Mostrando entradas con la etiqueta lóbulo. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta lóbulo. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de julio de 2012

La corteza prefrontal y la regulación de la conducta adolescente


Las facultades mentales que dependen del lóbulo frontal son la capacidad para controlar los impulsos instintivos, la toma de decisiones, la planificación y anticipación del futuro, el control atencional, la capacidad para realizar varias tareas a la vez, la organización temporal de la conducta, el sentido de la responsabilidad hacia sí mismo y los demás o la capacidad empática.





En los adolescentes, la inmadurez del lóbulo frontal les hace más vulnerables a fallos en el proceso cognitivo de planificación y formulación de estrategias, que requiere de una memoria de trabajo que no está completamente desarrollada en la adolescencia (Swanson, 1999).

También influirá en los errores de perseverancia, que son frecuentes en los adolescentes que realizan tareas en las que una regla aprendida debe ser modificada para ajustarla a las nuevas circunstancias, o en la interrupción de la conducta una vez alcanzada la meta perseguida. Estas limitaciones pueden justificar la rigidez comportamental que suelen mostrar muchos chicos y chicas, sobre todo en los primeros años de la adolescencia.

La capacidad para controlar e inhibir respuestas irrelevantes o inadecuadas va a depender igualmente de funciones también relacionadas con la corteza prefrontal, como la atención sostenida, aún en proceso de desarrollo durante la adolescencia (Klenberg, Korkman y Latí-Nuuttila, 2001; León- Carrión, García-Orza y Pérez-Santamaría, 2004).

El papel que desempeña la corteza prefrontal, concretamente la ventromedial, en la toma de decisiones, da indicios de la mayor impulsividad e implicación de los adolescentes en conductas de riesgo relacionadas con la sexualidad, el consumo de drogas o los comportamientos antisociales.

Más allá de ese control de la función ejecutiva, algunos estudios recientes han encontrado evidencia sobre la implicación de la corteza prefrontal en otras capacidades relacionadas con la cognición social, tales como la autoconciencia (Ochsner, 2004), la empatía, la adopción de perspectivas o la teoría de la mente (Frith y Frith, 2003). Así, estas funciones también van a experimentar un claro avance durante la adolescencia, lo que va a favorecer en el adolescente un comportamiento interpersonal cada vez más avanzado.

Si la corteza prefrontal dista mucho de haber madurado por completo al inicio de la adolescencia es de esperar que las facultades que dependen de ella presenten algunas limitaciones en ese momento, pero que vayan mejorando con el avance de la adolescencia. En este sentido, tal como habían descrito Inhelder y Piaget (1955), la competencia cognitiva del adolescente experimenta un desarrollo importante durante los años de la adolescencia temprana y media, y muchas de las habilidades arriba mencionadas habrán alcanzado en la adolescencia media un buen nivel de desarrollo.

Ciertamente, las habilidades de razonamiento lógico de los adolescentes de 15 años son comparables a las de los adultos, y en la mayoría de estudios se han observado pocos cambios a partir de esa edad, especialmente en la percepción de los riesgos derivados de algunas conductas o en la evaluación de los costes y beneficios de algunas actividades (Steinberg, 2005).

Sin embargo, a pesar de los avances en competencia cognitiva y en la toma de decisiones detectados en la mayoría de estudios, los chicos y chicas que atraviesan la adolescencia media y tardía mantienen su preferencia por la búsqueda de nuevas sensaciones y continúan implicándose en muchas conductas de riesgo (Reyna y Farley, 2006).

La inmadurez de la corteza prefrontal en la adolescencia, sobre todo en su etapa inicial, y la impulsividad que lleva asociada contribuyen a explicar la mayor implicación en conductas de riesgo durante este periodo. Pero hay también otros factores adicionales que contribuyen al comportamiento arriesgado de muchos adolescentes.

Como apuntan muchos estudios el candidato a desempeñar ese papel que ha recibido un mayor apoyo empírico es el circuito mesolímbico relacionado con la motivación y la recompensa, que experimenta cambios importantes en la adolescencia temprana como consecuencia de los incrementos hormonales asociados a la pubertad. Este circuito utiliza la dopamina como principal neurotransmisor e incluye las proyecciones desde el area tegmental ventral al cuerpo estriado (núcleo accumbens y núcleo caudado), a las estructuras límbicas (amígdala) y a la corteza orbito-frontal (Burunat, 2004). Su activación como consecuencia de la implicación del sujeto en ciertas actividades recompensantes como la comida, el sexo o el consumo de drogas, provoca una liberación de dopamina, especialmente en el núcleo accumbens, que genera una intensa sensación de placer y motiva al sujeto a la repetición de dichas actividades. Se trata de un circuito neuronal esencial para el aprendizaje, puesto que contribuye a la vinculación entre una conducta y sus consecuencias (Chambers, Potenza y Taylor, 2003).

Si la activación del núcleo accumbens representa el sustrato de los procesos de recompensa y de las conductas de aproximación, la de la amígdala lo sería del aprendizaje evitativo ante situaciones aversivas y asociadas a emociones negativas (Ernst, Pine y Hardin, 2006). Este circuito evitativo, complementario al anterior, supone un freno conductual que evita al sujeto los daños derivados de su implicación en un determinado comportamiento.

Estudios que han empleado técnicas de resonancia magnética con humanos mientras realizaban tareas de toma de decisiones, en las que los sujetos podían obtener recompensas o experimentar pérdidas de diversas magnitud han encontrado una mayor activación mesolímbica, concretamente del cuerpo estriado, en adolescentes que en adultos ante la obtención o anticipación de recompensas (Ernst et al., 2005; Galvan et al., 2006; van Leijenhorst, Crone y Bunge, 2006), algo que habían hipotetizado Chambers et al. (2003). 

La maduración del circuito prefrontal es más lenta que otros cambios cerebrales, no se ve acelerada por los cambios hormonales de la pubertad y depende de la edad y del aprendizaje, no alcanzando su madurez hasta la tercera década de vida. Esto supone que la etapa templana de la pubertad es el momento en el que el desequilibrio es mayor, con un circuito motivacional muy propenso a actuar en situaciones que puedan deparar una recompensa inmediata y un circuito autoregulatorio que aún no ha alcanzado todo su potencial y, por ello, va a tener muchas dificultades para imponer su control inhibitorio sobre la conducta impulsiva.

Por otra parte, el adelanto que ha tenido lugar en la sociedad occidental en la edad a la que se inician los cambios puberales (Bellis, Downing y Ashton, 2006) conllevaría un mayor desequilibrio entre los dos circuitos cerebrales y, como consecuencia, una mayor incidencia de los comportamientos de riesgo durante la adolescencia. En efecto, la mayoría de estudios han encontrado una relación significativa entre la precocidad puberal y la mayor implicación en comportamientos de riesgo (Mendle, Turkheimer y Emery, 2007), aunque es evidente que en esta asociación influyen otros factores ajenos a los neurológicos.

El proceso de desarrollo neurológico no es independiente del contexto, y todas las actividades que chicos y chicas lleven a cabo durante estos años, tanto educativas como de ocio, contribuirán al modelado de su arquitectura cerebral. La adolescencia puede considerarse como un auténtico periodo sensible para el desarrollo de competencias (Chambers et al. 2003), lo que no quiere decir que no se mantenga una importante plasticidad cerebral durante los años posteriores (Blakemore y Frith, 2005).

Un entorno enriquecido y unas actividades estimulantes pueden favorecer la maduración de la corteza prefrontal y de las capacidades autorregulatorias, pero también habría que destacar el papel del afecto parental durante la infancia y la adolescencia.


Por: Aránzazu Ibáñez

Fuente de información:

Alfredo OLIVA DELGADO
Universidad de Sevilla
Desarrollo cerebral y asunción de riesgos durante la adolescencia

http://www.cop.es/delegaci/andocci/files/contenidos/VOL25_3_2.pdf

Cita de Swanson, H. L. (1999). What develops in working memory? A life span perspective. Developmental Psychology, 35: 986.




martes, 3 de abril de 2012

El hecho de tener amigos hace que tu cerebro cambie




La investigación llevada a cabo por científicos de la Universidad de Liverpool, sugiere que hay una relación entre el número de amigos que tenemos y el tamaño de la región del cerebro conocida como la corteza prefrontal orbital. Un nuevo estudio muestra que esta región cerebral es mayor en las personas que tienen un mayor número de amistades.




El estudio sugiere que tenemos que emplear un conjunto de habilidades cognitivas para mantener un número de amigos. Estas habilidades son descritas por los científicos como 'mind-reading', la capacidad de entender lo que otra persona está pensando y que es crucial para nuestra capacidad de manejar nuestro mundo social complejo, incluyendo la posibilidad de mantener conversaciones con otros . Este estudio, por primera vez, sugiere que nuestra competencia en estas capacidades se determina por el tamaño de las regiones principales de nuestro cerebro y en particular, el lóbulo frontal.

La investigación se llevó a cabo en el marco del Centenario de la Academia Británica dentro del proyecto 'Lucy to Language "  dirigido por el profesor Robin Dunbar de la Universidad de Oxford y en colaboración con la Dra. Joanne Powell, la Dra. Marta García-Fiñana en la Universidad de Liverpool, el Dr. Penny Lewis en la Universidad de Manchester y profesor Neil Roberts de la Universidad de Edimburgo.

La Dra. Joanne Powell, del Institute of Psychology, Health and Society, dijo: "Quizás el hallazgo más importante de nuestro estudio es que podemos demostrar que la relación entre el tamaño del cerebro y tamaño de la red social está mediada por herramientas mentales. Lo que esto nos dice es que el tamaño de tu cerebro determina tus habilidades sociales, y son éstas las que le permiten tener muchos amigos".

Otro estudio reciente muestran que hay una relación directa entre el número de amigos que una persona tiene en Facebook con el tamaño de ciertas partes del cerebro. No está claro si el uso de las redes sociales aumenta la materia gris o si las personas con ciertas estructuras cerebrales tienen más habilidad para hacer amigos, pero en un estudio realizado con 125 estudiantes universitarios de Londres se encontró un vínculo fuerte entre el número de amigos en Facebook y la cantidad de materia gris en ciertas partes del cerebro.
Este estudio también mostró que el número de amigos de una persona en Facebook guarda relación directa con el número de amigos en el "mundo real". "Hemos encontrado algunas regiones del cerebro que parecen interesantes para enlazar con el número de amigos que tenemos - tanto 'real' y 'virtual'", dijo el Dr. Ryota Kanai, uno de los investigadores del University College de Londres. "La pregunta interesante es si esas estructuras cambian con el tiempo. Esto nos ayudará a responder a la pregunta de si Internet está cambiando nuestro cerebro."

Concretando más en este tema una región en cuestión estudiada es la amígdala, que se asocia con la memoria y las respuestas emocionales. Las investigaciones han mostrado una relación entre el volumen de materia gris en la amígdala y el tamaño y la complejidad de las redes sociales del mundo real. La materia gris es el tejido cerebral que interviene en el procesamiento mental del cerebro.
Además, el surco temporal superior derecho tiene un papel en la percepción que puede ser alterada en el caso del autismo. El giro temporal medio izquierdo se asocia a la acción de "leer" las señales sociales, mientras que el complejo entorrinal III derecho se piensa que es importante en la memoria y la navegación.


Para finalizar, el profesor Geraint Rees de la UCL dijo que poco se sabe sobre el impacto de las redes sociales en el cerebro, lo cual ha dado lugar a especulaciones de que Internet es de alguna manera malo para nosotros. "Nuestro estudio nos ayudará a comenzar a entender cómo nuestras interacciones con el mundo están mediadas a través de las redes sociales", dijo. "Esto nos permitirá empezar a hacer preguntas inteligentes acerca de la relación entre Internet y Cerebro. Las cuestiones científicas y no las políticas"
Facebook, el mundo de la red social más popular, tiene más de 800 millones de usuarios activos en todo el mundo. El sitio permite a las personas mantenerse en contacto con amigos, desde un puñado hasta mil o más. El Dr. John Williams, director de Neurociencia y Salud Mental de la Wellcome Trust dijo: "No podemos escapar a la ubicuidad de Internet y de su impacto en nuestras vidas, pero entendemos muy poco de su impacto en el cerebro, lo que conocemos es su plasticidad y que puede cambiar con el tiempo.

"Este nuevo estudio muestra cómo las investigaciones bien diseñadas nos puede ayudar a comenzar a entender como nuestros cerebros están evolucionando a medida que se adaptan a los desafíos planteados por los medios de comunicación social".


Por: Aránzazu Ibáñez

Fuentes de información: 

El estudio se publica en la revista Proceedings de la Royal Society B .

"Internet puede estar cambiando el cerebro"
By Helen Briggs Health editor, BBC News website Por Helen Briggs Salud editor, sitio web de la BBC