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jueves, 13 de septiembre de 2012

El placer de aprender

Para Judy Willis, neurocientífica e investigadora de la relación neurociencia-educación hay dos puntos relevantes para un óptimo aprendizaje:

  • En primera instancia, el estado de ánimo del alumno ó la predisposición que éste tenga hacia la captación de una información novedosa. Si el alumno está contento, la información recepcionada será aprendida con mayor facilidad, de lo contrario, las horas frente al profesor poco o nada habrán valido la pena.

  • En segundo lugar está la metodología empleada muy importante en la enseñanza porque depende en gran parte de la manera cómo el estudiante se predisponga para aprender.

Asimismo, se sabe que son las emociones las que conducen la memoria, esto significa que si las emociones son placenteras, el rechazo a información novedosa será menor, y por ende, el aprendizaje más efectivo.
Para la neurociencia al cerebro se le agiliza el aprendizaje mediante esquemas, mapas, gráficos y cualquier otra herramienta que permita la formalidad y el orden. La información mostrada de forma organizada y estructurada incorpora una actitud positiva para captar la atención del alumno. Dicha información se maximiza cuando ésta se relaciona con aprendizajes previos, es decir, vivencias personales que los alumnos tienen y que permiten entender mejor lo aprendido.

Estrategias para convertir la información en conocimiento. Cómo atravesar los filtros cerebrales que limitan el aprendizaje.



Todo lo que aprendemos llega a nuestro cerebro a través de los sentidos y es procesado, almacenado y activado a través de una serie de eventos eléctricos y químicos. Sin embargo, el cerebro no está equipado para procesar los millones de bits de información sensorial que lo bombardean por segundo. Hay obstáculos que toman la forma de filtros y protegen al cerebro de una sobrecarga de información, focalizando la atención sólo en la información sensorial crítica para la supervivencia.
 
El objetivo de una enseñanza exitosa es controlar el fluido de información que pasa a través del SAR ( el sistema de activación de la atención) de los alumnos para que, de este modo, la información más útil, la que se puede convertir en conocimiento, alcance las redes neuronales cognitivas superiores en los lóbulos prefrontales.


Sistema de Activación Reticular (SAR)
Podemos ayudar a nuestros alumnos a prestar atención a la información importante, llamando la atención de sus SAR. Dado que el SAR busca los cambios en el entorno, incorporando sorpresas y novedades en el aprendizaje a través de variaciones en los estímulos sensoriales (cambios en la voz, en el volumen, en el ritmo, cambios visuales en los colores, en el movimiento, tamaño y otros cambios táctiles) hacemos que la información en la cual los alumnos necesitan focalizarse les llame la atención.
R.A.D. by Judy Willis M.D., M.Ed.
Reach And Discover
http://www.radteach.com/

asociacioneducar.com
http://www.asociacioneducar.com/newsletter/julio2009/Descubriendo_julio2009.pdf

Por: Aránzazu Ibáñez

martes, 10 de enero de 2012

Creencias asociadas al consumo intensivo de alcohol entre los adolescentes




En las últimas décadas se está produciendo una homogeneización en toda Europa en el modo de consumir alcohol por parte de los jóvenes, siendo cada vez más frecuente la ingesta temprana de cantidades ele­vadas de alcohol, realizada durante pocas horas, principalmente en mo­mentos de ocio de fin de semana, con algún grado de pérdida de control y con períodos de abstinencia entre episodios (Anderson y Baumberg, 2006; Bloomfield, Stockwell, Gmel y Rehm, 2003; Calafat, 2007; Cortés, Espejo y Giménez, 2007, 2008; Espada, Méndez e Hidalgo, 2000; Farke y Anderson, 2007; Institute of Alcohol Studies, 2007; Kuntsche, Rehm y Gmel, 2004; OED, 2007). Para un considerable sector de la juventud, el beber se ha convertido en una búsqueda rápida del fin último de la embriaguez.

Este patrón de consumo ha sido denominado en la literatura anglosajona binge drinking. Concretamente, uno de cada seis adolescentes de 15 a 16 años (18%) afirman haber incurrido en un episodio de consumo intensivo (CI), atracón o binge drinking tres o más veces durante el último mes, porcentaje que se incrementa entre jóvenes de 24 años (de ellos un 22% lo realizan una vez por semana) (Anderson y Baumberg, 2006; Hi­bell, et al., 2007).

Datos similares se obtienen al evaluar a estudiantes españoles de ense­ñanzas secundarias de 14 a 18 años (OED, 2009). En este caso se observa una estabilización desde 1994 en el número de consumidores, aunque estos realizan consumos de mayores cantidades de alcohol, tal como lo demuestra el incremento del porcentaje de borracheras registradas (un 49.6% manifiesta haberse emborrachado en los últimos 30 días en 2008 frente a un 21.7% en 1994).

En cuanto al indicador de consumos en atra­cón, el 41.4% de los estudiantes que habían consumido bebidas alcohóli­cas en los últimos 30 días (38.3% chicas y 44.7% chicos) había ingerido al menos una vez durante ese período 5 ó más consumiciones y el 15.2% lo había hecho más de 4 veces durante el último mes.

Son varios los estudios que revelan que el consumo intensivo (CI) de alcohol durante la adolescencia puede
  • alterar el desarrollo del cerebro en proceso de ma­duración, repercutiendo tanto a nivel psicológico como comportamen­tal (Spear, 2002; Tapert, 2007; Winters, 2004).
  • Además, las alteraciones estructurales producidas en diferentes áreas, como el hipocampo o los lóbulos frontales permiten entender la presencia frecuente de lagunas de memoria, el enlentecimiento en el procesamiento de la información o la mayor dificultad que muestran estos jóvenes para fijar su atención en ta­reas concretas (Brown, Tapert, Granholm y Delis, 2000; Cadaveira, 2009; DeBellis et al., 2000).
  • Puede decirse que el CI de alcohol interfiere en el desarrollo de ca­pacidades básicas y esenciales que se adquieren durante esta etapa: el pensamiento abstracto, la lógica preposicional (capacidad para formar hipótesis y considerar posibles soluciones) y la metacognición (la capa­cidad de percibir y analizar los propios procesos de pensamiento).
  • Todas estas capacidades son esenciales para el logro de objetivos propios de esta etapa como la planificación del futuro profesional o la consolidación de un grupo de referencia reforzante a medio y largo plazo (Fernández, Calafat y Juan, 2004).
  • A todo ello hay que unir la frecuente asociación que se establece entre este tipo de consumo y accidentes de tráfico, con­flictos de trabajo, enfermedades de transmisión sexual, actividades de riesgo, infracciones, problemas con la policía, peleas, urgencias médicas e ingresos hospitalarios, entre otros (Anderson y Baumberg, 2006; Brown y D’Amico, 2000; Farke y Anderson, 2007; Navarrete, 2004; OED, 2009; O’Malley, Johnston, y Bachman, 1998; Rodríguez-Martos, 2007; Room, Babor y Rehm, 2005; Wechsler, Davenport, Dowdall, Moeykens y Casti­llo, 1994; WHO, 2007).

En cuanto a los efectos que los jóvenes esperan obtener por realizar un consumo de este tipo destacan principalmente,
  1.  las sensaciones agradables propias de un consumo moderado de alcohol, lo que no se corresponde con la realidad de su ingesta.El efecto más esperado, independientemente de la edad, es obtener un cambio en la relación con los demás -sentirse más hablador- y un estado de ánimo más alto -estar eufórico-.
  2. Por su parte, los adolescentes creen en mayor medida que el consumo de alcohol les permitirá: sentirse mejor; confiar más en sí mismos y asumir más riesgos. En líneas generales, parece ser que los adolescentes esperan mejorar al­gunas carencias personales.
  3. Algo similar ocurre al evaluar qué opinan acerca de las consecuencias psicosociales que pueden derivar de su ingesta. En este caso, destaca su escasa conciencia sobre la alteración que puede producirse en el rendi­miento escolar -nivel de concentración, recuerdo, atención...- o la mayor probabilidad de verse envueltos en altercados sociales -peleas, discusio­nes…- debido a la merma del proceso de toma de decisiones.
Basándose en todos estos conocimientos diferentes organismos inter­nacionales, entre los que se incluye la OMS, han solicitado que las ad­ministraciones elaboren, apliquen y evalúen estrategias y programas efi­caces para reducir las consecuencias sanitarias y sociales negativas del consumo nocivo de alcohol en atracón que realizan los jóvenes (Comisión Clínica PNSD, 2007).

Aránzazu Ibáñez
Fuente:

Health and Addictions / Salud y Drogas 2011, Vol. 11, nº 2, pp. 179-202