jueves, 26 de abril de 2012

Estados emocionales cotidianos manifestados por adolescentes


La adolescencia ha sido considerada desde antiguo como una etapa de crecimiento emocional. Aristóteles describió a los jóvenes como seres "apasionados, irascibles, y propensos a dejarse llevar por sus impulsos" (citado por Fox, 1977). G. Stanley Hall escribió que "es un impulso natural propio de los adolescentes el experimentar estados vehementes y ardientes" (1904, Vol. 2, pág. 74-75). Descripciones similares de la veleidad o emotividad adolescente han sido formuladas por psicólogos sociales (Becker, 1964; Lewin, 1938), antropólogos (Benedict, 1938; Mead, 1928), psicoanalistas (Blos, 1961; Freud, 1937), novelistas (Spacks, 1981), y profesionales de la educación en las etapas elemental y de bachillerato (Eichhom, 1980). Laypersons (en una entrevista que le hicieron), Hess and Coldblatt (1957) y Musgrove (1963) también emplearon términos tales como "repulsivo", "inestable," y "violento" para describir al "arquetipo adolescente".

La hipótesis subyacente es que los adolescentes, probablemente a causa de los cambios fisiológicos, psicológicos y sociales que sufren en este periodo de edad, experimentan situaciones emocionales más extremas, sujetas a cambios más rápidos y que resultan menos predecibles que las experimentadas en las fases anteriores o posteriores de su desarrollo.

Para evaluar la hipótesis de si los adolescentes son emocionalmente menos estables que los preadolescentes, en un estudio se examinó los informes de un muestreo temporal realizado sobre menores cuyas edades estaban comprendidas entre los 9 y 15 años, en donde estos describían los estados emocionales experimentados en su vida diaria.

El grado de oportunidad para esta investigación era de tipo fenomenológico; estaban interesados en conocer la gama de estados emocionales que, en cada momento, niños y adolescentes, se atribuyen a sí mismos desde su "propia esfera consciente" (Harris & Olthos 1982).

Debe diferenciarse la hipótesis de la emotividad adolescente de la más amplia que afirma que la adolescencia es un periodo de inquietud o de "turbulencia y estrés," un punto de vista que hace ya tiempo que no goza de general aceptación (Adelsen, 1979; Petersen, 1988; Strober, 1986).

La teoría de la confusión afirma que la emotividad forma parte integrante del normal y hasta deseable desorden y cambio en la personalidad, característicos de la condición adolescente (Blos, 1961; Freud, 1937).

Los descubrimientos fruto de la investigación, no obstante, dejan claro que esta clase de perturbación no es normativa ni deseable. La gran mayoría de adolescentes manifiestan hacia su vida, sentimientos globalmente felices (Offer, Ostrov, & Howard, 1981). Los tipos de desórdenes psíquicos experimentados durante la adolescencia no son mayores que los sufridos en posteriores etapas de la vida (Rutter, Graham, Chadwick, & Yule, 1976), y el adolescente arquetipo no experimenta una ruptura en sus relaciones familiares (Hill & Holmbeek, 1986; Montemayor, 1986). Además, en los supuestos de confusión, la misma está asociada al hecho de haber empleado los peores ajustes en lugar de los que resultarían más adecuados a largo plazo (Dusek & Flaherty, 1981; Kohlberg, LaCrosse, & Ricks, 1974; Offer & Offer, 1975).

La general inexistencia de un estado de confusión entre la mayoría de quinceañeros, sin embargo, no refuta la teoría más específica según la cual los adolescentes son criaturas emocionales. Sigue vigente la posibilidad de considerar como elemento normativo propio de la experiencia adolescente la presencia de impulsos emocionales variados - incluyendo estados emocionales extremos tanto positivos como negativos (Sharp, 1980).

La investigación proporciona algunos indicios de que los adolescentes experimentan emociones más intensas en su vida cotidiana que los adultos. Larson, Csikszentrnihalyi y Graef (1980) recogieron datos de campo sobre las experiencias emocionales diarias. Emplearon localizadores electrónicos para indicar a los adolescentes y adultos elegidos que diesen cuenta de las experiencias subjetivas que sentían en diferentes momentos del día elegidos al azar. Encontraron que los estados de humor presentados por la muestra de estudiantes de bachillerato tenía un nivel de desviación superior al de la muestra de adultos. Los estados de humor medios de ambos grupos eran similares, lo que indica que la base de sus estados emocionales era parecida; no obstante, los adolescentes manifestaron extremos en un mayor número de ocasiones, tanto positivos como negativos.

Unos cuestionarios aportaban una evidencia adicional. Mostraban cómo los adolescentes y los adultos más jóvenes manifestaban emociones más extremas que los adultos de mayor edad. Los jóvenes estudiados por Diener, Sandvik, and Larsen (1985), con edades comprendidas entre los 16 y los 19 años, obtuvieron puntuaciones superiores en "intensidad afectiva" que los sujetos de mayor edad de las mismas familias.

La teoría de la emotividad predice un incremento en la varianza estadística de los estados de humor presentados en cada momento durante este periodo de edad.

En conclusión, fueron varios los hallazgos descubiertos que sugieren que el comienzo de la adolescencia no implica diferencias apreciables en la variación de los estados emocionales experimentados en la vida diaria.

En momentos elegidos al azar por espacio de una semana, los participantes en el estudio informaron sobre sus estados de humor cuando así les fue solicitado. En relación con los informes sobre la variación individual de los estados de humor de los chicos, no hubo tendencias significativas dentro del grupo de edades comprendidas entre los 9 y los 15 años.

Entre las chicas hubo una ligera y marginal diferencia por edades en relación con estas desviaciones estándar, previsible a la vista de las tendencias lineales por edad de tipo positivo que fueron encontradas respecto de dos elementos (que relacionaban el estado de humor con el afecto). Ni chicos ni chicas mostraron un incremento en la frecuencia de los estados extremos, positivos o negativos.

Semejantes hallazgos desafían la hipótesis de que la adolescencia es una etapa de enorme aumento de la emotividad.

Al mismo tiempo los datos no sugieren que tenga lugar una disminución de la emotividad proporcional a la edad; no muestran que entre la adolescencia y la edad adulta/madurez se produzca un declive de la volubilidad emocional, que algunos estudios habían encontrado.

La adolescencia, entonces, puede ser un periodo estacionario durante el cual la responsabilidad emocional de la niñez es sostenida y manifestada sin pasar por el prisma de la experiencia quinceañera, más sofisticado y similar al de los adultos.

Por último, es importante tomar en consideración cómo estos cambios guardan relación y pueden ser modificados por los diferentes niveles de desarrollo en el conocimiento de las emociones y la adquisición individual de estrategias para controlarlas y regularlas.

Por: Aránzazu Ibáñez


 Fuente de información:

Estados Emocionales Cotidianos manifestados por niños y adolescentes. Por Reed Larso , University of Illinois at Urbana-Champaign and Hospital Michael Reese y Claudia Lampman-Petraitis, Universidad de Loyola de Chicago. Traducido al español por Emilia Clara Argullós
http://www.inteligencia-emocional.org/aplicaciones_practicas/estados_emocionales_cotidianos_investigacion.htm

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