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martes, 26 de enero de 2016

El bullying o maltrato y acoso entre niños y adolescentes es intolerable.


Supone una agresión gratuita, cruel y repetida de personas más fuertes o con más poder hacia otras personas más débiles o con menos poder real o percibido. Aunque este tipo de comportamiento es un subtipo de conducta violenta, no ha sido considerado tradicionalmente así. Tampoco ha sido motivo de queja en los centros educativos, entre los docentes, los padres o el mismo alumnado que la padece.









Según los datos de la investigación sobre incidencia y prevalencia, el bullying puede ser la forma más prevalerte de violencia en las escuelas y una de las formas de violencia que es probable que afecten a un mayor número de estudiantes.

El bullying o acoso e intimidación escolar se define como un abuso de poder sistemático, repetido y deliberado. Atenta contra el derecho de los niños y adolescentes a sentirse seguros en un entorno escolar socioafectivo positivo, afectando negativamente a su desarrollo psicológico y social.

El acoso, la intimidación y la amenaza forman parte de un continuum de victimización que puede iniciarse con las bromas a costa de otro, para ir minándole y socavándole a través de acusaciones, ridiculización, humillación, abuso, caza de brujas y terminar, en algún caso, en muerte por asesinato o suicidio. Este tipo de comportamiento tiene consecuencias importantes para el desarrollo a corto, medio y largo plazo para todas las personas que participan en el mismo.

Por ello es muy importante disponer de la información y de las estrategias necesarias para poder prevenirlo y, una vez iniciado, pararlo y ayudar a disminuir sus consecuencias emocionales, físicas y sociales en las personas afectadas.

Uno de los principales resultados de las diversas investigaciones llevadas a cabo sobre el acoso escolar a nivel mundial es, por una parte, el reconocimiento de su prevalencia en las escuelas (Smith et al., 1999; Orte, 2006a), y por otra, sus consecuencias para la salud a corto y largo plazo para las víctimas, quienes padecen esta situación de forma repetida durante una parte importante de su desarrollo.

Los comportamientos que adoptan los espectadores en situaciones de bullying han despertado mucho interés en las propuestas de intervención en la escuela primaria y secundaria dirigidas a este alumnado. La profundización en las causas de la escasa intervención de los espectadores, entre otras: la ausencia de normas y de comportamientos de apoyo en el contexto escolar, el temor a ser también victimizado, la valoración negativa de las víctimas o la falta de estrategias eficaces para intervenir, ha dado lugar al desarrollo de estrategias de apoyo a los iguales dirigidas a los espectadores, en concreto, a quienes observan el bullying, y desearían tener una parte más activa en su prevención.
  
Los espectadores están siendo objeto de interés en la investigación, con la finalidad de formarles para que adopten un rol más activo. El objetivo es implicarlos en comportamientos prosociales de ayuda a sus iguales víctimas de bullying. Con esa finalidad se ha desarrollado y evaluado un conjunto de acciones destinadas a fomentar el potencial de apoyo y ayuda del alumnado que, aunque no está de acuerdo con los agresores, no interviene para ayudar a las víctimas.

Es en este contexto en el que se forma y se da apoyo a este alumnado para que pueda ofrecer distintos tipos de apoyo, ayuda y colaboración a otros en situaciones de vulnerabilidad, como es el caso del bullying. Se trata de proporcionar el apoyo social necesario a nivel estructural y funcional, para que el alumnado víctima de bullying, participe de las redes sociales de ayuda, mejore la calidad de sus relaciones con sus iguales, y poder prevenir y/o reducir el impacto de estas conductas negativas.

El centro educativo puede contribuir en la mejora de las relaciones interpersonales fomentando la empatía y las relaciones positivas entre los grupos de alumnado, creando expectativas positivas de comportamientos de ayuda y formando al alumnado en respuestas de ayuda que permitan reforzar la autoeficacia personal en estas situaciones de acoso.

La intervención con los observadores es una cuestión prioritaria en el conjunto de las acciones que se lleven a cabo. Se deben poner en marcha programas cuyo objetivo sea motivar a los observadores para que ayuden a las víctimas. Los puntos en los que puede concretarse el trabajo a llevar a cabo invirtiendo los recursos en los observadores incluyen, en primer lugar, formar al profesorado.

Los puntos más importantes a llevar a cabo por parte del profesorado, son los siguientes (Rigby y Johnson, 2004):

1. Ayudar al alumnado a formular y expresar su propia forma de ver cómo deben comportarse los observadores, ayudándoles en la adquisición de las habilidades necesarias para poder ser de ayuda.

2. Animar a la expresión de respuestas empáticas hacia las víctimas.

3. Animar al alumnado a llevar a cabo comportamientos de ayuda y reforzarlos.

4. Enseñar al alumnado formas constructivas de actuación cuando observen comportamientos de acoso en el centro. Siguiendo la propuesta de Rigby (2003b), mediante discusiones abiertas sobre el comportamiento de los observadores ante distintas situaciones visualizadas a través de dibujos, fotos, películas, etc.

5. Identificar y debatir sobre aquellas situaciones en las que el alumnado esté de acuerdo en que intervenir puede ser peligroso, enseñándoles a pedir ayuda a otros.

6. Trabajar con el alumnado sobre las formas en las que el riesgo de intervenir pueda minimizarse, por ejemplo, haciendo afirmaciones que muestren que a uno le disgusta ese comportamiento, en lugar de implicarse físicamente en cualquier pelea, y animando a otros observadores a verbalizar también su oposición.

7. Ensayar con los estudiantes lo que deben decir cuando vean que el bullying tiene lugar llevando a cabo estrategias de juego de rol en situaciones simuladas como observadores.

8. Animar al alumnado a contar a la clase sus experiencias como observadores cuando hayan respondido de forma positiva en situaciones de bullying. Comentar con el alumnado los resultados de su conducta, reforzarla positivamente y explorar las dificultades y las posibles soluciones.

Este tipo de contenidos deben formar parte de estrategias más amplias de trabajo en las que se enseñe a los estudiantes a mostrar su desaprobación, contribuyendo a fomentar respuestas de ayuda entre iguales ante las agresiones.

Con esa finalidad se ha desarrollado y evaluado (Cowie, 2000; Naylor y Cowie, 1999; Cowie y Hutson, 2005) un conjunto de técnicas grupales en la misma línea comentada, pensadas para desarrollar el potencial de apoyo y ayuda del alumnado que, aunque no está de acuerdo con los agresores, no interviene para ayudar a las víctimas. En este contexto y de forma estructurada, se forma y apoya a este alumnado para que pueda ofrecer distintos tipos de apoyo, ayuda y colaboración a otros iguales en situaciones de vulnerabilidad y dificultad como es el caso del bullying.


Los principales tipos de ayuda entre iguales son los siguientes:

- La hora del círculo: con una frecuencia semanal, el alumnado comparte sus preocupaciones y sentimientos con los demás y, si es posible, busca alternativas para mejorar la situación.

- Compañeros amigos: voluntarios de la misma edad o mayores, entrenados en habilidades interpersonales, prestan su ayuda y amistad a otros estudiantes en riesgo de victimización.

- Mediación y resolución de conflictos: estudiantes formados en técnicas de mediación y solución de conflictos ayudan a otros estudiantes a encontrar una solución satisfactoria para ambos ante diferentes conflictos.

- Escucha activa: estudiantes formados en esta técnica ayudan a otros estudiantes en situaciones de malestar en un contexto formalizado y supervisado.

- Tutorización de iguales: estudiantes más mayores formados para este fin guían y modelan a otros más jóvenes mediante el contacto individual y a través de juegos, ayuda en los deberes y escucha en los problemas y preocupaciones.

Las ventajas de la ayuda entre iguales, de acuerdo con los trabajos al respecto de Cowie y Hutson (2005), son las siguientes:

1. El alumnado detecta la violencia en las fases más tempranas.

2. Es más probable que el alumnado confíe en un igual más que en un adulto.

3. Las victimas tienen a alguien a quien acudir y perciben que en la escuela se actúa en el problema.

4. Supone una ayuda también para el profesorado, a quien a veces falta tiempo y recursos para ocuparse de todos los problemas interpersonales que le llegan.

5. El alumnado formado como ayudante aprende habilidades interpersonales que le serán de mucho valor en su propio ejercicio de la ciudadanía activa.

6. Los padres también visualizan y valoran la preocupación de la escuela por el bienestar de los estudiantes.

7. Los sistemas de ayuda ofrecen relaciones potenciales con otros servicios, por ejemplo, los departamentos de orientación y otros recursos dentro o fuera del centro.

8. Entre los ayudantes, a menudo están quienes fueron víctimas de violencia. Esto les hace tener mayor empatía por la experiencia e integrarse en grupos en los que predominan el apoyo y la ayuda. En la comunidad.

La dimensión social de la educación es un objetivo apenas asumido, apenas esbozado en la institución escolar, que sí puede asumirse desde la educación social. El profesional de la educación social puede cumplir muy bien con ese cometido; eso sí, poniendo en marcha proyectos de intervención socioeducativa no sólo en situaciones de inadaptación, sino también de normalidad y de inclusión. No sólo en programas de tratamiento, sino también y, fundamentalmente, en programas de prevención.

La intervención en el bullying no puede asumirse sólo por los centros educativos. Es necesaria una visión ecológica y un compromiso amplio y unánime de los diversos agentes sociales. Esto puede llevarse a cabo a través de programas pensados para las familias que impliquen al profesorado y a otros agentes sociales de los recursos comunitarios como los servicios sociales, de salud, de ocio y tiempo libre, así como los recursos especializados en menores. Se trata de lograr, mediante distintos medios, que el trabajo que se está llevando a cabo en los centros pueda tener mayor continuidad, apoyo, formación, convergencia de mensajes y contenidos educativos.



Fuente de información:


Carmen Orte SocÍas
Universitat de les Illes Balears
La corresponsabilidad educativa y social en el acoso e intimidación escolar. El rol del educador social

http://www.uned.es/pedagogiasocial.revistainteruniversitaria/pdfs/02%20-%2015/02_orte.pdf

La violencia entre iguales en la adolescencia.




¿Cual es el perfil de los agresores?


En un estudio realizado con adolescentes (Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004) se refleja que los agresores tienen una menor disponibilidad de estrategias no violentas ante la resolución de conflictos, detectando además ciertas carencias en torno a las cuales convendría orientar también la prevención de este problema:

1) Están más de acuerdo con las creencias que llevan a justificar la violencia y la intolerancia en distinto tipo de relaciones, incluidas las relaciones entre iguales. Tienden a identificarse con un modelo social basado en el dominio y la sumisión.

2) Tienen dificultades para ponerse en el lugar de los demás (empatía). Su razonamiento moral es más primitivo que el de sus compañeros, siendo más frecuente entre los agresores la identificación de la justicia con "hacer a los demás lo que te hacen a ti o crees que te hacen". Se identifican con una serie de conceptos estrechamente relacionados con el acoso escolar, como los de chivato y cobarde, que utilizan para justificarlo y mantener la conspiración del silencio que lo perpetúa.

3) Están menos satisfechos que los demás con su aprendizaje escolar y con las relaciones que establecen con los profesores.

4) Son percibidos por sus compañeros como intolerantes y arrogantes y forman grupos con disposición a la violencia, en los que se integrarían individuos que han tenido pocas oportunidades anteriores de protagonismo positivo en el sistema escolar.



¿Cual es la prevención y el tratamiento de la agresión?


Los resultados expuestos en el estudio realizado con adolescentes (Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004) ponen de manifiesto la importancia que tiene erradicar situaciones de exclusión del protagonismo académico desde las primeras etapas educativas, y favorecer la identificación de los adolescentes con los valores de respeto mutuo, empatía y no violencia, para prevenir el acoso. 

Para la erradicación de estas conductas agresivas no basta con enseñar habilidades de resolución de conflictos sino que es preciso insertar la prevención en un enfoque más global, con objetivos como:

1) Enseñar a condenar toda forma de violencia favoreciendo una representación que ayude a combatirla.  Las medidas disciplinarias deben contribuir a este objetivo ayudando a generar cambios cognitivos, emocionales y conductuales, que permitan que el agresor se ponga en el lugar de la víctima, se arrepienta de haber empleado la violencia e intente reparar el daño originado. La eficacia de estos tres componentes mejora cuando se integran en un mismo proceso.

2) Favorecer la identificación con el respeto a los derechos humanos, estimulando el desarrollo de la capacidad para ponerse en el lugar del otro, motor básico de todo el desarrollo socioemocional y que en sus niveles más evolucionados se extiende a todos los seres humanos. Así se favorece su comprensión como un problema que afecta a cualquier individuo, puesto que pone en peligro el nivel de justicia necesario para que se respeten también sus derechos.

3) Desarrollar alternativas a la violencia mediante el estableciendo de contextos y procedimientos alternativos en el sistema escolar, a través de los cuales de forma normalizada (sin que nadie se sienta amenazado en ellos) puedan expresarse las tensiones y las discrepancias y resolverse los conflictos sin recurrir a la violencia (a través de la comunicación, la negociación, la mediación…)

4) Promover habilidades en todos los individuos (alumnado, profesorado…) que permita afrontar la tensión y resolver los conflictos sin recurrir a la violencia.



¿Cómo se previene la victimización?


A partir de los resultados obtenidos en los estudios (Díaz-Aguado, Martínez Arias y Martín Seoane, 2004) sobre la situación de las víctimas se desprende que para prevenir la violencia entre adolescentes es preciso:

1) Ayudar a la cohesión entre compañeros y erradicar las situaciones de exclusión desde actividades en el aula como el aprendizaje cooperativo.

2) Favorecer el desarrollo de las habilidades necesarias para dicha cooperación, tanto con carácter colectivo como individual. Estas condiciones no sólo ayudan a la integración de todos los individuos, sino que permiten una detección precoz de los problemas de interacción, que pueden así ser resueltos desde sus inicios.

2) Incluir actividades específicamente dirigidas a prevenir la victimización dentro de los programas de prevención de la violencia, enseñando a decir "NO" en situaciones que puedan implicar abuso, pedir ayuda cuando se necesita y estar preparado emocionalmente para no sentirse culpable cuando se es víctima.

3) Enseñar a detectar y a superar los distintos tipos de prejuicios existentes en la sociedad sobre determinados colectivos, incluidos en el currículum dentro de programas globales que proporcionen experiencias de igualdad y ayuden a erradicar todo tipo de exclusión.


¿Dónde encontrar programas escolares de prevención de la violencia?


Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia,
publicado por el Instituto de la Juventud en tres libros y un vídeo con el mismo título. Distribuidos gratuitamente por dicho organismo a las instituciones que trabajan en este ámbito y que pueden solicitarlos explicando el objetivo de la solicitud a foroinjuve@mtas.es. 

Tienes el acceso directo, haciendo un click sobre cada título:
  1. Materiales "Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia. Volumen I
  2. Volumen II
  3. Volumen III
Y los tres programas de vídeo en la videoteca virtual de ATEI, a través de la dirección www.atei.es, dentro de los «Programas de atención a la diversidad y educación en valores en la escuela actual». 


Además, adjunto la dirección del Blog de María José Diaz-Aguado http://mariajosediaz-aguado.blogspot.com.es/


Fuente de información: 


María José Díaz-Aguado 
Catedrática de Psicología de la Educación, 
Directora del Master Programas de Intervención Psicológica en Contextos 
Educativos, Universidad Complutense 

DÍAZ-AGUADO, M.J. (2004). Educación en valores y adaptación a la diversidad en la escuela actual.

DÍAZ-AGUADO, M.J. (Dir.)(2004). Prevención de la violencia y lucha contra la exclusión desde la adolescencia. 


María José Díaz-Aguado. Por qué se produce la violencia escolar y cómo prevenirla. La Revista Iberoamericana de Educación, OEI, Nº 37 Abril 2005
http://www.rieoei.org/rie37a01.htm

COMO MEJORAR LA CONVIVENCIA ESCOLAR ANTE LOS 
RETOS DE LA EDUCACIÓN EN EL SIGLO XXI 
http://www.schoolbullying.eu/doc/Convivencia_escolar.pdf


CONVIVENCIA ESCOLAR, DISCIPLINA 
Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA
http://213.0.8.18/portal/Educantabria/RECURSOS/Materiales/Biblestinv/Revistas_Convivencia_disciplina_prevencion_violencia_MJDAguado.pdf

Otros enlaces de interés:

El acoso escolar y la prevención de la violencia desde la familia

http://www.santamariadelpilar.org/attachments/220_PSICOLOGIA_El%20acoso%20escolar%20y%20prevenci%C3%B3n%20de%20la%20violencia%20desde%20la%20familia.pdf


Mirian García Ramos. AGRESIVIDAD Y VIOLENCIA

EN LA ESCUELA
http://www.eduinnova.es/monografias2011/feb2011/agresividad.pdf


MONTAÑES SÁNCHEZ, M., BARTOLOMÉ GUTIÉRREZ, R. y MONTAÑES 
RODRÍGUEZ, J.: “El problema del maltrato y el acoso entre iguales en las aulas”, en ENSAYOS, Revista 
de la Facultad de Educación de Albacete, Nº 24, 2009.
http://observatorioperu.com/Articulos%202012/Alex-Problema%20del%20maltrato.pdf


LA EVALUACIÓN DE LA VIOLENCIA ENTRE IGUALES EN LA ESCUELA  Y EN EL OCIO

http://213.0.8.18/portal/Educantabria/RECURSOS/Recursos/Cuestionarios/MJDAguado_prevencion_violencia-cap-1.pdf



viernes, 4 de diciembre de 2015

Educa tu cerebro hacia el amor digno.

"Valores como solidaridad, reciprocidad y autonomía sólo tienen sentido si existe el respeto a los derechos de la otra persona. Expresiones como “Me perteneces” o “Eres mía o mío” no son otra cosa que la sintomatología de una necesidad imperiosa de posesión que suele traducirse en emociones destructivas, como los celos, el rencor, la ansiedad o la depresión" (Párrafo del libro Los límites del amor: hasta dónde amarte sin renunciar lo que soy  escrito por  Walter Riso).
El último informe del Centro de Investigaciones Sociológicas (CIS) muestra datos preocupantes sobre la percepción de la violencia de género entre los jóvenes ya que un tercio de los entrevistados valoran como "aceptable" o "inevitable" las conductas de control. La herencia cultural sobre el amor sigue trasladando una idea de pertenencia y control entre la pareja. Controlar los horarios de la pareja, decirle qué puede hacer y qué no y restringir las amistades del otro siguen siendo prácticas entre los jóvenes. Estas son conductas abusivas que pueden degenerar en otras formas de violencia.
En las repuestas dadas por 2.500 entrevistados por CIS es llamativo el dato de que cuando la pregunta cuestiona el grado de "tolerancia hacia la violencia de género", los jóvenes de entre 15 y 29 años parecen tener claro que es una conducta "totalmente inaceptable" pero, sin embargo, las respuestas se equiparan cuando se interroga a los jóvenes sobre su tolerancia a otras prácticas que el informe engloba como "violencia de control". Para el 33% de los chicos y chicas, es "aceptable en ocasiones" o "inevitable" que en una pareja tengan lugar prácticas como controlar los horarios del otro –la experiencia más justificada–, impedirle ver a ciertas personas y decirle qué cosas puede (o no) hacer.
Ya es hora que nuestros jóvenes muy conocedores y defensores de valores como solidaridad, reciprocidad y autonomía eduque su cerebro hacia un amor digno (que se corresponda o guarde proporción con las cualidades de la persona merecedora de ese amor) y dejen de lado falsa creencias generadas entorno a la idea literaria de amor romántico. "Esa idea de que por amor hay que estar dispuesto a darlo todo, que los celos forman parte de él y que formar una pareja conlleva anular la individualidad de la persona", detalla María José Díaz-Aguado Jalón, catedrática en Psicología de la Educación de la Universidad Complutense de Madrid.
En la ciencia ha quedado confirmada la plasticidad de nuestro cerebro. Si el cerebro que es el órgano más complejo que poseemos es moldeable ¿por qué la educación y de la cultura no acaba con conductas tan abusivas? 
Fuente consultada: Artículo periodístico: "La idea del amor romántico entre los jóvenes disfraza de cariño la violencia machista". Periódico digital eldiario.es
< http://www.eldiario.es/sociedad/control-pareja-violencia-jovenes-espanoles_0_350665513.html >
Fuente complementaria: Por una sociedad libre de violencia de género Web que contiene información sobre violencia de género (entendida como malos tratos en la pareja, de acuerdo con el artículo 1 de la LO1/2004, de 28 de diciembre de Medidas de Protección Integral contra la Violencia de género) así como sobre otras formas de violencia contra la mujer, como la trata de mujeres y niñas con fines de explotación sexual o la mutilación genital femenina. (Ministerio de Sanidad, Servicios Sociales e Igualdad del Gobierno de España) http://www.violenciagenero.msssi.gob.es/ >

sábado, 10 de enero de 2015

Un decálogo para mejorar la convivencia escolar y prevenir la violencia








1. Adaptar la educación a los actuales cambios sociales, desarrollando la colaboración a múltiples niveles.

En algunos de los casos de violencia protagonizados en los últimos años por niños y adolescentes, ampliamente divulgados por los medios de comunicación, se refleja que reproducen guiones imposibles de inventar en dichas edades, que disponen de una información para ejercer la violencia a la que hasta ahora no tenían acceso. Una de las tareas educativas para este siglo que empieza es inventar nuevas barreras que protejan a los niños y a los adolescentes de este nuevo riesgo de exposición a la violencia o de ser utilizados en ella.

Las crecientes dificultades que el profesorado describe en los últimos años, especialmente en el nivel de Educación Secundaria Obligatoria y en relación a la convivencia, refleja la necesidad de adaptar también este contexto a las exigencias de la sociedad actual.

Para lo cual hay llevar a cabo importantes innovaciones educativas tanto en la familia como en la escuela: redefiniendo los papeles a partir de los cuales se estructura la interacción educativa, dando a los adolescentes un papel más activo en su propia educación, y poniendo en marcha nuevos esquemas de colaboración entre ambas instituciones así como con el resto de la sociedad.


2. Reconocer las múltiples condiciones de riesgo de violencia.

Entre las condiciones de riesgo detectadas en los estudios científicos, y que suelen verse reflejadas en la mayoría de los casos de violencia escolar, cabe destacar: la exclusión social o el sentimiento de exclusión, la ausencia de límites, la exposición a la violencia a través de los medios de comunicación, la integración en bandas identificadas con la violencia, la facilidad para disponer de armas y la justificación de la violencia en la sociedad en la que se producen. Y faltan condiciones que hubieran podido proteger de dichos riesgos; como: modelos sociales positivos y solidarios, colaboración entre la familia y la escuela, contextos de ocio y grupos de pertenencia constructivos, o adultos disponibles y atentos para ayudar. La prevención de la violencia debería situarse en todos estos niveles, reduciendo las condiciones de riesgo e incrementando las condiciones de protección.

3. Mejorar el vínculo educativo, erradicar la exclusión y desarrollar el sentido del propio proyecto.

Para prevenir la violencia desde la escuela es imprescindible que el profesorado desarrolle su poder de referencia así como distribuir el protagonismo académico entre el alumnado. Para incrementar con ello lo que suele denominarse en distintos foros internacionales como empowerment. La escuela debe promoverlo favoreciendo que cada alumno/a defina y desarrolle sus propios proyectos escolares. Los procedimientos educativos participativos como el aprendizaje cooperativo en grupos heterogéneos, son de gran eficacia para conseguirlo.
Los resultados obtenidos al estudiar el acoso entre compañeros reflejan que los que se reconocen como agresores parecen haber vivido falta de protagonismo académico y que el aislamiento de las víctimas incrementa su riesgo. Resultados que apoya una vez más la importancia que la lucha contra la exclusión tiene para prevenir todo tipo de violencia, incluida la que puede producirse en la propia escuela. 

4. Superar el currículum oculto, incrementando la coherencia educativa.

Uno de los principales obstáculos que debe superar la educación hoy es lo que Jackson (1968) denominó currículum oculto. En función del cual se transmiten las expectativas asociadas al papel de alumno (sumisión, obediencia...) que entran en contradicción con los objetivos del currículum explícito (autonomía, capacidad crítica).

Las observaciones realizadas por Jackson sobre La vida en las aulas (1968) le llevaron a destacar tres aspectos básicos del currículum oculto existente en la escuela tradicional que conducen al aprendizaje de la sumisión y la heteronomía: 1)   La monotonía de la vida escolar. Los niños deben aprender a esperar, a tener paciencia, a permanecer inmóviles, durante largos periodos de tiempo, ignorando a sus compañeros. 2) La naturaleza de la evaluación educativa: su carácter no explícito, sus contradicciones y la imposibilidad de que el alumno pueda discutirla. 3) La fuerte jerarquización de la vida escolar y la concentración del control en el profesor. Los alumnos deben acostumbrarse a la diferencia de poder, sustituyendo los propios planes e iniciativas por los que el profesor impone.

El fuerte incremento de los problemas de indisciplina descrito en los últimos años, sobre todo por los profesores de secundaria, pone de manifiesto que el currículum oculto ha perdido eficacia como forma de control.

5. Desarrollar alternativas a la violencia reactiva e instrumental y romper la conspiración del silencio sobre la violencia escolar.

Para prevenir la violencia conviene diferenciar la que se produce de forma reactiva de la que se utiliza como un medio.

  • La violencia reactiva es como una explosión, que surge cuando se experimenta un nivel de tensión o de dificultad que supera la capacidad de la persona (o del grupo) para afrontarlo de otra manera. Origina más violencia al aumentar a medio plazo la crispación que la provocó; y cuando se refuerza por permitir obtener a corto plazo determinados objetivos, pudiéndose convertir así en violencia instrumental, sobre todo si se justifica y si se carece de alternativas para lograrlos de otra forma.

  • Las personas que utilizan la violencia instrumental, para alcanzar sus objetivos, suelen justificarla, dándole apariencia de legitimidad. Este tipo de violencia tiende a perpetuarse al impedir desarrollar otros procedimientos más complejos para conseguir lo que se pretende y al producir un alto nivel de crispación, provocando una serie de reacciones de violencia que contribuyen a legitimarla.
Para romper la conspiración del silencio sobre la violencia escolar hay que situar su tratamiento en contextos normalizados orientados a mejorar la convivencia, en los que las víctimas puedan encontrar la ayuda que necesitan sin ser estigmatizadas por ello y los agresores puedan recibir el tratamiento educativo disciplinario que les ayude a ponerse en el lugar de la víctima, entender lo destructiva que es la violencia, arrepentirse de haberla utilizado e intentar reparar el daño originado.


6. Favorecer una representación de la violencia que ayude a combatirla al reconocerla como la antítesis de la justicia.

El individuo violento suele creer que su violencia está justificada o es inevitable, y se ve a sí mismo cuando la utiliza como un héroe y a la víctima como un ser despreciable e infrahumano, inhibiendo la empatía. Así es más fácil emplear la violencia. La representación de una persona o un colectivo como inferior o como enemigo está estrechamente relacionada con su posible victimación.

Para favorecer desde la educación una representación de la violencia que ayude a combatirla conviene enseñar a rechazarla en todas sus formas y manifestaciones, al comprender la naturaleza destructiva que tiene la violencia no sólo para la víctima hacia la que se dirige sino también para quien la utiliza y para el sistema social en el que se produce.

Para lo cual conviene ayudar a comprender el proceso por el cual la violencia genera violencia, no como algo automático ni inevitable, sino como una consecuencia del deterioro que origina en las personas y grupos que la sufren y aplicar los esquemas de la vida cotidiana en los diversos contextos y relaciones en los que ésta se produce, prestando una especial atención a las formas de violencia más cotidianas y permitidas, como la violencia entre iguales.


7. Educar para la tolerancia y prevenir el racismo y la xenofobia.

Conviene tener en cuenta también la relación que suele observarse entre violencia y la forma tradicional de tratar la diversidad en la escuela tradicional, haciendo como si no existiera. Problema que puede explicar su escasa sensibilidad para combatir el acoso racista (humillaciones, generalmente verbales, asociadas a su identidad), que tienen alto riesgo de sufrir los alumnos de minorías étnicas, especialmente si están en desventaja académica o socioeconómica; problema que suele ser muy difícil de detectar para el profesorado y que, casi siempre, va más allá de las puertas de la escuela. Para prevenirlo, es preciso incluir el tratamiento del racismo en el currículum, dentro de programas globales que proporcionen experiencias de igualdad y ayuden a erradicar la exclusión.

Las investigaciones realizadas sobre el aprendizaje cooperativo en equipos heterogéneos reflejan la eficacia de la cooperación para favorecer la tolerancia y la integración de todos los alumnos: en contextos étnicamente heterogéneos (Díaz-Aguado, 1992), con alumnos de necesidades especiales (Díaz-Aguado, 1994); y con adolescentes que inicialmente tenían problemas de exclusión social (Díaz-Aguado, 1996).

8. Prevenir el sexismo construyendo la igualdad.

Como se analiza en el Manifiesto de la UNESCO contra la Violencia, incluido en nuestros programas como documento de trabajo, para hacer posible la violencia nuestros antepasados tuvieron que inventar otros productos culturales, que se han transmitido de generación en generación, como la intolerancia, creando una imagen del enemigo que inhibe la empatía, y al que habría que añadir el sexismo, que llevó a concentrar el entrenamiento para la violencia en los hombres, a los que adiestraron a inhibir la empatía, a no llorar, a no reconocer su debilidad; y entrenando a las mujeres para las actividades más sacrificadas y rutinarias, necesarias para la supervivencia del propio grupo(que sería imposible llevar a cabo con el entrenamiento de aquellos).

Las investigaciones sobre sexismo y violencia de género (Díaz-Aguado y Martínez Arias, 2001) reflejan que la tendencia a rechazar las creencias que conducen a la violencia en cualquier tipo de relación, incluida la que establecen entre iguales en la escuela, están estrechamente relacionadas con la tendencia a rechazar las creencias sexistas y de justificación de violencia contra la mujeres.

9. La colaboración entre la escuela, la familia y el resto de la sociedad

Para adaptar la escuela a los actuales cambios sociales y prevenir la violencia con eficacia es preciso poner en marcha nuevas y más estrechas formas de colaboración entre la escuela y la familia, incrementando la participación de los padres y las madres en la vida de la escuela. Para lo cual es preciso establecer nuevos esquemas de colaboración basados en el respeto mutuo (respecto al papel que cada agente educativo desempeña), orientando la colaboración hacia la búsqueda conjunta de soluciones para afrontar mejor un problema compartido: adaptar la educación a las exigencias de una sociedad en la que las dos principales instituciones educativas, caracterizadas hasta ahora por su aislamiento, ya no están ni pueden estar aisladas.

Además, es preciso que la escuela coopere de forma mucho más estrecha que hasta ahora con el resto de la sociedad, incluyendo en este sentido no sólo la cooperación ya mencionada con las familias, sino también con otros agentes sociales activos en los objetivos de la democracia (como las organizaciones no gubernamentales, las administraciones locales...) Lo cual equivale a reconocer, una vez más, que la falta de aislamiento de la escuela respecto al resto de la sociedad, no sólo es el origen de muchos de sus problemas actuales sino que puede ser también el origen de sus soluciones. Para hacer que la balanza se incline en esta segunda dirección es preciso incrementar y mejorar la colaboración de la escuela con el resto de esa sociedad de la que ya no puede estar aislada.

10. Poner a disposición del profesorado los medios que permitan adaptar la escuela a una situación nueva.

Conviene tener en cuenta en este sentido la necesidad de apoyar al profesor, facilitando que adquieran las habilidades necesarias para conseguirlo y creando condiciones que posibiliten la cooperación entre profesores; sin caer en la frecuente tendencia a sobrevalorar las posibilidades de los profesores para desarrollar objetivos muy complejos sin los medios necesarios, ni en la tendencia contraria, infravalorando la capacidad de unos profesionales para adquirir las habilidades necesarias que permitan adaptar la educación a las exigencias de la situación actual.


  
Para concluir, 

es preciso mejorar la convivencia
a través del
aprendizaje cooperativo.


Para mejorar la convivencia y prevenir la violencia desde la escuela es imprescindible incorporar innovaciones educativas que, adecuadamente aplicadas sobre cualquier contenido o materia educativa, pueden contribuir por sí mismas a desarrollar dichos objetivos, como son:

a. Discusiones y debates entre compañeros/as en grupos heterogéneos, sobre distinto tipo de conflictos (como los que se producen en el instituto, conflictos históricos o los que se reflejan en la prensa).

b. Experiencias de responsabilidad y solidaridad en equipos heterogéneos de aprendizaje cooperativo, en los que los alumnos y alumnas aprendan a investigar, enseñar y aprender con compañeros y compañeras que son al mismo tiempo iguales pero diferentes.

c. Experiencias sobre procedimientos positivos y eficaces de resolución de conflictos, a través de las cuales los y las jóvenes puedan aprender a utilizar la reflexión, la comunicación, la mediación o la negociación para defender sus intereses o sus derechos.

d. Y experiencias de democracia participativa, basadas en la creación de contextos que permitan conocer y compaginar diversidad de perspectivas y adoptar decisiones de forma democrática.



Fuente de información:



María José Díaz-Aguado
Catedrática de Psicología de la Educación, Universidad Complutense
CONVIVENCIA ESCOLAR, DISCIPLINA Y PREVENCIÓN DE LA VIOLENCIA





Aránzazu Ibáñez


jueves, 5 de septiembre de 2013

Adolescentes del siglo XXI, NO!!!vatadas

  • "Las novatadas están presentes en una gran variedad de contextos e instituciones como colegios, centros de enseñanza media, internados, colegios mayores, universidades, equipos deportivos, instituciones militares o clubes y organizaciones privadas. A pesar de tratarse de una problemática sólidamente arraigada en nuestra sociedad, cuyas consecuencias atentan la dignidad y la salud de las personas, apenas existen investigaciones y publicaciones que analicen este fenómeno de manera que puedan visibilizarse sus raíces, sus efectos, así como sus diferencias con otros tipos de abuso entre iguales. 


    Con este estudio pretendemos aportar claves que permitan comprender lúcidamente este fenómeno con el fin de contribuir a su erradicación." Ana Aizpún Marcitllach y Ana García-Mina Freire
    Universidad Pontificia Comillas 
    Año de publicación: 2013
    Colecciones: Coediciones
    País: España
    Idioma: español
    ISBN: 978-84-8468-483-1

En palabras de las autoras del libro: "Las consecuencias de una broma en un novato/a son impredecibles puesto que no se tiene en cuenta la historia de vida de quien recibe un trato humillante. Toda experiencia de vejación, humillación y maltrato deja una huella en las personas que lo sufren y también en quienes la perpetran. Repercute en la imagen que tienen de sí mismos, en su valoración personal y en su manera de relacionarse con los otros. A menudo quienes viven esta experiencia presentan un cuadro de ansiedad que puede ir acompañado de otros síntomas físicos dependiendo del tipo de novatada y de su estructura de personalidad. Suelen experimentar dificultades para dormir o concentrarse, cefaleas, cansancio, problemas digestivos, alteración del sistema inmunológico y neurohormonal que puede favorecer la aparición de enfermedades autoinmunes, infecciosas, cardiovasculares..., así como el empeoramiento de otras como asma, diabetes, hipertensión... Con frecuencia, suele disminuir su rendimiento en el estudio y tienen alteraciones en el apetito y en el carácter, pudiéndose mostrar más irritables, tristes o huidizos."

La principal teoría psicosocial que explica por qué se valora más un grupo por el que se ha sufrido es la disonancia cognitiva. Esta teoría de Leon Festiger publicada en 1957 viene a decir algo así como que "actuamos distinto de lo que pensamos", una contradicción que produce una verdadera molestia a la persona, y que "debe existir después de que una persona haya tomado una decisión entre dos posibilidades cuando ambas [le] son atractivas". Según este psicólogo se busca que esta disonancia sea reducida mediante un cambio en la acción o en el pensamiento, y a falta del primero se da éste, lo cual es muy común: cambiar la opinión para que concuerde con el actuar, en lo cual se busca la tan ansiada justificación que dé alguna coherencia a sus actos.

Este proceso, la disonancia cognitiva, afecta por igual al agresor y a la víctima, puesto que ambos se enfrentan a un cierto grado de tensión para poder explicarse y comprender su comportamiento. Las víctimas mitigan su incomodidad: minimizando los aspectos negativos ("No fue humillante, fue divertido"), sobrevalorando al grupo ("Pertenecer a este grupo y ser aceptado socialmente por sus miembros, merece cualquier tipo de sufrimiento"), o con ambas reacciones. Existe una alta correlación entre haber sido objeto de novatadas y cometerlas al llegar a veterano/a, lo que convierte estas acciones en una espiral de violencia, por la que quienes fueron víctimas tienen tendencia mayor a convertirse en abusadores.

Los calificativos que dedica el libro a este tipo de prácticas son de ser injustas, vejatorias y potencialmente problemáticas. Esta obra es fruto de la primera investigación académica sobre el fenómeno de las novatadas realizada en España, gracias al impulso y financiación del Consejo Nacional de Colegios Mayores Universitarios de España y la Universidad Pontificia Comillas ICAI-ICADE. Sus autoras son las psicólogas Ana Aizpún Marcitllach, tutora colaboradora del Practicum del grado en Psicología, y Ana García-Mina Freire, Vicerrectora de Servicios a la Comunidad Universitaria y de Estudiantes, de Comillas. Ambas investigadoras definen como novatada “cualquier acción realizada por un individuo recién llegado a un grupo (novato/a) e inducida por los veteranos/as de ese grupo, que no se llevaría a cabo en circunstancias normales, y que el principiante no efectuaría por iniciativa propia. Se trata de un fenómeno de carácter grupal, que cumple la función de un rito de iniciación a una agrupación, y se caracteriza por una dinámica de ‘poder-sumisión’ en la que el consentimiento de las víctimas a participar es irrelevante. Constituyen una forma de violencia interpersonal que puede presen­tarse en forma de violencia física, psicológica o sexual”.

Aunque parecía que estas prácticas se estaban extinguiendo, hemos visto en estos últimos días en los medios de comunicación cómo los veteranos de los colegios mayores daban a los recién llegados una humillante bienvenida. Según mi humilde opinión, no concibo como personas que van a compartir conocimientos universitarios y que serán futuros profesionales, en los distintos campos de la ciencia, puedan cometer tales agravios.


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