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sábado, 10 de enero de 2015

Un decálogo para mejorar la convivencia escolar y prevenir la violencia








1. Adaptar la educación a los actuales cambios sociales, desarrollando la colaboración a múltiples niveles.

En algunos de los casos de violencia protagonizados en los últimos años por niños y adolescentes, ampliamente divulgados por los medios de comunicación, se refleja que reproducen guiones imposibles de inventar en dichas edades, que disponen de una información para ejercer la violencia a la que hasta ahora no tenían acceso. Una de las tareas educativas para este siglo que empieza es inventar nuevas barreras que protejan a los niños y a los adolescentes de este nuevo riesgo de exposición a la violencia o de ser utilizados en ella.

Las crecientes dificultades que el profesorado describe en los últimos años, especialmente en el nivel de Educación Secundaria Obligatoria y en relación a la convivencia, refleja la necesidad de adaptar también este contexto a las exigencias de la sociedad actual.

Para lo cual hay llevar a cabo importantes innovaciones educativas tanto en la familia como en la escuela: redefiniendo los papeles a partir de los cuales se estructura la interacción educativa, dando a los adolescentes un papel más activo en su propia educación, y poniendo en marcha nuevos esquemas de colaboración entre ambas instituciones así como con el resto de la sociedad.


2. Reconocer las múltiples condiciones de riesgo de violencia.

Entre las condiciones de riesgo detectadas en los estudios científicos, y que suelen verse reflejadas en la mayoría de los casos de violencia escolar, cabe destacar: la exclusión social o el sentimiento de exclusión, la ausencia de límites, la exposición a la violencia a través de los medios de comunicación, la integración en bandas identificadas con la violencia, la facilidad para disponer de armas y la justificación de la violencia en la sociedad en la que se producen. Y faltan condiciones que hubieran podido proteger de dichos riesgos; como: modelos sociales positivos y solidarios, colaboración entre la familia y la escuela, contextos de ocio y grupos de pertenencia constructivos, o adultos disponibles y atentos para ayudar. La prevención de la violencia debería situarse en todos estos niveles, reduciendo las condiciones de riesgo e incrementando las condiciones de protección.

3. Mejorar el vínculo educativo, erradicar la exclusión y desarrollar el sentido del propio proyecto.

Para prevenir la violencia desde la escuela es imprescindible que el profesorado desarrolle su poder de referencia así como distribuir el protagonismo académico entre el alumnado. Para incrementar con ello lo que suele denominarse en distintos foros internacionales como empowerment. La escuela debe promoverlo favoreciendo que cada alumno/a defina y desarrolle sus propios proyectos escolares. Los procedimientos educativos participativos como el aprendizaje cooperativo en grupos heterogéneos, son de gran eficacia para conseguirlo.
Los resultados obtenidos al estudiar el acoso entre compañeros reflejan que los que se reconocen como agresores parecen haber vivido falta de protagonismo académico y que el aislamiento de las víctimas incrementa su riesgo. Resultados que apoya una vez más la importancia que la lucha contra la exclusión tiene para prevenir todo tipo de violencia, incluida la que puede producirse en la propia escuela. 

4. Superar el currículum oculto, incrementando la coherencia educativa.

Uno de los principales obstáculos que debe superar la educación hoy es lo que Jackson (1968) denominó currículum oculto. En función del cual se transmiten las expectativas asociadas al papel de alumno (sumisión, obediencia...) que entran en contradicción con los objetivos del currículum explícito (autonomía, capacidad crítica).

Las observaciones realizadas por Jackson sobre La vida en las aulas (1968) le llevaron a destacar tres aspectos básicos del currículum oculto existente en la escuela tradicional que conducen al aprendizaje de la sumisión y la heteronomía: 1)   La monotonía de la vida escolar. Los niños deben aprender a esperar, a tener paciencia, a permanecer inmóviles, durante largos periodos de tiempo, ignorando a sus compañeros. 2) La naturaleza de la evaluación educativa: su carácter no explícito, sus contradicciones y la imposibilidad de que el alumno pueda discutirla. 3) La fuerte jerarquización de la vida escolar y la concentración del control en el profesor. Los alumnos deben acostumbrarse a la diferencia de poder, sustituyendo los propios planes e iniciativas por los que el profesor impone.

El fuerte incremento de los problemas de indisciplina descrito en los últimos años, sobre todo por los profesores de secundaria, pone de manifiesto que el currículum oculto ha perdido eficacia como forma de control.

5. Desarrollar alternativas a la violencia reactiva e instrumental y romper la conspiración del silencio sobre la violencia escolar.

Para prevenir la violencia conviene diferenciar la que se produce de forma reactiva de la que se utiliza como un medio.

  • La violencia reactiva es como una explosión, que surge cuando se experimenta un nivel de tensión o de dificultad que supera la capacidad de la persona (o del grupo) para afrontarlo de otra manera. Origina más violencia al aumentar a medio plazo la crispación que la provocó; y cuando se refuerza por permitir obtener a corto plazo determinados objetivos, pudiéndose convertir así en violencia instrumental, sobre todo si se justifica y si se carece de alternativas para lograrlos de otra forma.

  • Las personas que utilizan la violencia instrumental, para alcanzar sus objetivos, suelen justificarla, dándole apariencia de legitimidad. Este tipo de violencia tiende a perpetuarse al impedir desarrollar otros procedimientos más complejos para conseguir lo que se pretende y al producir un alto nivel de crispación, provocando una serie de reacciones de violencia que contribuyen a legitimarla.
Para romper la conspiración del silencio sobre la violencia escolar hay que situar su tratamiento en contextos normalizados orientados a mejorar la convivencia, en los que las víctimas puedan encontrar la ayuda que necesitan sin ser estigmatizadas por ello y los agresores puedan recibir el tratamiento educativo disciplinario que les ayude a ponerse en el lugar de la víctima, entender lo destructiva que es la violencia, arrepentirse de haberla utilizado e intentar reparar el daño originado.


6. Favorecer una representación de la violencia que ayude a combatirla al reconocerla como la antítesis de la justicia.

El individuo violento suele creer que su violencia está justificada o es inevitable, y se ve a sí mismo cuando la utiliza como un héroe y a la víctima como un ser despreciable e infrahumano, inhibiendo la empatía. Así es más fácil emplear la violencia. La representación de una persona o un colectivo como inferior o como enemigo está estrechamente relacionada con su posible victimación.

Para favorecer desde la educación una representación de la violencia que ayude a combatirla conviene enseñar a rechazarla en todas sus formas y manifestaciones, al comprender la naturaleza destructiva que tiene la violencia no sólo para la víctima hacia la que se dirige sino también para quien la utiliza y para el sistema social en el que se produce.

Para lo cual conviene ayudar a comprender el proceso por el cual la violencia genera violencia, no como algo automático ni inevitable, sino como una consecuencia del deterioro que origina en las personas y grupos que la sufren y aplicar los esquemas de la vida cotidiana en los diversos contextos y relaciones en los que ésta se produce, prestando una especial atención a las formas de violencia más cotidianas y permitidas, como la violencia entre iguales.


7. Educar para la tolerancia y prevenir el racismo y la xenofobia.

Conviene tener en cuenta también la relación que suele observarse entre violencia y la forma tradicional de tratar la diversidad en la escuela tradicional, haciendo como si no existiera. Problema que puede explicar su escasa sensibilidad para combatir el acoso racista (humillaciones, generalmente verbales, asociadas a su identidad), que tienen alto riesgo de sufrir los alumnos de minorías étnicas, especialmente si están en desventaja académica o socioeconómica; problema que suele ser muy difícil de detectar para el profesorado y que, casi siempre, va más allá de las puertas de la escuela. Para prevenirlo, es preciso incluir el tratamiento del racismo en el currículum, dentro de programas globales que proporcionen experiencias de igualdad y ayuden a erradicar la exclusión.

Las investigaciones realizadas sobre el aprendizaje cooperativo en equipos heterogéneos reflejan la eficacia de la cooperación para favorecer la tolerancia y la integración de todos los alumnos: en contextos étnicamente heterogéneos (Díaz-Aguado, 1992), con alumnos de necesidades especiales (Díaz-Aguado, 1994); y con adolescentes que inicialmente tenían problemas de exclusión social (Díaz-Aguado, 1996).

8. Prevenir el sexismo construyendo la igualdad.

Como se analiza en el Manifiesto de la UNESCO contra la Violencia, incluido en nuestros programas como documento de trabajo, para hacer posible la violencia nuestros antepasados tuvieron que inventar otros productos culturales, que se han transmitido de generación en generación, como la intolerancia, creando una imagen del enemigo que inhibe la empatía, y al que habría que añadir el sexismo, que llevó a concentrar el entrenamiento para la violencia en los hombres, a los que adiestraron a inhibir la empatía, a no llorar, a no reconocer su debilidad; y entrenando a las mujeres para las actividades más sacrificadas y rutinarias, necesarias para la supervivencia del propio grupo(que sería imposible llevar a cabo con el entrenamiento de aquellos).

Las investigaciones sobre sexismo y violencia de género (Díaz-Aguado y Martínez Arias, 2001) reflejan que la tendencia a rechazar las creencias que conducen a la violencia en cualquier tipo de relación, incluida la que establecen entre iguales en la escuela, están estrechamente relacionadas con la tendencia a rechazar las creencias sexistas y de justificación de violencia contra la mujeres.

9. La colaboración entre la escuela, la familia y el resto de la sociedad

Para adaptar la escuela a los actuales cambios sociales y prevenir la violencia con eficacia es preciso poner en marcha nuevas y más estrechas formas de colaboración entre la escuela y la familia, incrementando la participación de los padres y las madres en la vida de la escuela. Para lo cual es preciso establecer nuevos esquemas de colaboración basados en el respeto mutuo (respecto al papel que cada agente educativo desempeña), orientando la colaboración hacia la búsqueda conjunta de soluciones para afrontar mejor un problema compartido: adaptar la educación a las exigencias de una sociedad en la que las dos principales instituciones educativas, caracterizadas hasta ahora por su aislamiento, ya no están ni pueden estar aisladas.

Además, es preciso que la escuela coopere de forma mucho más estrecha que hasta ahora con el resto de la sociedad, incluyendo en este sentido no sólo la cooperación ya mencionada con las familias, sino también con otros agentes sociales activos en los objetivos de la democracia (como las organizaciones no gubernamentales, las administraciones locales...) Lo cual equivale a reconocer, una vez más, que la falta de aislamiento de la escuela respecto al resto de la sociedad, no sólo es el origen de muchos de sus problemas actuales sino que puede ser también el origen de sus soluciones. Para hacer que la balanza se incline en esta segunda dirección es preciso incrementar y mejorar la colaboración de la escuela con el resto de esa sociedad de la que ya no puede estar aislada.

10. Poner a disposición del profesorado los medios que permitan adaptar la escuela a una situación nueva.

Conviene tener en cuenta en este sentido la necesidad de apoyar al profesor, facilitando que adquieran las habilidades necesarias para conseguirlo y creando condiciones que posibiliten la cooperación entre profesores; sin caer en la frecuente tendencia a sobrevalorar las posibilidades de los profesores para desarrollar objetivos muy complejos sin los medios necesarios, ni en la tendencia contraria, infravalorando la capacidad de unos profesionales para adquirir las habilidades necesarias que permitan adaptar la educación a las exigencias de la situación actual.


  
Para concluir, 

es preciso mejorar la convivencia
a través del
aprendizaje cooperativo.


Para mejorar la convivencia y prevenir la violencia desde la escuela es imprescindible incorporar innovaciones educativas que, adecuadamente aplicadas sobre cualquier contenido o materia educativa, pueden contribuir por sí mismas a desarrollar dichos objetivos, como son:

a. Discusiones y debates entre compañeros/as en grupos heterogéneos, sobre distinto tipo de conflictos (como los que se producen en el instituto, conflictos históricos o los que se reflejan en la prensa).

b. Experiencias de responsabilidad y solidaridad en equipos heterogéneos de aprendizaje cooperativo, en los que los alumnos y alumnas aprendan a investigar, enseñar y aprender con compañeros y compañeras que son al mismo tiempo iguales pero diferentes.

c. Experiencias sobre procedimientos positivos y eficaces de resolución de conflictos, a través de las cuales los y las jóvenes puedan aprender a utilizar la reflexión, la comunicación, la mediación o la negociación para defender sus intereses o sus derechos.

d. Y experiencias de democracia participativa, basadas en la creación de contextos que permitan conocer y compaginar diversidad de perspectivas y adoptar decisiones de forma democrática.



Fuente de información:



María José Díaz-Aguado
Catedrática de Psicología de la Educación, Universidad Complutense
CONVIVENCIA ESCOLAR, DISCIPLINA Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA





Aránzazu Ibáñez


viernes, 22 de noviembre de 2013

Pasos para mejorar el rendimiento académico



  • Para rendir al máximo debes primero haber retenido al máximo las explicaciones de clase tomando buenos apuntes, tener estos y todos tus materiales de estudio ordenados y al día.

  • Dedica un tiempo al estudio todos los días. Hora y media diaria en la ESO y tres horas en Bachillerato, aunque no se tengan deberes. Siempre se puede repasar la lección.

  • Ponte una hora fija en la que encuentres un buen ambiente de estudio. Parte de horarios de estudio ya planificados. No a las dilaciones. Las dilaciones se disfrazan de mil maneras:
                          "Un día más no importa, empezaré mañana"
               "No importa si empiezo unos minutos tarde, nadie es puntual"

  • Ten una habitación fija para trabajar. Sin teléfono, sin televisión, sin ordenador, sin radio, bien sentados con mesa apropiada, no se estudia en la cama, ni recostados en el sofá,... Debes estudiar en un sitio adecuado que te permita la concentración.

  • Tienes que tener una elevada motivación que te haga rendir al máximo cada minuto.

  • Ordena las tareas. El orden exterior, tener la mesa de estudio limpia y despejada, ayuda al orden interior, a la hora de memorizar, comprender. En el estudio-trabajo conviene empezar por la materia de mediana dificultad, se pasa a mayor dificultad y por último la de menor esfuerzo. Dedica mayor cantidad de horas a las asignaturas que sean más complejas y difíciles, aunque no sean tus preferidas

  • Es muy importante intercalar breves periodos de descanso cada hora de estudios (cinco minutos). Algún movimiento físico moderado puede ser muy recomendable.

  •  Diseña un plan con lo quieres alcanzar cada curso o cada año. Planifica el horario de cada semana y de cada día, intentando con fuerza cumplir el plan que te has trazado. Apunta bien los exámenes y trabajos. Lleva un diario en que apuntes todas las incidencia que sean importantes en el cumplimiento de lo que planificas. Procura que tu familia, amigos y compañeros te ayuden a respetar el Plan. Hazlo público. Propóntelo como un reto personal.


  • Felicítate por el trabajo bien hecho. Intenta pensar en positivo e ir construyendo nuevos hábitos sobre los logros que vayas alcanzando.

  • Desarrollar constancia y capacidad de esfuerzo. Son como un músculo que la práctica y ejercicio continuado los fortalece. Empieza por poco porque al principio te costará mucho trabajo concentrarte. Cada día añade un poco de tiempo más, hasta alcanzar el tiempo que necesitas para preparar bien tus asignaturas. Al final, lo harás como si nada... "sin esfuerzo".

  • Como última medida puedes contar con profesionales de la educación que te ayuden en el desarrollo de técnicas y apoyo en el estudio, siempre en caso de necesitarlo.

  • Para finalizar, ¿Quieres saber si eres un buen estudiante?
                               Cuestionario:
                               http://test-estudiantes.euroresidentes.es/como-estudiar.html

Por: Aránzazu Ibáñez

Fuente de información:
Blog de Euroresidentes.com
Cómo estudiar. Ideas para mejorar las técnicas y hábitos de estudio.

http://como-estudiar.estudiantes.info/



martes, 23 de julio de 2013

En la adolescencia saltarse el desayuno o peor aún, no desayunar ni almorzar es un gran error.

La importancia del desayuno.

Niños comiendo uvas.
Murillo
Un desayuno bien planificado asegura el aporte de nutrientes a través de los alimentos para afrontar el día con energía y no tener déficits de glucosa que repercuten negativamente en el rendimiento físico y escolar. Hay que tener en cuenta que el organismo lleva entre 10 y 12 horas sin recibir ningún alimento. Conviene que el adolescente se levante con tiempo y dedique los primeros minutos a las actividades de aseo y cuidado personal antes, para así generar sensación de hambre. Cualquier persona que realice un buen desayuno, mejorará su estado nutricional y también su rendimiento.

• Mejora de su estado nutricional: tomar un buen desayuno ayuda a tener ingestas más altas de la mayor parte de los nutrientes que el organismo precisa a lo largo del día. Los adolescentes que no desayunan suelen tener una dieta de peor calidad, mientras que quienes lo hacen adecuadamente, suelen hacer una dieta menos grasa, más rica en hidratos de carbono, fibra, vitaminas y minerales…

• Control del peso: la práctica de repartir las calorías durante el día en 4 ó 5 tomas hace que no se sobrecargue el resto de las comidas del día. Un desayuno adecuado, ayuda a reducir el contenido graso de la dieta diaria y contribuye a evitar que se pique entre horas, factor muy importante a la hora de controlar el peso.

• Rendimiento escolar, físico e intelectual: quienes no desayunan ponen en marcha una serie de mecanismos en el organismo (descenso de la insulina y aumento de cortisol, catecolaminas…) para mantener la glucemia en niveles aceptables. Estos cambios hormonales alteran o condicionan la conducta e influyen negativamente en el rendimiento físico y escolar. 

• No desayunar es una mala costumbre. Un buen desayuno debe contener raciones de los siguientes grupos de alimentos:

Cereales: pan, cereales, tostadas, galletas…
Lácteos: leche o yogur o queso u otros derivados lácteos sencillos.
Fruta o su zumo.
Otros: aceite de oliva virgen extra, jamón, mantequilla o margarina (con moderación), mermelada o miel, …

A pesar de todo lo expuesto, algunos adolescentes no son capaces de desayunar por distintos motivos, y por ello es muy importante que al menos almuercen, consiguiendo de este modo que se incluyan alimentos que son básicos para mantener un buen ritmo de crecimiento y desarrollo y para evitar la repercusión negativa del ayuno sobre el rendimiento tanto físico como intelectual.



El almuerzo.
... El almuerzo.
Velázquez

El almuerzo debe ser una parte habitual de la alimentación del adolescente, para evitar que transcurran muchas horas desde el desayuno hasta la hora de la comida. Igualmente conviene que no sea muy consistente para no quitar el apetito a la hora de la comida. Se recomienda seguir las siguientes indicaciones: asegurarse de que sea equilibrado (debe incluir fruta o zumo, algún lácteo o bocadillos tradicionales con jamón, fiambres de pollo o pavo, quesos suaves u otros embutidos no más de tres veces por semana) y se debe evitar el consumo, al menos cada día, de repostería o pastelería comercial u otros alimentos con mucha grasa y azúcar.

Variedad de almuerzos: dulces (a- pan con crema de chocolate y yogur de frutas, b- pan con queso y membrillo y fruta o zumo de brick, c- galletas y yogur de frutas, d- yogur con cereales y fruta o zumo de brick, etc.) o salados (a- bocadillo de fiambre, queso y fruta o zumo de brick, b- pan con tomate, aceite oliva, queso y fruta o zumo de brick, c-bocadillo vegetal con atún y fruta o zumo, etc.)



Por: Aránzazu Ibáñez



Fuente de información:
Fundación Eroski. Cómo alimentarnos según edad y tipo de trabajo.
http://trabajoyalimentacion.consumer.es/documentos/12-18/error.php

jueves, 13 de diciembre de 2012

La teoría de las Inteligencias Múltiples, Howard Gardner


La teoría de las inteligencias múltiples es un modelo propuesto por Howard Gardner, en el que la inteligencia no es vista como algo unitario, que agrupa diferentes capacidades específicas, sino como un conjunto de inteligencias distintas e  independientes.

Gardner, por un lado, amplía el campo de lo que es la inteligencia y reconoce que la brillantez académica no lo es todo. A la hora de desenvolverse en la vida no basta con tener un gran expediente académico. Por otra parte, define la inteligencia como una capacidad. Hasta hace muy poco tiempo la inteligencia se consideraba algo innato e inamovible.

Gardner identifica actualmente hasta un total de nueve tipos de inteligencias:



• Inteligencia lingüística: la que tienen los escritores, poetas, redactores… Utiliza ambos hemisferios.

• Inteligencia lógico-matemática: utilizada para resolver problemas de lógica y de matemáticas. Es la inteligencia que tienen los científicos. Se corresponde con el modo de pensamiento del hemisferio lógico y con lo que la cultura occidental ha considerado siempre como única inteligencia.

• Inteligencia espacial: permite construir un modelo mental del mundo en tres dimensiones. Es la inteligencia que tienen los marineros, pilotos, ingenieros, cirujanos, escultores, arquitectos, decoradores y diseñadores.

• Inteligencia musical: permite desenvolverse adecuadamente a cantantes, compositores y músicos.

• Inteligencia corporal-cinestésica: capacidad para utilizar el propio cuerpo para realizar actividades o resolver problemas. Es la inteligencia de los deportistas, artesanos, cirujanos y bailarines.

• Inteligencia intrapersonal: permite entenderse a sí mismo, detectar las propias emociones y gestionarlas. Se la suele encontrar en los buenos vendedores, políticos, profesores o terapeutas.

• Inteligencia interpersonal: es la que tiene que ver con la capacidad de entender a otras personas y trabajar con ellas. Se la suele encontrar en políticos, profesores, psicólogos y administradores.

• Inteligencia naturalista: utilizada cuando se observa y estudia la naturaleza, con el objeto de saber organizar, clasificar y ordenar. Es la que demuestran los biólogos o los herbolarios.
• Inteligencia existencial: permite la apertura a otras realidades supranaturales.

Una deficiencia del sistema escolar es que presta muy poca atención al desarrollo de algunas de estas inteligencias y de las capacidades asociadas a ellas.

Todos los seres humanos poseen las nueve inteligencias en mayor o menor medida. Todas las inteligencias son igualmente importantes; el problema es que el sistema escolar prioriza las dos primeras de la lista.



Por: Aránzazu Ibáñez


Fuente de Información:

Nieves Maya Elcarte y Santiago Rivero Rodrigo
Prólogo y Dirección Científica de Francisco José Rubia Vila
Conocer el cerebro para la excelencia en la educación
Editado por Innobasque – 2010
Agencia Vasca de la Innovación
Parque Tecnológico de Bizkaia

miércoles, 30 de mayo de 2012

Fobia escolar y ansiedad en los exámenes.

La fobia escolar consiste en la incapacidad total o parcial del adolescente de acudir al colegio como consecuencia de un miedo irracional a algún aspecto de la situación escolar.

1. Miedo persistente, desproporcionado e irracional a acudir al colegio que el niño no puede evitar.
2. La posibilidad de ir al colegio provoca una respuesta inmediata de ansiedad.
3. Síntomas neurovegetativos: cefaleas, gastralgias, palidez, náuseas, vómitos, mareos, malestar, que desaparecen los días de vacaciones.
4. La falta de asistencia al colegio tiene un carácter habitual y no se acompaña de comportamientos antisociales.
5. Los padres saben que el niño permanece en casa sin ir al colegio.


El grito, Munch 
1896

El temor irracional e insuperable a ir al colegio se relaciona a veces con alguna circunstancia concreta de la vida escolar, como temor a un profesor, a un compañero o a una asignatura. Otras veces es un miedo inespecífico, de carácter general, que se manifiesta en miedo a hacer el ridículo o a ser criticado. También, puede darse la circunstancia de que el adolescente no exprese de forma abierta el miedo a la escuela, pero la negativa a ir y el cortejo de síntomas que lo acompaña hace sospechar el diagnóstico (Mardomingo, 2004a; King y Bernstein, 2001).

La fobia escolar se da a cualquier edad, una vez que comienza el período de escolarización; no obstante, es más frecuente en los niños que en los adolescentes,   afectando por igual a ambos sexos y a todas las clases sociales. Es evidente que el concepto de fobia escolar va estrechamente unido a la implantación de la escolarización obligatoria y, por tanto, al concepto que la sociedad tiene de los niños y de su educación. Difícilmente puede darse este trastorno psiquiátrico en aquellos países donde el derecho de los niños a aprender y a educarse no existe, no digamos en aquellos en que el niño se incorpora desde los primeros años al trabajo y lleva una vida próxima a la esclavitud.

Tener que asistir al colegio produce en el adolescente una angustia intensa de carácter anticipatorio, por lo que tiende a evitarlo como sea. La crisis de angustia se presenta por las mañanas, justo antes de tener que salir de casa, o la noche anterior, o a lo largo de la tarde de la víspera, incrementándose a partir del anochecer. La angustia puede acompañarse de un amplio cortejo neurovegetativo con: vómitos, náuseas, diarrea, anorexia, dolores abdominales y cefaleas, que hace pensar a los padres que se trata de una enfermedad pediátrica. El niño permanece en casa con conocimiento de los padres que no logran llevarlo a pesar de hacer intensos esfuerzos.

Las dificultades para ir al colegio, suelen comenzar de forma gradual, con protestas poco intensas y búsqueda de pretextos para no ir, que se siguen de faltas esporádicas a clase que terminan en la más rotunda negativa a entrar incluso en el recinto escolar. Otras veces el comienzo es repentino, y los padres refieren alguna circunstancia que ha actuado como factor precipitante, por ejemplo, un pequeño traumatismo, una enfermedad pasajera, la hospitalización de un miembro de la familia, un cambio de colegio o de domicilio o la vuelta de unas vacaciones.

En los adolescentes suele darse un cambio lento pero progresivo del comportamiento, que se traduce además en dificultades para las relaciones sociales, tendencia al aislamiento y negativa a salir con los amigos, actitud hipercrítica hacia el mundo exterior, irritabilidad y discusiones con los padres que contrastan con actitudes previas de docilidad y sumisión.

Es muy frecuente en esta edad la sintomatología depresiva. La angustia intensísima de los días de clase contrasta con la desaparición radical de los síntomas los días de vacaciones en los que el alivio y bienestar del niño es evidente y se muestra contento y tranquilo. 

Ansiedad ante los exámenes

Es normal el estar un poco nervioso y estresado antes de un examen. Le ocurre a todo el mundo. Cierta dosis de ansiedad anticipatoria, de hecho, puede ayudar a ponerse manos a la obra y a mantener un rendimiento alto mientras se hace el examen. Pero en algunos estudiantes, esa ansiedad es sumamente intensa.

En los jóvenes estudiantes, la ansiedad puede producir síntomas: nerviosismo intenso, sentir un nudo en la garganta, molestias gastrointestinales, dolor de cabeza tensional, sudor o temblor de manos e incluso taquicardia. Un estudiante con ansiedad muy intensa ante los exámenes, puede hasta tener diarrea o ganas de vomitar.

Todo tipo de ansiedad es una reacción ante la anticipación de algo estresante. Al igual que cualquier otra reacción de ansiedad, la ansiedad ante los exámenes afecta al cuerpo y a la mente. Cuando una persona está bajo estrés, su cuerpo libera una hormona denominada adrenalina, que la prepara para reaccionar ante el peligro (lo que a veces se denomina reacción de "lucha o huída "). Esto es lo que provoca los síntomas corporales, como el sudor y la aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración. Estas sensaciones son de intensidad variable.

Tener un enfoque pesimista sobre lo que podría ocurrir, también alimenta la ansiedad de ejecución. Pensamientos como: "¿Y si me quedo en blanco?" o "¿Y si el examen es demasiado difícil?" ocuparán nuestra mente y pueden impedir que nos concentremos en lo que nos están preguntando. Las personas con ansiedad ante los exámenes también se pueden sentir estresadas por sus reacciones corporales y pensar cosas como "¿Y si vomito?" o bien "¡Oh no, me están temblando las manos!"

Como ocurre con cualquier otro tipo de ansiedad, esta ansiedad de ejecución crea un círculo vicioso: cuanto más se centra una persona en las cosas negativas, más se intensifica la ansiedad. Esto hace que nos encontremos peor y, al tener la mente llena de pensamientos negativos y miedos, más aumentan las probabilidades de fallar en el examen.


La ansiedad se puede convertir en un verdadero problema cuando un alumno se estresa tanto al hacer un examen que no puede controlar los nervios a fin de concentrarse en las preguntas del examen y dar lo máximo de sí mismo. De todas formas, el sentirse preparado para afrontar el reto puede ayudar a controlarla.

Aprovechar y utilizar el estrés a nuestro favor

El estrés es un mecanismo de aviso, una señal que nos alerta ante algo importante que va a ocurrir. Podemos utilizarlo en el propio beneficio: en vez de reaccionar ante el estrés amedrentándonos, lamentándonos o quejándonos por culpa del examen, podemos adoptar un enfoque activo y mucho más positivo. El estrés puede servirnos para recordar que debemos preparar bien el examen con antelación. De esta forma, evitaremos que el estrés nos domine. Después de todo, a nadie le estresa pensar sobre lo bien que le puede ir en un examen.
Los profesores, tutores o el psicólogo escolar pueden ser importantes fuentes de información, a quienes podemos acudir.

Preparar bien el examen

Algunos alumnos creen que lo único que necesitan para aprender la materia y hacer bien los exámenes es asistir a clase. Pero hace falta mucho más que eso. Son muy importantes los buenos hábitos y técnicas de estudio ya que, la "empollada" la noche antes del examen nunca permite obtener el nivel de comprensión profundo que se consigue estudiando regularmente, repasando en casa lo aprendido en clase. Es fácil comprobar que la ansiedad disminuye cuando existe un hábito de estudio regular en casa. Tiene sentido: cuanto mejor se domine la materia, obtendremos mayor sensación de seguridad en nosotros mismos y confiaremos en hacerlo mejor.

Si esperamos hacerlo bien, aumentará nuestra tranquilidad mientras realizamos el examen, tras los momentos iniciales de nerviosismo.

Controlar los pensamientos

La confianza en aprobar el examen, nos ayudar a relajarnos. ¿Qué ocurrirá cuando falle la confianza en un buen resultado? Hay que descartar los mensajes negativos que nos enviamos a nosotros mismos, ya que contribuyen a aumentar la propia ansiedad.

Aceptar los propios errores

También podemos hacer otra cosa: intentar relativizar los errores cometidos - sobre todo si somos muy perfeccionistas y tendemos a ser muy críticos con nosotros mismos. Todo el mundo comete errores, y los errores son "oportunidades de aprendizaje, formas de aprender".

Aprender a tolerar los propios errores - como el problema que no supimos resolver en el examen sorpresa de matemáticas - es una facultad muy valiosa.

Debemos cuidarnos

Hay métodos y formas para aprender a tranquilizarnos y a centrarnos frente a una situación que nos provoca nerviosismo y ansiedad. Un método efectivo y sencillo son las técnicas de respiración. Si practicamos con regularidad ejercicios de respiración, conseguiremos que nuestro cerebro capte esa práctica como una señal para aprender a relajarse.

Y, por supuesto, el cuidando de la saluddormir como mínimo 8 horas, practicar ejercicio físico y comer de forma saludable - ayudará a nuestra mente a rendir al máximo.

Todo aprendizaje requiere tiempo y práctica, y aprender a superar la ansiedad ante los exámenes no es diferente. Aunque no es algo que vaya a desparecer de la noche a la mañana, el hecho de afrontar y aprender a controlar la ansiedad ante los exámenes, ayudará a controlar el estrés, lo que puede ser de gran ayuda en muchas otras situaciones a lo largo de nuestra vida.

Por: Aránzazu Ibáñez


Fuentes de información

M.J. Mardomingo Sanz
Trastornos de ansiedad en el adolescente
Jefe de Psiquiatría y Psicología Infantil del Hospital G.U. Gregorio Marañón de Madrid.
Presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil

Educaydisfruta.com
Ansiedad ante los exámenes