en términos de bienestar subjetivo: "una vida más plena y centrada en el aquí y ahora". 





Fuentes de Información: 

Mª ÁNGELES RUIZ FERNÁNDEZ, MARTA ISABEL DÍAZ GARCÍA y ARABELLA VILLALOBOS CRESPO. Manual de Técnicas de Intervención Cognitivo Conductuales, Ed. Desclée De Brouwer, UNED. Tercera Edición 2013.
ISBN: 978-84-330-2535-7

Se citan en el manual: 

  1. KabaT-Zinn, J. (1994). Wherever you go, there you are: mindfulness meditation in every day life. NY: Hiperion.
  2. KabaT-Zinn, J. (1990). Full catastrophe living. How to cope with stress, pain and illnesusing mindfulnessmeditation. NY: Piadkus.
  3. Brantley. J. (2007). Calming your anxious mind. Oakland CA, New Harbinger Publications. (Traducción al castellano: Calmar la ansiedad. Barcelona: Oniro, 2010).
  4. Bishop, S.R. (2002). What do we really know about Mindfulness-Based Stress Reduction? Psychosomatic Medicine, 64, 35-43.
  5. Simón,V. (2007). Mindfulness y Neurobiología. Revista de Psicoterapia 66/67,5-30.
  6. Fletcher, L.B., Shoendoerf, B. y Hayes, S.C. (2010). Searching for mindfulness in the brain: A process-oriented approach to examining the neural correlates of mindfulness. Mindfulness, 1, 41-63.
  7. Siegel, D.J. (2007). The mindful brain: Reflection and attunement in the cultivation of well-being. NY: W.W. Norton.
  8. Cahn, B.R. y Polich, J. (2006). Meditation states and traits:EEG, ERP, and neuroimaging studies. Psychological Bulletin, 132, 180-211.
  9. Teasdale, J.D. (1988). Cognitive vulnerability to persistent depression. Cognition and Emotion, 2, 247-274.
  10. Carmody, J. (2009). Evolving conceptions of mindfulness in clinical settings. Journalof Cognitive Psychotherapy, 23, 270-280.
  11. Shapiro, S.L., Carlson, L.E., Astin, J.A. y Freedman, B. (2006). Mechanisms of mindfulness. Journal of Clinical Psychology, 62, 373-386.
  12. Ditto, B., Eclache, M. y Goldman, N. (2006). Short term autonomic and cardiovascular effects of mindfulness body scan meditation. Annals of Behavioral Medicine,32, 227-234.
  13. Gresson, J.M., Rosenzweig, S., Vogel, W.H. y Brainard, G.C. (2001). Mindfulness meditation and stress physiology in medical students. Psychosomatic Medicine, 63, 158.
  14. Benson, H. y Klipper, M.Z. (1975). The relaxation response. NY: Harper Collins. 


Otras fuentes:


  • Jha, A. P., Stanley, E. A., Kiyonaga, A., Wong, L., & Gelfand, L. (2010). Examining the protective effects of mindfulness training on working memory capacity and affective experience. Emotion, 10(1), 54.
  • Herwig, U., Kaffenberger, T., Jäncke, L., & Brühl, A. B. (2010). Self-related awareness and emotion regulation.Neuroimage, 50(2), 734-741.
  • Ives-Deliperi, V. L., Howells, F., Stein, D. J., Meintjes, E. M., & Horn, N. (2013). The effects of mindfulness-based cognitive therapy in patients with bipolar disorder: a controlled functional MRI investigation. Journal of affective disorders, 150(3), 1152-1157.
  • Creswell, J. D., Way, B. M., Eisenberger, N. I., & Lieberman, M. D. (2007). Neural correlates of dispositional mindfulness during affect labeling. Psychosomatic Medicine, 69(6), 560-565.







lunes, 9 de noviembre de 2015

De las neuronas a la educación.


Stanislas Dehaene es profesor del Collège de France e investigador destacado en el campo de la Neurociencia Cognitiva. En su libro El cerebro lector se recogen las últimas novedades sobre la lectura, enseñanza, aprendizaje y dislexia desde la perspectiva de la neurociencia.


"La adquisición de la lectura es un paso muy importante en el desarrollo de un niño. Y muchos niños tienen que hacer grandes esfuerzos al comienzo para aprender a leer. Son necesarios años de mucho trabajo antes de que la maquinaria del cerebro que es la base de la lectura funcione de forma tan aceitada que nos olvidemos de que existe.

La meta reconocida de las neurociencias es describir cómo los componentes elementales del sistema nervioso conducen a las regularidades que pueden observarse en la conducta de niños y adultos (incluidas las habilidades cognitivas avanzadas).

¿Por qué la lectura es tan difícil de dominar? ¿Qué modificaciones profundas en el circuito cerebral acompañan su adquisición? ¿Existen estrategias de enseñanza mejor adaptadas al cerebro del niño que otras? ¿Qué razones científicas, si es que hay alguna, explican por qué el método fonético –la enseñanza sistemática de la correspondencia de letras con sonidos– parece funcionar mejor que la enseñanza de palabras completas?

La lectura ofrece uno de los bancos de pruebas más apropiados para el enfoque “neurocultural”. Cada vez entendemos mejor cómo sistemas de escritura tan diferentes como el chino, el hebreo o el inglés se inscriben en nuestros circuitos cerebrales. En el caso de la lectura, esto nos permite trazar con claridad vínculos directos entre nuestra arquitectura neuronal innata y nuestras habilidades culturales, pero esperamos que este enfoque neurocientífico se extienda en el futuro a otros ámbitos importantes de la expresión cultural humana."

Estos son algunos de los aspectos de los que trata el autor en su libro. Es una vía más para no olvidar que el cerebro puede aportar mucho a la educación e investigar sobre su funcionamiento nos puede ayudar a avanzar en la educación individual dentro de un contexto cultural y social común.



Fuente de información:
Dehaene, Stanislas El cerebro lector: Últimas noticias de las neurociencias sobre la lectura, la enseñanza, el aprendizaje y la dislexia.- 1ª ed.- Buenos Aires: Siglo Veintiuno Editores, 2014. 448 p.; 23x16 cm.- (Ciencia que ladra... // Serie Mayor, dirigida por Diego Golombek) Traducido por María Josefina D’Alessio ISBN 978-987-629-358-7 1. Neurociencias. I. D’Alessio, María Josefina, trad. CDD 616.8 Título original: Reading in the Brain © 2009, Stanislas Dehaene © 2014, Siglo Veintiuno Editores Argentina S.A.

sábado, 28 de diciembre de 2013

La Neurociencia y el cerebro adolescente.




-La Neurociencia pretende comprender el funcionamiento de los procesos cerebrales subyacentes a las conductas, como la sensación, el aprendizaje y las emociones-




“La neurociencia estudia el funcionamiento cerebral desde un punto de vista multidisciplinario, esto es, mediante el aporte de disciplinas no excluyentes como la física, la química, la biología, la neurología, la genética, la informática, la psiquiatría y la (neuro) psicología. Todas estas aproximaciones, dentro de una nueva concepción de la mente humana, son necesarias para comprender los procesos mentales, particularmente los más complejos como la inteligencia, la conciencia, la personalidad o las emociones.” [Javier Tirapu Ustárroz, Neuropsicología - neurociencia y las ciencias "Psi" Cuad. neuropsicol. vol.5 no.1 Santiago  2011]

Dentro de la Psicología, la corriente biológica guía a los psicólogos que buscan las causas del comportamiento en la actividad de los genes, el cerebro y los sistemas nervioso y endocrino. Esta corriente admite que los fenómenos psicológicos y sociales se pueden entender en última instancia como procesos bioquímicos, por lo que, las experiencias y conductas se entienden en gran medida como resultado de actividades químicas y eléctricas que tienen lugar en y entre las células nerviosas. La conducta, por tanto, está determinada por estructuras y procesos básicos. 

Muchos investigadores que adoptan esta corriente biológica hacen contribuciones al campo multidisciplinario de las neurociencias de la conducta que pretenden comprender los procesos cerebrales de las conductas como la sensación, el aprendizaje y las emociones.


Profundizando más en la multidisciplinariedad de la neurociencia, es importante destacar el avance de las nuevas técnicas de imagenología cerebral que han desarrollado notables descubrimientos en el campo de las neurociencias cognitivas, interesadas en la investigación de las bases cerebrales de las funciones cognitivas superiores, como son la memoria, el pensamiento y el lenguaje.

En el periodo de la adolescencia nos encontramos ante una etapa de gran desarrollo neurohormonal que afecta a diferentes áreas cerebrales, sobre todo a las áreas prefrontales y cerebelosas, responsables del aprendizaje y de la adaptabilidad motriz. 

Existen diferentes áreas cerebrales cuyo cambio en la etapa adolescente podría implicar directamente la forma y contenido de la enseñanza escolar puesto que afectan directamente a funciones como, por ejemplo:

1- La maduración del striatum, muy orientada a regular los comportamientos motivacionales de premio y recompensa, tan importantes en los adolescentes, en los que el tiempo corre de diferente manera. 

2- La maduración del cuerpo calloso, que permite la mayor integración de las funciones entre ambos hemisferios.

3- El cerebelo contribuyendo a madurar todos los procesos de adaptabilidad del comportamiento motor, sea en actividades de movimientos globales de nuestros cuerpo sea en afinar los movimientos más complejos en orden a conseguir una conducta motriz compleja, como por ejemplo, tocar el piano. Existe un consenso cada vez mayor entre los científicos sobre la importancia del cerebelo en el aprendizaje y memoria motrices. 

4- El desarrollo masivo de la glándula pineal que conlleva una alteración del ritmo de sueño, que debería tenerse en cuenta sobre todo debido a los cambios hormonales de la pubertad lo que hace que el inicio del sueño se retrase (probablemente como consecuencia de una acumulación de oleamida, sustancia que tiene un efecto retardador sobre el inicio del sueño). 

5- Por último la maduración del córtex prefrontal que permitirá,por un lado, acceder a las funciones más complejas del ser humano (razonamiento, lógica, funciones ejecutivas, atención, etc.) y,por otro, regular la conducta emocional asociada a las situaciones sociales. 

La adolescencia es una etapa de la vida en la que los tiempos de descanso, reflexión y autocontrol serán de gran importancia para la asimilación y elaboración de la información y para que la poda neuronal de las sinapsis no utilizadas de las áreas anteriores tenga un resultado eficaz en el plano educacional. Es la etapa en la que un buen desarrollo cerebral afianzará de forma permanente los procesos cognitivos.




miércoles, 2 de octubre de 2013

Educar en emociones



La educación a la que se tiene que enfrentar una persona desde sus primeros contactos con la Educación Infantil y Primaria, pasando por la Educación Secundaria, Bachillerato e, incluso, estudios universitarios  hasta su vida profesional, es claramente deficiente. Deficiente en valores, deficiente en comprensión de las emociones, deficiente en puntos de vista, deficiente en humanización de los contenidos.


El modelo educativo actual basa todo la educación en el aprendizaje de ciertos modelos lógicos pertenecientes a las ciencias más puras y, además, la memorización y la repetición de decenas, centenares de líneas de información que convierten los cerebros de los alumnos (su memoria) en depósitos de datos completamente inútiles para hacer frente a la vida real.

Se les enseña a resolver problemas matemáticos durante años, pero en este proceso no aprenden a resolver sus conflictos existenciales, Se les enseña a hacer cálculos y a encontrar la solución óptima, pero la vida está llena de contradicciones, las cuestiones de la emoción no entran en el mundo de las cifras ni dan una solución exacta. Los niños y adolescentes, en las escuelas, aprenden a enfrentarse con hechos lógicos, pero no saben hacerlo con fracasos y errores.









La neurociencia, con el paso de los años y de las decenas de investigaciones en crecimiento sobre el intrincado conocimiento de el funcionamiento cerebral, ha llegado a afirmar que no existe el recuerdo puro del pasado, que lo que rememoramos siempre es reconstituido, indicando además que el único registro que se instala en la memoria es aquel que va acompañado de un estímulo emocional con una intensidad que no ha de ser necesariamente elevada. El conocimiento científico se ha multiplicado y el número de centros de enseñanza ha crecido como en ninguna otra época, pero la educación actual no está formando pensadores. La mayoría de los jóvenes, incluido los universitarios, acumulan montones de “piedras” pero construyen poquísimas ideas brillantes con ellas.




“No es casualidad que hayan perdido el placer de aprender, el aprendizaje ha dejado de ser una aventura agradable”

(Augusto Cury, 2007 – 17)









Dentro de este contexto también destaca el que la educación esté educando a los estudiantes exclusivamente para afrontar el éxito, se les enseña que todo lo que estudia tiene un fin: tener éxito en la vida, enmascarando detrás de este objetivo valores cómo el éxito rápido, el dinero, una buena casa, fama y otros tantos relacionados. Sin embargo, como todos sabemos, vivir una vida sin problemas es imposible, los fracasos superarán claramente en número a los éxitos a los que tendrán que enfrentarse, el sufrimiento bien enfocado en estas situaciones nos construye, el mal llevado destruye nuestra autoestima. Debemos usar el sufrimiento para construir sabiduría, debemos preparar a los jóvenes a lidiar con las decepciones.

Paralelamente a este proceso claramente deficiente en cuanto a la educación ofrecida a los estudiantes, se observa como la sociedad con los medios de comunicación seduce a los más jóvenes con estímulos rápidos ya elaborados, lo que Cury entiende como “Fast Food” emocional. Un joven en la actualidad necesita hacer muchas cosas para disfrutar tan solo un poco, los padres apuntan a sus hijos a decenas de actividades que ocupen todo su tiempo mientras que la compleja industria del ocio se encarga de mantenerlos entretenidos con información ya elaborada con la que no necesitan pensar. Este bombardeo de estímulos no es inofensivo, con el tiempo aumenta el umbral de placer en la vida real de los sujetos por lo que, inevitablemente, los adolescentes pierden el placer por los pequeños estímulos de la vida diaria. 

“Deberíamos tener la generación de jóvenes más felices que ha pisado la Tierra. Pero hemos creado una generación de insatisfechos” (Cury 2007 – 18). Con ello dejamos de lado la educación de las funciones más importantes de la inteligencia como contemplar lo bello, pensar antes de reaccionar, exponer y no imponer las ideas, administrar los pensamientos, tener espíritu emprendedor. Estamos informando a los jóvenes y no formando su personalidad. Los jóvenes raramente saben pedir perdón ni reconocer sus límites, por supuesto nunca aprenden a colocarse en el lugar del otro.

Como resultado de todo lo anteriormente comentado vemos como enfermedades como la depresión que antiguamente raramente afectaba a los niños, hoy en día se ceba con ellos y se pueden observar muchos niños deprimidos y sin gusto por la vida. No sólo es común detectar adultos estresados, sino también jóvenes y niños con frecuentes dolores de cabeza, gastritis, dolores musculares, sudor excesivo, fatiga constante de tipo emocional. Resultando de todo ello jóvenes que se internan en el mundo de las drogas tratando de encontrar en ellas estímulos rápidos que desencadenen placer instantáneo. Sin embargo los placeres instantáneos de estas destruyen la gallina de los huevos de oro de la emoción, les lleva a envejecer rápidamente respecto a las emociones.



El objetivo de educar en emociones a las nuevas generaciones está en manos de toda la sociedad,
de la demanda de estos contenidos a nuestros políticos,
a nuestras instituciones, a nuestros medios de comunicación. Sin embargo, donde más se puede hacer en este campo es en el ámbito doméstico y en el ámbito privado de cada profesor que imparte materia.








Cada cual es bien capaz de otorgarle un contenido emocional positivo a la convivencia en el mismo espacio vital que sus jóvenes, tanto en casa como en la escuela. No necesitamos de una inclusión institucional en los calendarios escolares, cada cual es bien libre de seguir pautas que hagan de la educación que ofrece una forma de entender las cosas más colorida, personal y humana. Si bien Augusto Cury, en su libro “Padres brillantes, maestros fascinantes” aconseja a los padres y a los profesores sobre cómo llevar a cabo este proceso que culmine en una riqueza emocional en los jóvenes a su cargo, es cuestión de cada persona el leerlas, comprenderlas, interiorizarlas y llevarlas a cabo.




Fuente de información:





Inteligencia Emocional

Psicología general y evolutiva 1º T.S.

VAZQUEZ RZ DE LARREA, Consuelo
BLANCO TEJEDOR, Aarón
CARRACEDO MATA,Andoni