miércoles, 30 de mayo de 2012

Fobia escolar y ansiedad en los exámenes.

La fobia escolar consiste en la incapacidad total o parcial del adolescente de acudir al colegio como consecuencia de un miedo irracional a algún aspecto de la situación escolar.

1. Miedo persistente, desproporcionado e irracional a acudir al colegio que el niño no puede evitar.
2. La posibilidad de ir al colegio provoca una respuesta inmediata de ansiedad.
3. Síntomas neurovegetativos: cefaleas, gastralgias, palidez, náuseas, vómitos, mareos, malestar, que desaparecen los días de vacaciones.
4. La falta de asistencia al colegio tiene un carácter habitual y no se acompaña de comportamientos antisociales.
5. Los padres saben que el niño permanece en casa sin ir al colegio.


El grito, Munch 
1896

El temor irracional e insuperable a ir al colegio se relaciona a veces con alguna circunstancia concreta de la vida escolar, como temor a un profesor, a un compañero o a una asignatura. Otras veces es un miedo inespecífico, de carácter general, que se manifiesta en miedo a hacer el ridículo o a ser criticado. También, puede darse la circunstancia de que el adolescente no exprese de forma abierta el miedo a la escuela, pero la negativa a ir y el cortejo de síntomas que lo acompaña hace sospechar el diagnóstico (Mardomingo, 2004a; King y Bernstein, 2001).

La fobia escolar se da a cualquier edad, una vez que comienza el período de escolarización; no obstante, es más frecuente en los niños que en los adolescentes,   afectando por igual a ambos sexos y a todas las clases sociales. Es evidente que el concepto de fobia escolar va estrechamente unido a la implantación de la escolarización obligatoria y, por tanto, al concepto que la sociedad tiene de los niños y de su educación. Difícilmente puede darse este trastorno psiquiátrico en aquellos países donde el derecho de los niños a aprender y a educarse no existe, no digamos en aquellos en que el niño se incorpora desde los primeros años al trabajo y lleva una vida próxima a la esclavitud.

Tener que asistir al colegio produce en el adolescente una angustia intensa de carácter anticipatorio, por lo que tiende a evitarlo como sea. La crisis de angustia se presenta por las mañanas, justo antes de tener que salir de casa, o la noche anterior, o a lo largo de la tarde de la víspera, incrementándose a partir del anochecer. La angustia puede acompañarse de un amplio cortejo neurovegetativo con: vómitos, náuseas, diarrea, anorexia, dolores abdominales y cefaleas, que hace pensar a los padres que se trata de una enfermedad pediátrica. El niño permanece en casa con conocimiento de los padres que no logran llevarlo a pesar de hacer intensos esfuerzos.

Las dificultades para ir al colegio, suelen comenzar de forma gradual, con protestas poco intensas y búsqueda de pretextos para no ir, que se siguen de faltas esporádicas a clase que terminan en la más rotunda negativa a entrar incluso en el recinto escolar. Otras veces el comienzo es repentino, y los padres refieren alguna circunstancia que ha actuado como factor precipitante, por ejemplo, un pequeño traumatismo, una enfermedad pasajera, la hospitalización de un miembro de la familia, un cambio de colegio o de domicilio o la vuelta de unas vacaciones.

En los adolescentes suele darse un cambio lento pero progresivo del comportamiento, que se traduce además en dificultades para las relaciones sociales, tendencia al aislamiento y negativa a salir con los amigos, actitud hipercrítica hacia el mundo exterior, irritabilidad y discusiones con los padres que contrastan con actitudes previas de docilidad y sumisión.

Es muy frecuente en esta edad la sintomatología depresiva. La angustia intensísima de los días de clase contrasta con la desaparición radical de los síntomas los días de vacaciones en los que el alivio y bienestar del niño es evidente y se muestra contento y tranquilo. 

Ansiedad ante los exámenes

Es normal el estar un poco nervioso y estresado antes de un examen. Le ocurre a todo el mundo. Cierta dosis de ansiedad anticipatoria, de hecho, puede ayudar a ponerse manos a la obra y a mantener un rendimiento alto mientras se hace el examen. Pero en algunos estudiantes, esa ansiedad es sumamente intensa.

En los jóvenes estudiantes, la ansiedad puede producir síntomas: nerviosismo intenso, sentir un nudo en la garganta, molestias gastrointestinales, dolor de cabeza tensional, sudor o temblor de manos e incluso taquicardia. Un estudiante con ansiedad muy intensa ante los exámenes, puede hasta tener diarrea o ganas de vomitar.

Todo tipo de ansiedad es una reacción ante la anticipación de algo estresante. Al igual que cualquier otra reacción de ansiedad, la ansiedad ante los exámenes afecta al cuerpo y a la mente. Cuando una persona está bajo estrés, su cuerpo libera una hormona denominada adrenalina, que la prepara para reaccionar ante el peligro (lo que a veces se denomina reacción de "lucha o huída "). Esto es lo que provoca los síntomas corporales, como el sudor y la aceleración del ritmo cardíaco y de la respiración. Estas sensaciones son de intensidad variable.

Tener un enfoque pesimista sobre lo que podría ocurrir, también alimenta la ansiedad de ejecución. Pensamientos como: "¿Y si me quedo en blanco?" o "¿Y si el examen es demasiado difícil?" ocuparán nuestra mente y pueden impedir que nos concentremos en lo que nos están preguntando. Las personas con ansiedad ante los exámenes también se pueden sentir estresadas por sus reacciones corporales y pensar cosas como "¿Y si vomito?" o bien "¡Oh no, me están temblando las manos!"

Como ocurre con cualquier otro tipo de ansiedad, esta ansiedad de ejecución crea un círculo vicioso: cuanto más se centra una persona en las cosas negativas, más se intensifica la ansiedad. Esto hace que nos encontremos peor y, al tener la mente llena de pensamientos negativos y miedos, más aumentan las probabilidades de fallar en el examen.


La ansiedad se puede convertir en un verdadero problema cuando un alumno se estresa tanto al hacer un examen que no puede controlar los nervios a fin de concentrarse en las preguntas del examen y dar lo máximo de sí mismo. De todas formas, el sentirse preparado para afrontar el reto puede ayudar a controlarla.

Aprovechar y utilizar el estrés a nuestro favor

El estrés es un mecanismo de aviso, una señal que nos alerta ante algo importante que va a ocurrir. Podemos utilizarlo en el propio beneficio: en vez de reaccionar ante el estrés amedrentándonos, lamentándonos o quejándonos por culpa del examen, podemos adoptar un enfoque activo y mucho más positivo. El estrés puede servirnos para recordar que debemos preparar bien el examen con antelación. De esta forma, evitaremos que el estrés nos domine. Después de todo, a nadie le estresa pensar sobre lo bien que le puede ir en un examen.
Los profesores, tutores o el psicólogo escolar pueden ser importantes fuentes de información, a quienes podemos acudir.

Preparar bien el examen

Algunos alumnos creen que lo único que necesitan para aprender la materia y hacer bien los exámenes es asistir a clase. Pero hace falta mucho más que eso. Son muy importantes los buenos hábitos y técnicas de estudio ya que, la "empollada" la noche antes del examen nunca permite obtener el nivel de comprensión profundo que se consigue estudiando regularmente, repasando en casa lo aprendido en clase. Es fácil comprobar que la ansiedad disminuye cuando existe un hábito de estudio regular en casa. Tiene sentido: cuanto mejor se domine la materia, obtendremos mayor sensación de seguridad en nosotros mismos y confiaremos en hacerlo mejor.

Si esperamos hacerlo bien, aumentará nuestra tranquilidad mientras realizamos el examen, tras los momentos iniciales de nerviosismo.

Controlar los pensamientos

La confianza en aprobar el examen, nos ayudar a relajarnos. ¿Qué ocurrirá cuando falle la confianza en un buen resultado? Hay que descartar los mensajes negativos que nos enviamos a nosotros mismos, ya que contribuyen a aumentar la propia ansiedad.

Aceptar los propios errores

También podemos hacer otra cosa: intentar relativizar los errores cometidos - sobre todo si somos muy perfeccionistas y tendemos a ser muy críticos con nosotros mismos. Todo el mundo comete errores, y los errores son "oportunidades de aprendizaje, formas de aprender".

Aprender a tolerar los propios errores - como el problema que no supimos resolver en el examen sorpresa de matemáticas - es una facultad muy valiosa.

Debemos cuidarnos

Hay métodos y formas para aprender a tranquilizarnos y a centrarnos frente a una situación que nos provoca nerviosismo y ansiedad. Un método efectivo y sencillo son las técnicas de respiración. Si practicamos con regularidad ejercicios de respiración, conseguiremos que nuestro cerebro capte esa práctica como una señal para aprender a relajarse.

Y, por supuesto, el cuidando de la saluddormir como mínimo 8 horas, practicar ejercicio físico y comer de forma saludable - ayudará a nuestra mente a rendir al máximo.

Todo aprendizaje requiere tiempo y práctica, y aprender a superar la ansiedad ante los exámenes no es diferente. Aunque no es algo que vaya a desparecer de la noche a la mañana, el hecho de afrontar y aprender a controlar la ansiedad ante los exámenes, ayudará a controlar el estrés, lo que puede ser de gran ayuda en muchas otras situaciones a lo largo de nuestra vida.

Por: Aránzazu Ibáñez


Fuentes de información

M.J. Mardomingo Sanz
Trastornos de ansiedad en el adolescente
Jefe de Psiquiatría y Psicología Infantil del Hospital G.U. Gregorio Marañón de Madrid.
Presidenta de la Asociación Española de Psiquiatría Infanto-Juvenil

Educaydisfruta.com
Ansiedad ante los exámenes

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