PARA PADRES

1. Reflexión sobre la autoestima y, en concreto, de la importancia de la autoestima en la etapa de la adolescencia.

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La autoestima en la etapa de la adolescencia



(Artículo que escribí hace unos meses en un curso de comunicación impartido por Aula 2, Centro especializado en Orientación y Servicios Educativos)





 

2. Educar en ser persona: 8 aprendizajes, los cuatro primeros son aprendizajes básicos; los dos posteriores, instrumentales y el último, fundamental.

  1. Limitación de la condición humana.
  2. Sentido de agradecimiento.
  3. Escucha de la conciencia.
  4. Significado de la dignidad humana.
  5. Diálogo.
  6. Empatía.
  7. Paciencia.
  8. Amor.
Son aprendizajes vivenciales que brotan de la propia experiencia personalizada. Estos 8 aprendizajes reposan en 3 soportes que son: autenticidad, humildad y apertura o espiritualidad.

Fuente: Propuesta Izan, Johan Fernández.



3. Cuadernos FARO¿Cómo educar las emociones?


Nos dirigimos principalmente a madres y padres que tienen interés
en recibir información de calidad respecto la salud y bienestar de sus
hijos. Asimismo, FAROS se dirige también a otros cuidadores y profesionales, especialmente en el campo de la salud y la educación.
Nuestra misión es proporcionar información y ofrecer todo nuestro conocimiento para fomentar valores y hábitos saludables. Contamos
siempre con la colaboración y revisión de los profesionales del hospital y,
por lo tanto, garantizamos la máxima calidad de los contenidos que
publicamos.



4. La comunicación entre padres e hijos

Ofrecer claves para mejorar la comunicación y el compromiso de padres y madres con sus hijos adolescentes. Éste fue el objetivo de la sesión que el catedrático de comportamiento humano de Foro Europeo, José Aguilar, ofreció este viernes en Pamplona.

5. "Hay que educar a los hijos para que sean felices, no para que se diviertan"


Es una de las ideas rescatadas del coloquio que sobre la mirada que  tenemos de la infancia y la juventud actual acogió la UNED de Pamplona el pasado 22 de marzo.Una cita enmarcada en el ciclo de coloquios que sobre protección infantil ha organizado la Asociación Navarra Nuevo Futuro con motivo de su 40 aniversario. 
“A los menores se les ha ido protegiendo de la responsabilidad y se ha confundido protección con inacción” añadió Pachi Sanjuán.  
Por su parte Jesús Puy, director y educador del Centro Puente de Puente La reina, cree que la infancia y la juventud no es ni buena ni mala, sino que se da una falta de equilibrio. “Tenemos una mirada emborrachada de entretenimiento; las cosas sólo valen si entretienen y educativamente esto está causando problemas. Ante la tendencia de educar con el juego ¿Cuándo les decimos a los niños y jóvenes que la vida no es un juego? No todo tiene que entretener”.

“No se trata de ser pesimista –añadió Jesús Puy- es que hay miedo, inseguridad y falta de claridad. Los padres no tienen la culpa, tienen la llave”.
Cuatro ideas se lanzaron como conclusión de lo debatido en esta cita:
  1. que hay que restablecer el vínculo pedagógico en la tarea educadora,
  2. que para poder hablar de chavales hay que creer firmemente en ellos, que tendremos avances cuando tengamos equilibrio.
  3. Del error se pueden sacar muchas cosas, de las dudas no, y
  4.  que si se quiere educar y mirar de otra forma, debemos vivir de otra forma
Fuente de información:
Humanitaria.tv

Coloquio: “Cambios en la forma de mirar a niños y jóvenes”

Asociación Navarra Nuevo Futuro,


6. Adolescentes
Guía para padres y madres

Introducción
Las preocupaciones de los padres y madres de adolescentes suelen ser bastante más serias que habitaciones desordenadas, cambios de tallas en ropa y calzado, o el olor de las zapatillas deportivas.

Las familias que tienen un preadolescente en casa se preocupan por el paso de primaria a Secundaria, los cambios de humor, las influencias de los amigos, el riesgo de fracaso escolar, el posible consumo de drogas, la información sexual, y otras cuestiones de similar importancia.
Los estudios científicos confirman que si bien es cierto que algunos adolescentes encuentran obstáculos, la mayoría lo superan llegando a ser adultos que encuentran su lugar en la vida, se relacionan satisfactoriamente y llegan a ser buenos ciudadanos.

Este artículo pretende responder a preocupaciones habituales en muchos padres y madres cuyos hijos están a punto de iniciado, o han iniciado recientemente, este apasionante periodo de su crecimiento.





7. "El proceso de maduración de cada niño es individual, pero el sistema escolar obliga a adquirir unos conocimientos concretos en un tiempo determinado"

En Mal de escuela, Daniel Pennac aborda la cuestión de la escuela y la educación desde un punto de vista insólito, el de los malos alumnos. Desde su propia experiencia como «zoquete» y como profesor durante los veinticinco años que ejerció en un instituto de París, Pennac reflexiona acerca de la pedagogía y las disfunciones de la institución escolar, sobre la sed de aprendizaje y el dolor de ser un mal estudiante, sobre el sentimiento de exclusión del alumno y el amor a la enseñanza del profesor.





Mal de escuela es un entusiasta regreso a las aulas, lleno de ternura, humor y sentido común. La obra describe con gran agudeza y ternura el dolor de ser un mal alumno, el sentimiento de exclusión del mal estudiante, que se convierte en odio a los profesores y desprecio por el aprendizaje y la escuela. 

El proceso de maduración de cada niño es individual, pero el sistema escolar obliga a adquirir unos conocimientos concretos en un tiempo determinado: aquel que para la mayoría de los alumnos es el adecuado, a pesar de que haya estudiantes que necesitan más tiempo para comprender o para memorizar.

Cuando el aprendizaje comienza a ser difícil, cuando no se entiende, es fácil para muchos chicos creer que nunca lo conseguirán, que el fracaso no es sólo escolar sino personal; ellos son así, «y si no encuentran a nadie que los desengañe, como no pueden vivir sin pasión, desarrollan, a falta de algo mejor, pasión por el fracaso».


Párrafos del libro para reflexionar:


“De modo que yo era un mal alumno. Cada anochecer de mi infancia, regresaba a casa perseguido por la escuela. Mis boletines hablaban de la reprobación de mis maestros. Cuando no era el último de la clase, era el penúltimo. (¡Hurra!) Negado para la aritmética primero, para las matemáticas luego, profundamente disortográfico, reticente a la memorización de las fechas y a la localización de los puntos geográficos, incapaz de aprender lenguas extranjeras, con fama de perezoso (lecciones no sabidas, deberes no hechos), llevaba a casa unos resultados tan lamentables que no eran compensados por la música, ni por el deporte, ni, en definitiva, por actividad extraescolar alguna.
—¿Comprendes? ¿Comprendes al menos lo que te estoy explicando?
Y yo no comprendía. Aquella incapacidad para comprender se remontaba tan lejos en mi infancia que la familia había imaginado una leyenda para poner fecha a sus orígenes: mi aprendizaje del alfabeto. Siempre he oído decir que yo había necesitado todo un año para aprender la letra a. La letra a, en un año. El desierto de mi ignorancia comenzaba a partir de la infranqueable b…”

…………………………………..

“Tuve un sueño. No un sueño de niño, un sueño de hoy, mientras escribo este libro. A decir verdad, justo después del anterior capítulo. Estoy sentado, en pijama, al borde de mi cama. Grandes cifras de plástico, como esas con las que juegan los niños pequeños, están diseminadas por la alfombra, delante de mí. Debo «poner en orden esas cifras». Es el enunciado. La operación me parece fácil, estoy contento. Me inclino y alargo los brazos hacia las cifras. Y advierto que mis manos han desaparecido. No hay ya manos al extremo de mi pijama. Las mangas están vacías. No es la desaparición de mis manos lo que me aterroriza, es no poder alcanzar esas cifras para ponerlas en orden, algo que habría sabido hacer.”

……………………............

“El juego me salvaba de los pesares que me invadían en cuanto volvía a caer en mi vergüenza solitaria. Dios mío, la soledad del zoquete en su vergüenza por no hacer nunca lo debido. Y aquellas ganas de huir... Sentí muy pronto las ganas de huir. Pero ¿hacia dónde? Confusión. Huir de mí mismo, digamos, y sin embargo seguir siendo yo mismo. Pero en un yo que hubiera sido aceptable para los demás. Sin duda les debo a esas ganas de huir la extraña escritura que precedió a mi escritura. En vez de formar las letras del alfabeto, dibujaba pequeños monigotes que huían por el margen para constituir allí una pandilla. Sin embargo, al principio me aplicaba, trazaba las letras a trancas y barrancas, pero poco a poco las letras se metamorfoseaban por sí solas en aquellos pequeños seres saltarines que iban retozando ahí, ideogramas de mi necesidad de vivir:
Todavía hoy utilizo estos monigotes en mis dedicatorias. Me resultan muy valiosos para abandonar la búsqueda de la distinguida sosería que uno debe escribir en la página de guarda de los ejemplares para la prensa. Permanezco fiel a la pandilla de mi infancia.”

…………………………………..

“De adolescente, soñé con una pandilla más real. No era la época, no era mi medio, mi entorno no me daba la posibilidad de hacerlo, pero todavía hoy, lo digo resueltamente, si hubiera tenido la oportunidad de formar una pandilla, lo habría hecho. ¡Y con qué alegría! Mis compañeros de juego no me bastaban. Para ellos yo solo existía en el recreo; en clase me sentía comprometedor. ¡Ah!, fundirme en una pandilla donde la escolaridad no hubiera contado para nada, ¡qué sueño! ¿A qué se debe el atractivo de la pandilla? A poder disolverse en ella con la sensación de afirmarse. ¡La hermosa ilusión de la identidad! Todo para olvidar esa sensación de ser absolutamente ajeno al universo escolar, y huir de aquellas miradas de adulto desdén. ¡Son tan convergentes, esas miradas! Oponer un sentimiento de comunidad a esa perpetua soledad, un allá a este aquí, un territorio a esta prisión. Abandonar a toda costa la isla del zoquete, aunque fuera en un barco de piratas donde solo reinara la ley de los puños y que, en el mejor de los casos, llevara a la cárcel. Sentía a los demás, a los profesores, a los adultos, mucho más fuertes que yo, y de una fuerza mucho más aplastante que la de los puños, tan admitida, tan legal que a veces sentía una necesidad de venganza cercana a la obsesión. (Cuatro decenios más tarde, no me sorprendió escuchar la expresión «sentir odio» en boca de algunos adolescentes”


8. EL APRENDIZAJE EN LA INFANCIA Y LA ADOLESCENCIA: CLAVES PARA EVITAR EL FRACASO ESCOLAR.
Cuadernos FAROS




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9. La adolescencia como oportunidad
Desde hace un par de meses colaboro en el boletín de 
Proyecto Hombre de León escribiendo artículos educativos... 
(sigue el artículo, haz click)

















Por:

Óscar González

Es profesor de Educación Primaria en el CEIP Lluís Vives de Bocairent y fundador del proyecto Alianza Educativa que tiene por objetivo mejorar las relaciones entre las familias y la escuela.


Director fundador de la primera Universidad de Padres presencial en España.

Fundador de la Escuela de Padres con talento, un nuevo modelo de escuela de padres y madres.

Director de la Escuela de Padres y Madres del British School de Alzira y Xàtiva...





10. CÓMO COMUNICARME CON MI HIJO ADOLESCENTE



INTRODUCCIÓN

"El tema de la adolescencia nos interesa a todos porque o lo hemos pasado o lo estamos sufriendo o tenemos recuerdos afortunadamente lejanos, pero lo que está claro es que, como padres, o nos ha tocado o nos tocará alguna crisis adolescente. Nosotros como adultos la hemos ya pasado, algunos hace mucho, pero ¿la recordamos todavía? ¿O se nos ha olvidado totalmente, hasta el punto de no comprender qué pasa con nuestros hijos adolescentes? ¿Creemos realmente que son totalmente diferentes a los adolescentes que fuimos nosotros, no nos damos cuenta de que pueden sentir igual, y que sólo han cambiado las circunstancias?
Empezaré leyendo una carta de una madre que creo es muy significativa, estoy segura de que muchos de ustedes se van a sentir muy identificados...." (artículo publicado en el blog Dpto. de Orientación San Vicente de Paúl Gijón 
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