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viernes, 25 de marzo de 2016

Las conductas de riesgo en la adolescencia




"La adolescencia está caracterizada por una serie de conductas, tales cómo altos niveles de toma de riesgo, elevada exploración, búsqueda de sensaciones y novedades, conducta social, elevada actividad y conductas lúdicas que, probablemente, promueve la adquisición de las habilidades necesarias para la maduración y la independencia. 

Estas conductas características pueden ser en ocasiones negativas para el individuo, es el caso de la toma de riesgo, la cual tiene una importante relevancia en el incremento del Índice de mortalidad desde la temprana adolescencia a la adolescencia tardía,  donde se producen un alto porcentaje de suicidios, homicidios y accidentes. Afortunadamente, esta toma de riesgo es transitoria para la mayoría de los individuos.

Aunque peligrosa, la toma de riesgo durante la adolescencia puede tener algunos beneficios, permitiéndole al adolescente explorar la conducta adulta, para llevar a cabo tareas de desarrollo  normal, y desarrollar y expresar dominio de cambios jerárquicos asociados con ciertas conductas. Aquellos individuos que tienden a llevar a cabo conductas de riesgo, aseguran que se sienten más aceptados por sus iguales y perciben la toma de riesgo como un reforzamiento."

En investigaciones realizadas con adolescentes en Estados Unidos encontraron que más del 90 por ciento de los adolescente tienen acceso a Internet y que alrededor de la mitad de ellos usan sitios de redes sociales, como MySpace y Facebook. Un 54 por ciento de los perfiles contenía información sobre conductas arriesgadas; 24 por ciento se refería a conductas sexuales, 41 por ciento a abuso de sustancias y 14 por ciento publicó información sobre violencia. El Dr. Dimitri Christakis, autor principal del estudio y director del Centro de salud, conducta y desarrollo infantiles del Instituto de investigación pediátrica de Seattle advierte, "Necesitamos crear maneras de enseñar a los adolescentes y a sus padres a usar internet de manera responsable".

La doctora Moreno, profesora asistente de pediatría de la Universidad de Wisconsin en Madison, sugirió que los padres pidan a sus hijos que les muestren sus páginas de MySpace o Facebook. "Los adolescentes seguro se resistirán, como ante muchas cosas como las horas de llegar a casa", advirtió. "Algunos padres piensan que es una violación de la privacidad, como leer un diario, pero en realidad es algo público".

Esta consecución de conductas de riesgo se relaciona con el síndrome de
conducta problema, consistente en un serie de conductas de riesgo y un decremento asociado en el mantenimiento de conductas saludables (Spear, 2000). 

La Teoría de Conducta Problema (Jessor y Jessor, 1977; Jessor, 1993) nos ofrece subsidios más específicos para comprender el comportamiento del desarrollo adolescente. Este modelo abarca elementos (o sistemas) tales como cognición, aprendizajes, relaciones interpersonales y constructos intrapersonales en sus relaciones socio-psicológicas, buscando explicar el porqué los adolescentes presentan determinados comportamientos de riesgo. Éstos engloban conductas que representan riesgo para la salud personal, conductas relacionadas a la delincuencia y de desadaptación escolar.

La Teoría de la Conducta Problema propone que las interrelaciones de los factores de riesgo dentro de cada sistema establece la probabilidad de ocurrir ciertos comportamientos problema. Esta teoría contribuye para la identificación de un fenómeno que podemos entender como de covariación entre los comportamientos de riesgo, también conocido como síndrome de comportamientos problema. En este sentido, se puede pensar que los adolescentes que desarrollan un tipo de comportamiento problema tienen mayor probabilidad de presentar una serie de ellos.

Conforme estudios de Caffray y Schneider (2000), los adolescentes que tenían mayor experiencia en comportamientos de riesgo estaban inclinados a sufrir más influencias de motivadores afectivos para la ejecución de comportamiento, así como desarrollaban más estrategias cognitivas para minimizar el pensamiento a cerca de las consecuencias negativas conocidas del comportamiento. Estos resultados indican que la experiencia previa en una conducta anterior facilita actitudes más favorables a la realización del comportamiento de riesgo. La actitud, por lo tanto, está relacionada con diversos factores, entre ellos podemos considerar que la conducta pasada tiene una fuerte relación con el comportamiento posterior. Asumimos que el éxito (o fracaso) en la realización de comportamientos de riesgo anteriores promueve la ilusión de invulnerabilidad y aumenta la probabilidad de ejecución del comportamiento posterior.

Las conductas de asunción de riesgo han sido siempre atribuidas a los cambios hormonales que ocurren en este período. Aunque varios estudios han podido determinar que el papel que desempeñan sobre la conducta adolescente es mínima. Por ello, y gracias a estudios científicos, la mirada se centra en los cambios neurológicos como influyentes en el surgimiento y mantenimiento de dichas conductas.

Hoy día sabemos que durante la adolescencia sigue habiendo desarrollo de algunas regiones cerebrales. Esto es apoyado por técnicas de resonancia magnética, que nos permiten observar una maduración tardía de ciertas regiones, principalmente en la corteza prefrontal.  Lo que los estudios revelan son un aumento de sustancia gris en un período prepubertad, seguido de un descenso durante la adolescencia, siguiendo una secuencia desde la corteza occipital a la corteza frontal. A su vez, el aumento progresivo de sustancia blanca durante dicho período, indica la mielinización tanto de las conexiones prefrontales como de las vías que las unen a otras zonas cerebrales (Oliva Delgado, 2007). 

Este desarrollo adolescente de la corteza prefrontal es muy importante, ya que dicha región está implicada en la autorregulación de la conducta y actúa como soporte de la función ejecutiva, pudiendo establecer una asociación entre el proceso de desarrollo cerebral y las conductas características de la adolescencia, como son la asunción de riegos y la búsqueda de novedades.

La inmadurez que posee el lóbulo frontal adolescente, hace que sean más vulnerables a cometer errores en el proceso cognitivo de planificación y formulación de estrategias, que requiere de una memoria de trabajo, pero ésta no ha completado su desarrollo aún durante la adolescencia. Además, dicha inmadurez va a influir en el error de perseverancia, que se pueden observar en la realización de aquellas tareas en las que una regla aprendida debe de ser modificada para ajustarla a las nuevas circunstancias, o a la interrupción de la conducta una vez alcanzado el objetivo. La capacidad para controlar e inhibir respuestas irrelevantes o inadecuadas va a depender igualmente de funciones también relacionadas con la corteza prefrontal, como la atención sostenida, aún en proceso de desarrollo durante la adolescencia.




Fuentes:


María Jesús Espárraga García

Máster en Salud Mental 2010-2011

Universidad de Almería/ Universitat Rovira i Virgili

http://repositorio.ual.es:8080/jspui/bitstream/10835/1094/2/PDF.pdf



Sheila Gonçalves Câmara

Jorge Castellá Sarriera

Comportamientos de riesgo entre jóvenes: el síndrome de la conducta problema




Los adolescentes divulgan conductas de riesgo en las redes sociales de internet
Dimitri A. Christakis, MD, MPH
Pediatrics-Inpatient
On staff since April 1998
Children's Title: Director, Center for Child Health, Behavior and Development







jueves, 20 de agosto de 2015

De Enseñar a Aprender a Enseñar a Pensar






APRENDIZAJE. Puede conceptuarse como un proceso interno de cambio resultante de la experiencia personal del aprendiz que incluye tanto las experiencias espontáneas u ocasionales del sujeto en el transcurso de la vida cotidiana, como las experiencias intencionales y sistemáticas que se producen, por ejemplo, en la lectura de un texto o resolución de un problema.


SIGNIFICATIVO. Constituye una forma de aprendizaje consistente en activar experiencias y conocimientos previos con los que se relaciona e integra el nuevo conocimiento, en un proceso que implica atribución de significado o comprensión de conceptos.


ESTRATEGIAS COGNITIVAS. Operan en los procesos de adquisición de nueva información entrante, su organización, recuperación o activación y utilización del conocimiento disponible en la memoria semántica. Las estrategias cognitivas conciernen a los procesos de regulación y control que gobiernan los procesos mentales envueltos en el aprendizaje y el pensamiento en general, como los procesos de atención, percepción, memoria, etc., afectando a una gran variedad de actividades del procesamiento de la información, con especial relevancia en el aprendizaje complejo. La conciencia explícita sobre lo que sabemos, pensamos o hacemos podría llamarse metaconciencia, y cada acto de conciencia intencional y reflexiva sobre algún conocimiento podría denominarse en general "metacognición".


 ESTRATEGIA METACOGNITIVAS. Constituyen "capacidades auto-reguladoras", recursos y aptitudes dirigidos a la autodeterminación de objetivos, autoobservación y autorefuerzo. A través de actividades de ajuste de la conducta, sentido de responsabilidad, técnicas de autocontrol, autorregulación del estrés, técnicas de autoverbalización... La estrategias cognitivas y metacognitivas se aprenden implícitamente; pero, también pueden y deben ser aprendidas y enseñadas explícitamente. El alumno eficiente es precisamente el que se autoevalúa en su actividad de aprendizaje, y sobre la base de sus limitaciones y errores es capaz de ajustar su proceso de aprendizaje. 


        ACTITUD es una predisposición o tendencia a la acción, vinculada a cierta valoración de un objeto, persona, hecho, situación o actividad, con la propensión a actuar conforme a aquella. Implica estados mentales adquiridos que ejercen influencia en la elección de la acción personal. La adquisición, modificación o cambio de actitudes constituye una importante faceta del aprendizaje humano, ya que las actitudes aparecen involucradas en distintas manifestaciones del pensamiento y la conducta.


         HABILIDADES EJECUTIVAS DE ORDEN SUPERIOR. Son procesos cognitivos superiores encargados de manejar la tarea académica, el comportamiento y la moral del individuo. Entre los aspectos o tipos de funciones ejecutivas se pueden enumerar la memoria de trabajo, la planeación, organización, la fluidez, flexibilidad, automonitoreo, control inhibitorio, la atención, entre otras. Sin la participación de estas habilidades, se muestran muy poco transferibles a tareas distintas las denominadas habilidades de estudio (sistemas, técnicas, métodos de estudio) que representan el apartado más mecánico y conductual de las estrategias de aprendizaje.


           ENSEÑAR A PENSAR. La enseñanza de aprendizaje de orden superior es el “enseñar a pensar”. El interés máximo reside en implantar y desarrollar en los estudiantes un conjunto de habilidades cognitivas que les permitan optimizar sus procesos de razonamiento y a tomar conciencia de sus propios procesos y estrategias mentales (metacognición), para así poder controlarlos y modificarlos, mejorando el rendimiento y eficacia en el aprendizaje individual, y por extensión en cualquier actividad intelectual. La enseñanza sobre la base del pensar, se ocupa de incorporar objetivos de aprendizaje relativos a las habilidades cognitivas, dentro del curriculum escolar, adoptándolas a las distintas áreas de contenido y a los diferentes niveles educativos. (Monereo C. 1990)


Tama (1986) identifica tres áreas de atención educativa:

1- enseñar a pensar, implantar y desarrollar en los estudiantes un conjunto de habilidades cognitivas. 

2- enseñar sobre el pensar, para que el estudiante tome conciencia de sus propios procesos y estrategias mentales (metacognición).

3- enseñar sobre la base del pensar, incorporando objetivos de aprendizaje relativo a las habilidades cognitivas.

          Cuando el profesor trata de transmitir unos conocimientos no sólo está instruyendo sobre el qué de la materia en cuestión (conceptos, procedimientos, principios y valores), sino que simultáneamente está mostrando el cómo tratar y presentar/representar este contenido para ser aprendido. El alumno en una situación de aprendizaje individual, es probable que al enfrentarse a una tarea trate y represente la información para “autoenseñarsela” de forma similar a como procede su profesor. Por esta razón, cuando un educador subraya los vínculos relevantes que existen entre las ideas, emplea una enseñanza por descubrimiento en la que exige del alumno un esfuerzo de comprensión apropiado a su capacidad y próximo a sus conocimientos previos y trata de incentivar la correcta elaboración de los procesos de resolución, estará favoreciendo la interiorización de estrategias de aprendizaje de cariz activo y comprensivo. 

           Enseñar a pensar, sobre el pensar y sobre la base del pensar es un enfoque de aprendizaje profundo, en el que se prima la significatividad de las relaciones entre los elementos del contenido a través de sistemas de representación más próximos a la estructura de la materia en cuestión (redes semánticas, mapas conceptuales, diagramas de flujo, modelos, guiones), y lo que es más importante, sustituye el intento de reproducir las formas de interpretación del profesor por una interpretación más personal e idiosincrásica de la información. Aprender significa “dar significado” para que el aprendizaje sea profundo y duradero y por ello requiere una visión personal del sujeto que aprende. El aprendizaje profundo y duradero que requiere atención y concentración.


         LA ATENCIÓN. “La atención es concentración de la actividad mental” (Matlin, 2002, p. 51). Implica concentración en una actividad mental, como la de atender a una explicación oral, la lectura de un párrafo del texto o una conversación. El esfuerzo, energía mental o recursos cognitivos se centran o concentran en el procesamiento de estímulos informativos provenientes de la explicación, el texto u otra persona. Ello implica que de los múltiples estímulos susceptibles de ser percibidos y atendidos se realiza una selección de determinados estímulos específicos auditivos o visuales, excluyendo todos los demás que interfieren el procesamiento de aquellos: ruido exterior, objetos del entorno, dureza del asiento, temperatura, etc.


            ACTIVACIÓN COGNITIVA. La atención entraña activación, en la puesta en marcha y mantenimiento de los procesos cognitivos de procesamiento de la información. Como actividad energetizadora y direccional, constituye el “mecanismo de activación o alertamiento de los procesos cognitivos” (Fdez Trespalacios, 2004, p. 303). A la activación cognitiva como función primaria de la atención subyace el fenómeno que supone activación del sistema de receptores (arousal), en virtud de un estado del sistema nervioso central que implica alertamiento o vigilancia y comporta atención intensa y sostenida.


           LA FUNCIÓN SELECTIVA DE LA ATENCIÓN. Dada la limitada capacidad del sistema cognitivo, no es posible atender, de modo eficaz, a varias cosas al mismo tiempo, por lo que la función selectiva es inherente a la atención. Por tanto, atender a algo significa activar los procesos cognitivos en determinada dirección, selectivamente, con concentración en cierto conjunto de estímulos informativos o actividad específica. Por tanto, la activación como función primaria de la atención está vinculada a la función selectiva de la misma.

Las personas disponen de la capacidad de cambiar la atención de un estímulo, objeto, escena o actividad a otra, de modo deliberado y consciente, por lo que el procesamiento de la información parece estar bajo el propio control y no únicamente motivado por el estímulo. Sin embargo, junto al procesamiento cognitivo atento, consciente, controlado por la atención, otro tipo de procesamiento se realiza de modo no consciente o automático. (García Sevilla, 1997). La activación de procesos cognitivos focalizados o enfocados selectivamente a determinado aspecto de la realidad o su representación, constituye una condición indispensable para un efectivo aprendizaje específico. Es importante que los profesores conozcan bien los efectos sobre el aprendizaje de las deficiencias de atención, transitorias o duraderas.


CONCENTRACIÓN. La atención implica concentración de mayor o menor intensidad, siendo más o menos persistente o duradero el enfoque del estímulo informativo o actividad. "Buen ejemplo de atención intensa y persistente es la concentración de niños y adolescentes ante la pantalla de juegos electrónicos, con evidente activación o alerta respecto de los procesos de percepción y la acción, con notoria inhibición a otros estímulos del entorno." El modo en que el sujeto se centra y activamente se concentra en algo pone de manifiesto la intensidad de la atención. Con el término intensidad se alude al grado de atención prestada. Un alto grado supone mayor activación y se manifiesta en el nivel de concentración en determinados estímulos o actividades, con inhibición respecto de lo demás.


LA PERSISTENCIA, habitualmente ligada a la intensidad, se refiere a la duración o continuidad de la atención en el objeto o la tarea, correspondiendo a la denominada atención sostenida. La breve duración, con cambios frecuentes indica una atención oscilante, que afecta a la efectividad del aprendizaje (puede ser síntoma de una significativa deficiencia, como en el caso de los sujetos con el síndrome de deficiencia de atención). La persistencia de la atención es un importante factor en cualquier situación de aprendizaje por ello es importante que esté basada en exposiciones orales, en presentaciones visuales, actividades manipulativas o actividades de descubrimiento guiado, en el laboratorio, el aula o el campo. 

En el aprendizaje, la atención se produce, pues, con grados distintos de intensidad y persistencia. Atención intensa significa lo opuesto a atención superficial y difusa. Atención sostenida es lo opuesto a atención inestable, inconstante u oscilante de unos estímulos a otros. En efecto, el aprendiz puede decidir prestar atención a un objeto u otro, seguir atendiendo al mismo o pasar a atender a otro, estando la atención controlada por el sujeto. Sin embargo no siempre ocurre de este modo, por lo que se alude, aunque, a veces, con escasa precisión, a atención intencional o voluntaria y a atención automática o involuntaria. Los docentes disciernen fácilmente cuándo decae la atención prestada y cómo el estado de inquietud de los escolares advierte de los efectos de la fatiga, de notoria incidencia en la atención. 


FACTORES QUE INFLUYEN EN LA ATENCIÓNEn la atención influyen distintas variables o factores, externos e internos, favoreciendo, o no, la activación, enfoque, concentración y persistencia en determinados objetos, escenas, hechos o tareas. Unos factores conciernen al objeto y otros al sujeto, siendo decisivos los vínculos o relaciones entre unos y otros. Se señalan como factores externos de la atención los concernientes a la configuración y las cualidades o propiedades del estímulo informativo u objeto, como tamaño, posición, fondo circundante, diferenciación, contraste, luminosidad, intensidad, novedad, cambio o movimiento, etc. Entre los factores internos, concernientes al sujeto, cabe señalar las expectativas, motivos e intereses personales, incluyéndose la curiosidad como motivación biopsíquica, cuan impulso natural a la exploración del entorno.


            LAS EXPECTATIVAS del alumno son un importante factor en la función activadora y selectiva de la atención. Lo esperado, como componente anticipatorio, incide en lo presente o actual, influyendo significativamente en la atención, así como en la percepción y la cognición en general. Vale la pena destacar la importancia de hacer explícitos los propósitos o intencionalidades, de modo que el alumno sea consciente de los verdaderos objetivos del propio aprendizaje, que confieren sentido al trabajo y comportamiento escolar. Prolijas exposiciones pueden propiciar que resulte difícil para el aprendiz captar el eje del discurso docente, la línea argumental y sus secuencias, sin comprender hacia dónde se camina, qué se espera de él, cuáles han de ser los resultados, qué ha de ser fundamentalmente atendido procesado y retenido. 

La investigación didáctica ha mostrado que los interrogantes previos al desarrollo de la unidad de aprendizaje resultan particularmente efectivos en lo concerniente a hechos y conceptos concretos; mientras que los formulados posteriormente muestran cierta superioridad en lo relativo a aspectos generales, comprensión global y captación de relaciones. (Hamaker, 1986; Lorch, 1995).

          Los docentes experimentados recurren a distintas modalidades de comunicación no-verbal para destacar aspectos relevantes y canalizar la atención discente en la dirección apropiada. A tales efectos emplean:


  • La modalidad paralingüística con factores temporales (pausas o silencios intencionales, cambios de ritmo) y manifestaciones vocálicas (intensidad, tonos, acentos) e incluso vocalizaciones expresivas (suspiros, carraspeos, sonrisas). 
  • La modalidad kinésica que comprende posturas corporales, movimientos de las manos, gestos, expresiones faciales o el contacto visual mediante la dirección y persistencia de la mirada o desviándola.
  • Por último, la modalidad proxémica incluye el uso del espacio, con intencional alejamiento o aproximación a los alumnos o alguno de ellos. 

La atención actúa de modo continuado, aunque con diversos modos y grados de consciencia, estabilidad e intensidad. Cuando un estudiante no atiende a los estímulos docentes se dice también que está “despistado”, en cuanto que no sigue esa pista, por hallarse en la pista de otros. Una de las funciones sustanciales de la acción docente consiste en contribuir a que el alumno siga la pista pertinente, reconduciéndole a la misma, en la dirección a los objetivos del aprendizajePero, no siempre resulta tarea fácil, se trate del niño, con atención poco estable, o del adolescente, frecuentemente atraído por su emergente riqueza interior.


El seguimiento y apoyo en el ámbito escolar requiere medidas adaptativas, individualizadas, que canalicen la propia energía personal mediante procedimientos que requieren actividades motrices, como el subrayado selectivo de los textos, asignación de funciones de colaboración en gestión en el aula, biblioteca, laboratorio, actividades deportivas, etc. 

          La enseñanza eficaz es de por sí motivadora y nuestro objetivo primordial como educadores debe ser intentar alcanzar esa primera fuente de motivación para el aprendizaje que es el afán natural por saber y que suele adoptar la forma de curiosidad, la cual resulta motivadora a su vez para nuevos aprendizajes. 


Por: Aránzazu Ibáñez.

Fuentes de información:



RIVAS NAVARRO MANUEL. Procesos cognitivos y aprendizaje significativo.            Aplicaciones a la mejora de la calidad de la Educación Primaria y Secundaria                    Obligatoria. Documentos de Trabajo de la Inspección, 19. Consejería de Educación, Juventud y Deporte - Subdirección General Inspección Educativa. Libro en papel.             Madrid, 2008. ISBN/ISSN: 978-84-451-3132-9. DL: M-21186-2008.  Digital (2,79 Mb) 


Con referencias de: 

TAMA, M. "Thinking Skills: A return to the Content Area Classrom"- Comunicación presentada en el "Meeting of the International Reading Association", Filadelphia, Abril 1986.
En MONEREO CARLOS (1990) Las estrategias de aprendizaje en la educación formal: enseñar a pensar y sobre el pensar. Infancia y Aprendizaje, Universidad Autónoma de Barcelona, P. 3-5.

MATLIN, M. W. (2002) Cognition. 5ª ed. Orlando, Harcourt College Publishers. P. 51.

FERNÁNDEZ TRESPALACIOS, J. L. (2004) Procesos psicológicos básicos. Madrid, Editorial Sanz y Torres. (6ª ed.) P. 309.

GARCÍA SEVILLA, J. (1997) Psicología de la atención. Madrid, Síntesis.

HAMAKER, C. (1986) The effects of adjunct questions on prose learning. Review of Educational Research, 56, 2, 212-242.

LORCH, R. F. y LORCH, E. P. (1995) Effects of organizational signals on text-processing strategies. Journal of Educational Psychology, 87, 4, 537-544.


domingo, 4 de marzo de 2012

¿Los padres castigan a sus hijos o son los padres los castigados?


El castigo es una forma de cortar un comportamiento que no se puede pasar por alto. Su objetivo es pretende dar respuesta a una situación grave que pone en riesgo al adolescente. Los castigos pueden ser eficaces si se utilizan correctamente pero no deben usarse como medio habitual para corregir la conducta. No es la forma principal o única para hacer frente a las malas conductas.



Estatua de padre e hijo, Gustav Vigeland,
Parque Vigeland Noruega.


En primer lugar, hay que tratar de utilizar la comunicación con los adolescentes. Hay que escucharlos y llegar a un acuerdo, ver las consecuencias de su mala actitud y tomar como una lección la situación generada por la mala conducta para que no se vuelva a realizar. Suponiendo que no exista riesgo de que se repita la situación, entonces la comunicación será suficiente y no habrá necesidad de la disuasión adicional que el castigo puede proporcionar. 

El psicólogo norteamericano Carl Pickhardt indica su libro “Stop the screaming", cómo los adolescentes han dejado en el pasado las discusiones sin sentido con sus padres y han comenzado a elaborar estrategias de acuerdo a la personalidad de éstos para chantajearlos y conseguir lo que quieren.

El castigo no sólo proporciona negatividad a una relación tensa temporalmente, sino que puede provocar que sea el propio adolescente el que castigue a los padres.

Pickhardt entrevistó a más de 1.000 padres y adolescentes estadounidenses y concluyó que hay un cambio en la táctica que emplean los jóvenes para conseguir lo que quieren. Antes no llevaban consigo más que el argumento del “derecho a salir” en cambio ahora estudian minuciosamente a sus padres. Estos preparan la forma de actuar y hablar según la personalidad de cada progenitor: lo ignoran, lo critican o lo adulan. Y consiguen así el deseo de turno. “Los padres llegan a agobiarse con este desgaste emocional y se sienten vulnerables”, explica Pickhardt. Los adolescentes ponen a prueba a los padres y evalúan su capacidad de consecuencia, tolerancia de la frustración y contención.

En la adolescencia, la independencia de los padres es vital. Eso les da “un liderazgo especial entre los amigos, porque alcanzan el mayor anhelo adolescente: hacer lo que quieren o probar todas las experiencias”, dice Pickhardt.

La manipulación no es la estrategia base para alcanzar cosas, según Pickhartd y explica que todo es parte de un proceso de descubrimiento de cómo se mueve el mundo y los chicos en él durante la adolescencia. El problema es cuando creen que la extorsión emocional es la única manera de llegar a un fin. “Eso en su vida adulta les hace daño e incluso podrían llegar a ser violentos psicológicamente con sus parejas”, afirma este psicólogo.

Por otro lado, los padres deben impedir que su vulnerabilidad emocional influya en las decisiones respecto de su hijo. Un camino para ello es que se adelanten al “escáner” que los adolescentes hacen y compartan, por ejemplo, sus miedos con la familia. Miedo al fracaso, a que no los quieran o que no los respeten. “Así se le quitan argumentos al hijo para que pueda chantajear emocionalmente”, dice Pickhardt.

Tampoco es aconsejable que sean los padres quienes chantajeen al hijo. La clave es predicar con el ejemplo, pues usar el chantaje para resolver un conflicto puede ser resultado de incomunicación familiar. Pickhardt advierte que si los hijos se acercan a los padres sólo para chantajearlos en la búsqueda de un permiso es un signo de algún mal funcionamiento familiar. Por eso, los padres deben ser flexibles: sentarse con ellos y decirles: “Tu pataleta no va a cambiar mi actitud, pero estoy abierto a escuchar lo que te pasa”.

Finalmente, dejo reflejadas algunas de las personalidades de los padres que los hijos más comúnmente identifican como manipulables:
  1. Padre/madre adulado/a. Cuando al adulto le importa en exceso la aprobación, el hijo sabe que adulando a su padre conseguirá lo que quiere. Si no lo consigue bastará una pataleta que prive al adulto de la admiración. Comúnmente la estrategia se inaugura con frases como “¡guapo/a!” o “¿cómo te ha ido el trabajo?”, que preceden a la petición.
  2. Sensible al rechazo. Con un adulto sensible al rechazo, el adolescente actuará ofendido o agraviado. El chantaje emocional funciona cuando el adulto no soporta que el hijo actúe como si no lo quisiera. Aquí los “nunca” (nunca me escuchas) y los siempre (siempre te enojas) que se usan en la infancia se perfeccionan.
  3. Con tendencia a la culpabilidad. Ante un adulto con tendencia a la culpabilidad, el adolescente expresa sufrimiento actuando de manera triste y usando frases que no concuerdan con la expresión emocional que la acompaña: “No importa” con cara de “es lo peor que me ha pasado”. El adulto complace al hijo porque se siente responsable de su infelicidad.
  4. Intimidado/a. Si un adulto es tímido, el adolescente puede expresar explosividad al hablar en voz alta usando insultos y gritos o actuar amenazante como si fuera a perder el control. El chantaje emocional funciona cuando el padre cede al sentir temor de que su hijo se altere y él se vea sobrepasado al no poder controlarlo.

Aránzazu Ibáñez

Fuentes:

Carl Pickhardt, Ph.D., is a psychologist in Austin, Texas.
His most recent books are: The Connected Father, The Future of Your Only Child, and Stop Screaming.
http://carlpickhardt.com/welcome.html
http://www.psychologytoday.com/blog/surviving-your-childs-adolescence/200901/adolescent-is-not-child


Libro revela cómo enfrentar el chantaje emocional de los hijos, Lissette Fuentes. Diario digital La Tercera.

http://diario.latercera.com/2010/03/07/01/contenido/16_25862_9.html