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viernes, 25 de marzo de 2016

El estriado ventral, un "centro universal de la motivación”


La motivación guarda relación con la actividad del circuito de recompensa cerebral y la capacidad de poder imaginar los beneficios que obtendremos en el futuro ante el logro de un objetivo. Produce el impulso necesario para ponernos en acción y enfrentarnos a los desafíos que puedan presentarse.






El término estriado ventral hace referencia a los núcleos accumbens septi, porciones profundas del tubérculo olfatorio parecidas al estriado y partes ventrales del núcleo caudado y el putamen

Putamen (en color naranja),
Nucleo Caudado (en color purpura).












El núcleo caudado y el putamen son áreas involucradas directamente con el aprendizaje procedural y la flexibilidad cognoscitiva. El putamen parece desempeñar un importante papel en el aprendizaje a través de refuerzo.

Por otro lado, el estriado ventral está relacionado con el sistema límbico que es un sistema formado por varias estructuras cerebrales que gestionan respuestas fisiológicas ante estímulos emocionales y que guardan relación con la memoria, atención, emociones, instintos sexuales, personalidad y conducta.

Hay estudios que sugieren que el nucleus accumbens septi tiene una función relevante en la mediación de la recompensa y motivación. Un ejemplo es el estudio realizado por el equipo dirigido por Matías Pessiglione, investigador del Inserm en el "Centre de recherche en neurosciences de la Pitié Salpêtrière" (Inserm/UPMC-Université Pierre and Marie Curie/CNRS) quienes identificaron que es el estriado ventral la parte del cerebro que dirige la motivación durante las acciones que combinan el esfuerzo físico y mental.

"El estriado ventral puede conmutar las conexiones según la demanda, es decir, aumentar la actividad neuronal en el núcleo caudado para una operación cognitiva, o en el putamen para una acción física", explica Mathias Pessiglione. Es decir, el cuerpo estriado ventral es el que está conectado a la parte media del estriado (núcleo caudado) cuando la tarea a realizar es cognitivamente difícil y esta región ventral solicita la parte lateral del cuerpo estriado (el putamen) cuando la dificultad motora está relacionada. Por lo que se puede afirmar que la expectativa de una recompensa se codifica en el estriado ventral y que dependiendo de la tarea, puede conducir a la parte motora o cognitiva del cuerpo estriado.





Fuente de información:
Neural mechanisms underlying motivation of mental versus physical effort. 
Schmidt L, Lebreton M, Cléry-Melin ML, Daunizeau J, Pessiglione M
PLoS Biol. 2012 Feb;10(2), e1001266. [PDF].

Imágenes de Wikipedia.






martes, 12 de junio de 2012

El circuito de control cognitivo-emocional del adolescente.

Los correlatos neuronales del control cognitivo se desarrollan fundamentalmente de forma lineal de la infancia a la edad adulta, mientras que los correlatos de la motivación y la emoción tienen un patrón de desarrollo cambiable según las experiencias. Depende de las hormonas y éstas modifican el cerebro de forma distinta según la edad en que se realiza la exposición. Los datos sugieren una función importante de las hormonas en el procesamiento de las emociones y las relaciones sociales (Blaquemore, 2010), en la maduración del cerebro social.






Adolescente

En el cerebro adolescente la región emocional se activa mas.  

 
                                                                                    
Adulto
En contraste, en adultos la razón y el juicio se activan mayormente.





- Deborah Yerglund-Todd


Todo ser humano tiene dos formas de pensar y razonar: un componente analítico, deliberativo y un componente emotivo, intuitivo. Son dos diferentes modos del razonamiento que no sólo no son mutuamente exclusivos, sino que han de cooperar al mismo tiempo en la misma persona, integrados en el circuito de control afectivo-cognitivo. Sólo así se alcanza la madurez personal. Cada uno de ellos es predominante en diferentes etapas del desarrollo humano normal, que parte de la infancia, pasa por la adolescencia y continúa a lo largo de la vida adulta.

Durante tiempo se ha considerado que para que los adolescentes lleguen a ser "razonables" hay que enseñarles a razonar analítica y fríamente. Los estudios del equipo de Valerie Reyna (Reyna, 2008; Brainerd, 2008) les han permitido afirmar que en la infancia hay menos intuición, de la que se creía. Por el contrario predomina durante la infancia y adolescencia el razonamiento de repetición literal; es el enfoque analítico, que se basa en conocimientos de detalles recopilados mediante ejercicios rutinarios, y la memorización de hechos. El segundo estilo de razonamiento aparece más tarde con la madurez personal, se produce de forma inconsciente y depende sobre todo de la intuición que permite el entrar rápidamente al meollo de las cuestiones por despreciar los detalles que apartan del núcleo. Filtra lo esencial para poder tomar decisiones, a través de la propia experiencia, las emociones, y la concepción del mundo y la educación.

Esto explica la frecuencia de las conductas de riesgo de algunos adolescentes. Cuando una situación entraña riesgos para la salud o la vida las personas maduras no se ponen a deliberar sobre el grado de riesgo y la magnitud de los beneficios. Deciden con rapidez. En cambio, los adolescentes ante casos similares tardan más tiempo en llegar a la conclusión, y se enrolan en apuestas a la ruleta rusa, o conducir en dirección contraria, etc. Y esto no porque se consideren invulnerables, sino porque no tienen ajustados los sistemas de recompensa y por ello al tomar decisiones tienden a conceder más peso a los beneficios que a los riesgos.

Es lo que han puesto de manifiesto los estudios neurobiológicos:

a) durante la pubertad hay una gran respuesta emocional (Silk, 2009);

b) la capacidad de dilatar la gratificación a favor de una recompensa a largo plazo es la clave del desarrollo del comportamiento (Steinberg, 2009) y en la adolescencia existe una mayor susceptibilidad a la tentación de buscar recompensa inmediata;

c) una gran influencia de la motivación en el conocimiento (Somerville, 2010).

Estas características del comportamiento tienen como correlato neural circuitos del área del estriado ventral, del complejo amigdalino (Ernst, 2005 y 2006) del sistema límbico; y están regulados por la corteza prefrontal (Hare, 2005 y 2008). Múltiples estudios ponen en evidencia que ambas áreas del sistema límbico, además del hipotálamo e hipocampo, son moduladas por las hormonas gonadales (Cooke, 2005; Mueller, 2009).

Este pobre control cognitivo en la adolescencia coincide precisamente con el momento en que se producen las elecciones menos acertadas como sexualidad precoz y dependencia de drogas (Case, 2008; Eaton, 2008; Spear, 2000; Windle, 2008). Y tales experiencias tempranas atípicas inciden en el normal desarrollo funcional de los circuitos funcionales, conduciendo a un trastorno del equilibrio de maduración del cerebro. Justamente en esta etapa de la vida a medida que se va desarrollando la corteza cerebral, las experiencias de vida fortalecen las conexiones funcionales con la corteza y suponen un mecanismo de regulación hacia el sistema límbico (Hare, 2008).

En conclusión, el comportamiento del adolescente puede ser visto como una inestabilidad, una falta de equilibrio entre la maduración de las áreas subcorticales límbicas, sensibles a las hormonas, y la maduración de la corteza frontal que regula y controla las respuestas emocionales, de forma dependiente de la edad.

El desarrollo del circuito de control cognitivo-emocional cambia, o se refuerza, con el impacto de las experiencias relativas a diferentes personas y situaciones y que indudablemente contribuyen a cómo cada uno estabiliza su cerebro social.


 Por: Aránzazu Ibáñez


 Fuente de información:
Natalia López Moratalla
Neurobiología de la Adolescencia. El control del Circuito Afectivo-Cognitivo.
CLÍNICA Y ANÁLISIS GRUPAL Nº1 ENERO/ JULIO

jueves, 17 de noviembre de 2011

Primeros estudios sobre la posibilidad de adicción a los videojuegos.



El estudio, publicado en la revista Translational Psychiatry, es el primero en conectar la exposición frecuente a los videojuegos y las diferencias en la estructura y actividad cerebrales.

El Dr. Simon Kuhn de la Universidad de Gante en Bélgica y sus colegas en el Reino Unido y Alemania, analizaron los resultados de escáneres cerebrales de más de 150 adolescentes que juegan mucho o moderadamente.



El doctor Luke Clark, que investiga los juegos de azar en la Universidad de Cambridge afirma,


 “El estriado ventral es el núcleo del sistema de recompensa y pone a los videojuegos en la esfera de las adicciones”. 

“Sabemos que el cerebro puede cambiar en la edad adulta, pero el problema urgente es aclarar si el videojuego es la causa o el efecto del cambio, y todavía no hay respuesta para ello”


Datos del estudio:



  • El estudio centrado en adolescentes de 14 años de edad señaló que los que juegan con frecuencia tienen un mayor “centro de recompensa” en su cerebro que los que juegan menos frecuentemente.


  • Los escáneres cerebrales mostraron que los que juegan durante más de nueve horas a la semana producen más dopamina, la cual genera una “sensación de placer”.


  • Producen aún más este tipo de sustancia química cuando pierden el juego. Lo mismo ocurre con los jugadores patológicos, la cual es precisamente la causa que les impide detenerse a pesar de perder continuamente. 


  • Los videojuegos también tienden a reducir el tiempo de decisión –una habilidad clave para ser bueno en ellos-, lo cual es también una característica de los jugadores.


  • Los investigadores no saben si son los juegos los que han provocado el cambio en la estructura cerebral, o si es que las personas nacen con esa diferencia en la estructura cerebral y eso las hace querer pasar horas jugando.

No obstante, este descubrimiento es un primer paso crucial en la comprensión sobre los videojuegos y las adicciones, señalaron los investigadores.


Para obtener el artículo completo ingrese a:
http://www.nature.com/tp/journal/v1/n11/full/tp201153a.html

Aránzazu Ibáñez